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Opinión


13 Marzo, 2018.

Vizcarra y la sucesión presidencial

No hay renuncia ministerial posible porque si el presidente se va lo hace con todos los miembros de su Gabinete. Otra cosa es que se esté declarando eso para presionar a Vizcarra a renunciar a sus obligaciones constitucionales.

¿Por qué Martín Vizcarra tendría que renunciar si PPK es finalmente vacado? ¿Por qué tendría que obviar un encargo constitucional otorgado por la voluntad popular reafirmada en dos vueltas electorales? ¿Por qué habría que acusarlo de traidor si no renuncia a su mandato constitucional? ¿Acaso un traidor quien asume sus responsabilidades políticas pactadas democráticamente?

¿Qué es más importante: la transmisión ordenada de poderes, la continuidad democrática o el despecho y/o resentimiento de quienes al irse preferirían cerrar el telón, no dejar nada, dar fin a la historia si no están ellos?

La posición de que si PPK sale del gobierno debe renunciar toda la plancha no solo es contraria al mandato constitucional sino que resulta hasta arrogante, al punto que de concretarse habría que preguntarnos si vale la pena mantener a futuro el sistema vicepresidencial actualmente vigente. Se elige no solo a un presidente, sino a un presidente en el marco de una plancha. ¿Para qué tener esa posibilidad constitucional si no se aplica cuando es necesario? La propuesta es, además, desestabilizadora, controladora, egoísta y sesgada.

Hay que recordar que cuando Fernando Zavala se fue no lo hizo presentando una renuncia como correspondía sino que escogió el camino de la victimización pechando al Parlamento a través de una solicitud de confianza, a sabiendas de que con eso exponía a todos sus ministros y también al país con una crisis de gobernabilidad. Prefirió generar zozobra y escándalo en vez de una salida ordenada: el pecheo a una actitud serena, resignada y autocritica. No le importó cómo quedaban sus ministros, a sabiendas de que existía la posibilidad de que nunca más pudieran ser ministros en este gobierno con la no ratificación de la confianza, pues ese punto estaba todavía en discusión.

Y eso es exactamente lo que está pasando ahora, pero en otro contexto. Mercedes Aráoz ha llegado a declarar que ella renunciará al cargo de vicepresidenta si PPK es vacado. ¿Dónde queda entonces su compromiso con la voluntad popular y con los principios constitucionales? Ella está obligada a darle tranquilidad al país y no debería generar zozobra al país con declaraciones de esa naturaleza ni hacerse la víctima.

Ambos (Zavala y Aráoz) se enmarcan hoy en la mitología de Sansón, individuo que antes de ser derrotado destruyó sus propias columnas para que todos murieran con él. Si perdía, todos perdían con él. No iba soportar sobrevivientes. No soportan no haber sabido gobernar, no haber podido con un Congreso belicoso y adverso. Y eso no es correcto, eso es una forma de incapacidad, de capricho; una falta de respeto a la institucionalidad de país.

La democracia no solo es un sistema; es un valor y una institucionalidad. Y esa institucionalidad tiene formas y fondos. La sucesión presidencial es un asunto de fondo, no solamente de forma. Y en momentos de crisis y de carencia lo que debe marcar el rumbo es precisamente esa institucionalidad, por precaria que sea.

Además, no se sabe a ciencia cierta qué pasará con la moción de vacancia. Si los que la promueven ya tuvieran los votos hace rato que lo habrían hecho público con nombres y apellidos, y eso no ha ocurrido. No es improbable que PPK se quede. Y será paradójico ver en el Congreso cómo votarán a favor de la vacancia congresistas que directa o indirectamente han sido financiados por Odebrecht en sus campañas para ser elegidos.

El espectáculo es, pues, penoso. Tenemos en la actualidad un Congreso que hace casi cualquier cosa bajo la mesa para vacar a PPK, y un gobierno que quiere presionar al vicepresidente para que no haga lo que tendría que hacer. En el actual contexto, tal vez lo único pueda contener la angustia y la desesperanza de la gente es justamente respetar las reglas de la democracia, su institucionalidad y el estricto cumplimiento del mandato constitucional. ¿No pasó eso en Estados Unidos, Brasil y muchos otros países, en contextos parecidos? Basta acordarse de los reemplazos presidenciales en el país norteamericano. Y todo siguió fluyendo.

Si PPK es vacado, corresponde al primer vicepresidente asumir el gobierno. Pero defender la institucionalidad también implica darse cuenta de la actitud desestabilizadora del actual Congreso. El país está harto de ver a congresistas empoderados boicoteando la gobernabilidad y la voluntad popular, más allá de los errores de PPK. Llama la atención ese pacto entre la izquierda antifujimorista y el fujimorismo antiizquierdista para intentar vacar al presidente. Pero también las declaraciones y presiones de algunos gobernantes para que el primer vicepresidente no asuma su compromiso con el país, si finalmente lo tiene que hacer.

Veremos qué pasa en los próximos días. La vacancia al día de hoy es de pronóstico reservado.

P.S.: Tras escribir estas líneas llega la noticia de que varios ministros anuncian que renunciarían a sus cargos si el presidente es vacado. Nada más alejado de la realidad. Si PPK es vacado se disuelve todo el gabinete para que el nuevo presidente conforme un nuevo Ejecutivo. Eso resulta obvio, y por eso sorprenden esas declaraciones. No habría renuncia ministerial posible porque con el presidente se irían todos los miembros de su Gabinete. Otra cosa es que se esté declarando eso para presionar al vicepresidente a renunciar a sus obligaciones constitucionales, en caso de que fuera necesario reemplazar al presidente.

 


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