toggle menu

Opinión


19 Diciembre, 2017.

¿Vicepresidentes o nuevas elecciones?

Si PPK finalmente deja la presidencia corresponde al Congreso darle una mano a la democracia, apoyando al primer vicepresidente, tirándole un salvavidas y sosteniendo la gobernabilidad más allá de cualquier apetito electoral.

Los que fuimos al colegio en una época en la que el curso de educación cívica era obligatorio durante toda la secundaria aprendimos que tan importante como la democracia era el respeto por la Constitución del país en que vivíamos. Aprendimos también que la Constitución era algo así como un gran marco regulatorio: una especie de contrato social aplicable al país, un conjunto de reglas de juego que, guste o no guste, todos debíamos respetar.

Llama la atención que haya voces que estén proponiendo elecciones adelantadas, como si el actual gobierno no tuviera brújula alguna o fuera producto de una dictadura o de alguna otra forma de ilegitimidad. Lo que está en problemas es la institución personalizada de la presidencia, no una gobernabilidad adecuadamente regulada por normas constitucionales que la contienen y sostienen.

Si finalmente el presidente de la república decide renunciar o enfrentar un proceso de eventual vacancia, la Constitución peruana ha previsto ante esa posibilidad mecanismos que se activan automáticamente para garantizar la continuidad del país, en caso dejara de ser presidente. Y no lo ha previsto una vez, sino dos veces: en el Perú hay dos vicepresidencias como elementos de sucesivos reemplazos. ¿Por qué entonces intentar tirarse abajo a Martín Vizcarra para que lo reemplace la segunda vicepresidenta, o lo que sería aún más extremo, clausurar la actual administración de gobierno para convocar nuevas elecciones?

Si, por ejemplo, Fuerza Popular impulsara eso sus miembros estarían desconociendo la Constitución que ellos mismos apadrinaron (y eso generaría ante sí mismos el precedente de que estamos ante una carta constitucional con limitaciones tan evidentes que en los momentos de crisis es mejor obviarla o dejarla de lado). En ese escenario, no solo habrían desconocido la Constitución del 79 sino también la que ellos mismos elaboraron y promulgaron. Algo parecido con todos los partidos, o como en el caso específico del oficialista Juan Sheput, que desde el Congreso apoyan nuevas elecciones: desconocerían el camino constitucional actualmente previsto. Y lo propio con el actual gobierno, si decide desvanecerse para dar en bloque un paso al costado. Fueron elegidos para cinco años, no para retirarse en el camino.

Es obvio que en esto hay intereses en juego. Intereses partidarios y también personales. Pues en la caída completa del actual gobierno estaría, a su vez, la posibilidad de que personajes de la escena pública como Barnechea, García, Acuña y Keiko puedan tentar nuevamente la presidencia la república. Y eso para sus aspiraciones sería el mejor regalo de navidad.

Si se adelantaran elecciones estaríamos ante un golpe de Estado por parte de los sectores políticos democráticos del país a la propia institucionalidad en ejercicio, bajo el pretexto de que el actual gobierno carece de legitimidad y/o autoridad.

Si PPK finalmente deja la presidencia, corresponde al segundo poder del Estado (es decir, el Congreso de la república) darle una mano a la democracia. Debe apoyar al primer vicepresidente, tirándole un salvavidas y sosteniendo la gobernabilidad, más allá de cualquier apetito electoral. Se empuja el carro en el que todos iban sentados para que llegue al destino; no se le abandona en el camino para subirse a otro automóvil.

De lo contrario, nos encontraríamos ante una crisis oportunista y electorera, con preocupaciones aparentes en el discurso por la estabilidad democrática pero angurrienta en sus intereses bajo la mesa. No sería, pues, amor al chancho sino a los chicharrones.

PPK todavía no ha hablado al Parlamento. No se ha entrado todavía a la discusión sobre si es lo mismo incapacidad moral permanente y descalificación moral específica con anterioridad al ejercicio del gobierno. Si no renuncia antes, ejercerá su derecho a defensa ante el pleno del Congreso. Y si finalmente se aleja del poder, le toca al primer vicepresidente asumir la conducción del país, pues para eso fue elegido al lado del actual mandatario.

La gente, además, no quiere zozobra o más de lo mismo (las mismas caras con las mismas sonrisas); no quiere show político ni manipulaciones. La gente quiere estabilidad y una pronta recuperación económica, con una calma concertada que no esté basada en el aprovechamiento sino en el respeto por una institucionalidad democrática que al día de hoy todavía tenemos.


Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,