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Opinión


13 Enero, 2018.

¡Viva la Ley Anti Mermelada!

La verdad de la milanesa es que en el Perú la mayoría de medios de comunicación privados VIVE casi exclusivamente del subsidio estatal de la publicidad. Eso es una injusticia para los demás negocios privados a los que el Estado NO subsidia.

“El proyecto de Mauricio Mulder para prohibir la publicidad estatal en medios privados recorta el derecho a la información del ciudadano y amenaza a la libertad de expresión”. Lo dice uno de los capitostes de Ipys, el mismo club-argolla de periodistas que recibió un cuarto de millón de dólares de Odebrecht para financiar sus “premios de periodismo”.

Lo cierto es que la Ley Anti Mermelada ni recorta ningún derecho a la información ni amenaza ninguna libertad de expresión. Todo eso son pamplinas. Lo que corta de tajo, sí, es que el Estado, a través de los impuestos que pagan todos los peruanos, SUBSIDIA —en una economía de mercado— sendos negocios privados bajo el pretexto de que son los “pilares de la democracia”: una nueva versión de las absurdas “empresas estratégicas” del Estado pero esta vez con el agravante de que están en manos de particulares.

La verdad de la milanesa es que en el Perú la mayoría de medios de comunicación (radio, televisión y, sobre todo, prensa escrita) VIVE casi exclusivamente del subsidio estatal de la publicidad. Acostumbrados a la teta del Estado durante años vienen operando y, en el colmo del desparpajo, la mayoría de ellos pontificando sobre las bondades de la libre competencia y del libre mercado: ¡qué tal concha! Por lo menos aquellos medios que no creen en esos valores son más consecuentes en pagar el íntegro de sus planillas con la publicidad estatal.

El punto es que esa injusticia —para con todos los demás negocios privados ajenos al ámbito de los medios de comunicación a los que el Estado NO subsidia— NO PUEDE CONTINUAR. Los contribuyentes no tienen la culpa ni tienen por qué poner plata de su bolsillo si los contenidos de un diario o de un canal o de una revista no cumplen con las expectativas del público. Porque esa es la razón fundamental por la que esas sanguijuelas que pasan por medios de prensa se aferran a la publicidad estatal con uñas y dientes: al público NO le interesa el enfoque (producto o servicio) de lo que ofrecen. Si les interesara, tendrían más público, más publicidad privada y, por tanto, su negocio sería rentable. Eso, al menos, dice la teoría de mercado que tanto defienden.

El otro cuento chino es el de que sin publicidad estatal —es decir, sin mermelada— se consumaría una grave amenaza a la libertad de expresión y de información. ¡Ayayay! Incluso la argolla del Ipys llegó a decir que… ¡”se produciría un colapso informativo sin precedentes”! Si con “grave amenaza a la libertad” de expresión quieren decir que dejarán de pagarles sus sueldos por sus columnas de pacotilla, bueno, qué les digo: ¡tienen razón!

En cuanto a que está en peligro la “libertad de información”, ¿acaso no es el deber de los medios de prensa informar sobre lo que está haciendo el gobierno y el Estado? ¿Acaso cuando el presidente los convoque para informarles sobre algún proyecto no lo harían porque no hay publicidad estatal? ¿Acaso cuando algún ministro inaugure o presente un proyecto no es su obligación informar del hecho?

¿O es que si hay publicidad estatal informan por todo lo alto y cuando no la hay le dedican cinco segundos a la información estatal? Es decir, ¿están reconociendo que por la plata baila el mono? ¿Esa es la ética periodística?

El Estado tiene sus propios medios de comunicación (el canal del Estado, a diferencia de lo que dice El Comercio en su editorial de hoy, es el de mayor alcance nacional), además de los alternativos que hoy proporciona la tecnología.

Si el Estado quiere invertir los cientos de millones de dólares con los que subsidia a los medios de comunicación privados con publicidad, mejor que ese dinero lo invierta en sus propios medios y los dote de mayor alcance y excelencia. Después de todo, el que quiera enterarse en función de matiné, vermut y noche de la vida y milagros de gobierno de turno podrá hacerlo en sus medios, además de la OBLIGACIÓN periodística que tienen los medios privados de informar sin mermelada de por medio.


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