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Opinión


14 Enero, 2018.

¿Y para cuándo el diálogo prometido?

Gabinete: parece reflejar la conciliación al interior de un grupo y no una reconciliación propiamente dicha. Y el tema tiene que ver una vez más con falta de asertividad social, capacidad de escucha y comunicación.

Un gabinete deber tener objetivos claros que produzcan políticas y resultados concretos. Por lo mismo, debe ser una institución conectada con la población. Si eso no se logra estamos ante una gran Comisión de Gobierno, un colectivo ideal de políticas públicas, pero no ante un Gabinete Ejecutivo. Para que un gabinete funcione, además, debe tener un norte claro hacia el cual se debe avanzar con mucho sentido común, capacidad de escucha, desarrollo ejecutivo y sentido social. La comunicación asertiva resultará fundamental para estos objetivos: se gobierna para los demás, no para uno mismo.

Por eso llama la atención que el nuevo gabinete se ponga la etiqueta de “gabinete de la reconciliación” cuando en la realidad se le apaga la luz a la población en una marcha pacífica, cuando no se cuenta con el respaldo político de los demás partidos, cuando se siente que hay más de lo mismo. Cómo será la dificultad que en solo dieciocho meses el gobierno ha nombrado a una misma ministra en tres carteras distintas. ¿No hay ahí una contradicción intrínseca con los postulados de reconciliación? Da la impresión de que lo que hay es una conciliación al interior de un grupo y no una reconciliación propiamente dicha. Y el tema tiene que ver una vez más con falta de asertividad social, capacidad de escucha y comunicación.

Si el gobierno (como lo ha expresado PPK) quiere dialogar con el país, debería comenzar explicando cuál ha sido la lógica de sus cambios en los recientes nombramientos. No se entiende, por ejemplo, por qué salió el ministro de Trabajo, uno de los funcionarios más ecuánimes del gobierno y responsable de la visita del Papa, por qué la actual ministra de Relaciones Exteriores pasó de Inclusión Social a Energía y Minas, y luego de Energía y Minas a Cancillería. Tampoco cuáles fueron las razones por las que PPK mantuvo a la primera ministra, cuando quizás lo indicado era nombrar a un independiente con capacidad de diálogo con la oposición. La segunda vicepresidenta continúa en un puesto de mucha exposición y desgaste mientras sigue en duda la terminación del mandato de PPK.

Apena decirlo, pero existe la sensación de que el presidente ya no gobierna, de que esta vez no ha podido escoger a sus ministros con la libertad de otra época. Puede ayudar un poco lo que venga  la visita de su Santidad, los partidos de la selección de fútbol, y el Mundial, también la subida de los precios en los minerales y una sutil reactivación económica— pero también juegan en contra los proyectos inconclusos, una reconstrucción sin cambios evidentes, la imagen de amiguismo en el gabinete. Y ahondan ello la fragilidad del gobierno, su tendencia a la baja en las encuestas.

Pareciera que PPK está en un automóvil que ya no maneja, entregado a la conducción de un pequeño entorno que gobierna por él. Veremos qué pasa después del verano.


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