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Opinión


7 Enero, 2018.

¡Ya es muy tarde, señor presidente!

Algunas reflexiones sobre las oportunidades perdidas en estos últimos meses

Uno: Nunca debió designar como ministra de Justicia a Marisol Pérez Tello, quien tercamente y con mucha falta de visión se opuso al indulto. En los primeros cien días —esos de la luna de miel con 67%  de aprobación— tenía el “momentum”, la fuerza para hacerlo y asegurarse una mayor gobernabilidad. Otro hubiera sido el escenario político nacional!

Pero, finalmente, a Pérez Tello qué le importaba. Lo único que deseaba era una tribuna política; brillar sola en función de su propia agenda. Se aferró a la cartera hasta cuando pudo y hoy ocupa la Secretaría del PPC, un partido que languidece bajo la presidencia de Alberto Beingolea. Mientras tanto, le dejó un problema incandescente a nuestro diletante PPK con este indulto que siempre fue una bomba de tiempo. ¡Debió desactivarla tempranamente!

Dos: Qué mal se legisló la repatriación y declaración de capitales en el exterior. No sabemos si el producto final (Decreto Legislativo 1264) fue culpa del MEF o de la Sunat, pero es seguro que en el Congreso no sufrió mayores modificaciones: es que, desafortunadamente, carecen de la capacitación necesaria para enmendar la plana de regulaciones tan especializadas.

Se trata de una ley poco clara, con demasiadas excepciones. Es inexplicable que los funcionarios públicos y sus familias no pudieran ser beneficiarios, que no se incluyera el  ejercicio 2016, que tenga que declararse ahora mismo, en enero, con una tasa del 30%, más intereses y multas. Un desangre innecesario y disuasivo. ¿En qué estarían pensando?

Se desaprovechó una oportunidad de oro no solo para recaudar sino para ampliar la base tributaria. Inicialmente, con aires triunfalistas, la Sunat mencionaba ingresos cercanos a los 5000 millones de dólares. A inicios de diciembre ya estaban aterrizando en nuestra complicada realidad y esperaban 1000 millones de dólares. Bueno: la triste cifra fue de… 1,136 millones de SOLES.

Fue una norma mal concebida, absolutamente roñosa y centavera. Su fracaso no solo refleja la inoperancia de algunos funcionarios públicos sino la poca o ninguna confianza en el país. Los peruanos siguen creyendo en los “escondites fiscales”, confían en que la Sunat jamás estará a la altura del una IRS estadounidense, en que el Perú es un país experimental para la OCDE y en que nunca se le exigirán los estándares de intercambio de información.

Qué les costaba hacer una ley amplia y generosa como en Argentina, que permitió formalizar 110 mil millones de dólares. A Mauricio Macri le centraron la pelota delante del arco y metió gol. ¡Y ya es muy tarde, señor presidente! Otros vecinos, como Colombia y Chile, también nos ganaron por varios cuerpos.

¿Qué costaba copiar una buena ley al pie de la letra? ¿Por qué tanto afán de protagonismo? Otra oportunidad perdida y, esta vez, no es culpa del Niño Costero ni de Odebrecht.

Tres: El cobre ha subido 30% en el 2017; el precio de los metales anda volando y parece que la tendencia que se mantendrá hasta el 2020. China consume el 50% del cobre refinado del mundo, y el Perú es uno de sus principales exportadores. Con suerte, Michiquillay finalmente se adjudicará el 20 de febrero próximo. ¿Y qué hay de Tía María, Minas Justa, Quellaveco, Toromocho, Galeno y tantos otros proyectos que ya deberían estar operando y generando ingresos para el país?

¡Resignación! Parece que se trata de una nueva oportunidad perdida: no aprovecharemos este espectacular ciclo de alza de los metales a pesar de las predicciones de los mejores gurús. ¡Nos falta liderazgo! ¿Qué confianza puede generar un presidente que no puede recomponer su gabinete en 24 horas? ¿Qué oportunidades puede aprovechar? Saque sus propias conclusiones, señor lector.


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