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Villarán: más de lo mismo y una historia sin fin

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La historia de los peajes continúa vigente. Hace solo unas semanas se anunció la resolución del contrato de la Vía Expresa Sur con peaje, que había sido otorgado casi de una manera direccionada a una empresa involucrada en actos de corrupción y sin el debido control de Concejo de Lima. ¿Qué pasó ahí?



La historia de este caso es bizarra. Pero no solo es eso: es también una historia decepcionante. Y no solo es decepcionante, sino, además, se trata de una historia anunciada. Una historia de vergüenza, vergüenza ajena pero vergüenza peruana.

Un episodio más en una serie de corrupción que sigue empañando al país y que ha pervertido la gobernabilidad despreciando la sencillez, la ingenuidad, la buena vibra, el optimismo, la fe. Su protagonista esta vez es la exalcaldesa de Lima –una mujer de apariencia honesta que se presentaba como la alternativa a Lourdes Flores y a Keiko Fujimori, y que en ese contexto entró a la política electoral–, quien lejos de enfrentarse a la corrupción –como afirmaba– terminó abrazándose a ella, traicionando así los valores y los principios que supuestamente enarbolaba.

¿Causa rabia? Sí. ¿Indignación? Sin duda. ¿Sorpresa? También. ¿Decepción? Completa.

No solo engañó al país sino también a los suyos y a su entorno más cercano, a artistas y poetas que creían en ella. Y llenó la ciudad de paneles diciéndole NO a la corrupción, a una mafia que ella decía haber identificado, a la revocatoria. Prometió no postular a la reelección municipal; y lo hizo. Comenzó su gestión denunciando malos manejos en la comuna de Lima, interfiriendo en la campaña presidencial. Y terminó en lo mismo. Postuló a una vicepresidencia por el partido de Humala y también al Congreso, cuando era obvio que lo que buscaba era inmunidad.

Defendió a los policías que luchaban contra el crimen; fundó un partido que pretendía darle aires nuevos a la política peruana. Pero solicitó, según se afirma, alrededor de 10 millones de dólares a cambio de autorizar una nueva forma de impuesto vial: el peaje… ¡y por 40 años. Diez millones a razón de un dólar por cada limeño. ¿Penoso? Sí, y desconcertante.

Iniciado el proceso de la revocatoria, la entonces alcaldesa de Lima empezó a trabajar en forma paralela con dos equipos disociados entre sí: uno, el equipo municipal (dedicado a la gestión); el otro, el equipo de campaña. No se entiende por qué sus correligionarios se lo permitieron. ¿No debían acaso defenderse en grupo ante una revocatoria política impulsada por los adversarios de su gestión?

Su partido guardó silencio. ¿La razón? Muy probablemente porque en el interior se presentía o se sabía que el dinero de la campaña del NO tenía una procedencia ilícita. Por lo mismo, con su silencio muchos fueron cómplices; se hicieron de la vista gorda. Si la ciudadanía se daba cuenta de ello, ¿cómo no se iban a percatar sus propios correligionarios, su gente de confianza, los que la seguían en el día a día?

Lima se llenó de paneles con fotos e imágenes variopintas, fue bombardeada por spots de televisión y de publicidad radial. Si un solo panel puede llegar a costar miles de dólares mensuales, ¿cuánto costaría toda esa publicidad en su conjunto? ¿De dónde venía ese dinero y quien lo financiaba? ¿A dónde fue esa plata? ¿Quien la tiene? ¿Se financiaron otras campañas con eso?

La historia tiene matices propios de una mafia tipo Netflix: uno de sus allegados ha denunciado que “firmó sin saberlo la apertura de una cuenta bancaria de Andorra pero en Lima”. ¿Será cierto?

Susana Villarán ya mostraba inconsistencias desde la campaña electoral. Era obvio que carecía de la preparación técnica para asumir el cargo. Al año de haber iniciado su periodo, se vio amenazada por una iniciativa de revocatoria que la enfrentaba a una severa herida narcisista, al fracaso político e incluso al ridículo personal. No soportó esa situación y buscó ayuda de manera equivocada.

Ha declarado que “no habló antes por lealtad a una persona”, cuando en realidad su lealtad debía ser con Lima; que “lo volvería a hacer si pudiera hacerlo”, en un claro mecanismo de negación. Todo esto refleja una actitud alienada y constituye una vez más la clara muestra de lo que puede generar el poder cuando quien lo ejerce no está preparado para proteger su salud ante la seducción, la adrenalina y la confabulación de un cargo público.

Su encarcelamiento constituye un tremendo golpe para la izquierda peruana. Esta vez no hay colectivos en la calle. Pero lo ocurrido es también una invitación a redoblar la vigilancia de las decisiones administrativas que se pueden tomar desde el poder y desde el presente y con miras al futuro.

¿Por qué digo eso? Porque la historia que tiene que ver con los peajes continúa vigente. Hace solo unas semanas se anunció la resolución del contrato de la Vía Expresa Sur con peaje, que había sido otorgado casi de una manera direccionada a una empresa involucrada en actos de corrupción y sin el debido control de Concejo de Lima. ¿Por qué ocurrió eso y de esa manera? ¿Qué pasó ahí?

Lima necesita hoy más que nunca de una gestión ajena a intereses económicos subalternos. En el caso de la exalcaldesa hay todavía mucho por investigar. No queremos más de lo mismo, en lo que por momentos parece ser una historia sin fin: la historia actual de la corrupción.

Foto: Ojo

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