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Y lo hicieron caer

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Tal fue la desesperación de Vizcarra por liquidar la carrera de Chávarry que desaprovechó la oportunidad de reunirse con el mandatario de la economía más importante de la región y regresó corriendo de Brasil para intentar intervenir la Fiscalía.



Finalmente Pedro Chávarry tuvo que renunciar a su cargo como fiscal de la Nación. Retroceder en la remoción –haciendo uso de sus facultades como titular del Ministerio Público– de Vela Barba y Domingo Pérez le quitó todo tipo de liderazgo. Esa fue la estocada mortal.

Sin embargo, a decir verdad, era inminente este desenlace ante el inusitado apanado mediático que vino recibiendo desde que sucedió –para disgusto de los cierto sector interesado en blindar a ciertos presuntos delincuentes con los que sí mantiene amistad– a Pablo Sánchez Velarde (a quien nadie critica pese a que, por citar un ejemplo, colocó con desparpajo a su hijo en el JNE).

Para la mayoría de peruanos, azuzados por la gran prensa vizcarrista, Chávarry representó a la “corrupción” por su supuesto rol de “aliado del fujiaprismo”. No importa, pues, que Keiko Fujimori permanezca injustamente en prisión preventiva ni que Alan García esté a punto de seguirle los pasos. ¿Qué tipo de socio es este que permite que sus cómplices padezcan, a diferencia de PPK, Villarán, Toledo y los Humala-Heredia que andan bien gracias con la complacencia de los indignados de siempre?

A Pedro Chávarry se le acusa también de ser integrante de ‘Los Cuellos Blancos del Puerto’ porque supuestamente pidió ayuda a esta banda criminal para erigirse como jefe máximo del MP. No obstante, lo que no se quiere contar es que cuando asumió el puesto Sánchez Velarde se acordó en que Chávarry lo reemplazaría después por ser el fiscal supremo con más antigüedad. ¿Por qué, entonces, Chávarry necesitaría el apoyo de este grupete de “amiguitos” si ya sabía que sería el próximo FN?

Ahora bien, si algo podemos imputarle al ahora exfiscal de la Nación es haber mentido acerca de una reunión que sostuvo con un grupo de periodistas por intermedio de Antonio Camayo y el prófugo exjuez César Hinostroza. Sin embargo, Chávarry felizmente se rectificó y, en todo caso, esto representaría una falta mas no un delito. ¿Acaso Pablo Sánchez no pagó 17 mil soles a la consultora CHISAC para que le organice un encuentro parecido con coleguitas?

Todo los presuntos pecados antes descritos pretenden ser usados ahora para, no conformes con su renuncia, inhabilitar y suspender a Chávarry a través de denuncias constitucionales que no tendrían ningún sustento, según el abogado Domingo García Belaunde y demás reconocidos juristas que el cartel mediático relega (como ya hicieron vilmente unos meses atrás con el fallecido Enrique Bernales, al que luego –hipócritamente–le rindieron “homenaje” por su fallecimiento).

Ya el “monarca” Martín Vizcarra viene exigiendo que estas acusaciones sean vistas con premura en el Parlamento, a pesar de que el Pleno rechazó meses atrás una denuncia en base a los mismos argumentos. Y es tal la desesperación de Vizcarra de liquidar la carrera del “corrupto” Chávarry (porque, evidentemente, eso le seguirá generando rédito en las encuestas) que desaprovechó la oportunidad de reunirse con el mandatario de la economía más importante de la región, Jair Bolsonaro, y regresó corriendo de Brasil para intentar intervenir el MP.

Tras la caída de Chávarry –es decir, tras el fin de la “corrupción”–, ¿qué inventará ahora el mandatario para justificar su desgobierno?

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