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Opinión


28 Febrero, 2018.

Verónika y El Comercio: ella lo usa y él se deja usar

Casi 180 años y ningún aprendizaje: ¿qué pensará desde el Penal Ancón 1 José Graña Miró Quesada, su accionista individual más importante, respecto a que su periódico (ese que utilizó para conseguir los más preciados favores políticos) ande glorificando a Mendoza, la cabeza de un partido cuya ideología combate todo lo que él representa?

En su edición del domingo último, el Decano sorprendió con una entrevista a doble página de Verónika Mendoza. Me pregunto si la gente que trabaja en ese diario tiene alguna idea de los “valores” que reivindica Nuevo Perú (¿socialismo, indigenismo, ecologismo, progresismo feminista y LGTB?).

Me pregunto también qué pensará su accionista individual más importante, el señor José Graña Miró Quesada, desde el Penal Ancón 1 (para reos de alta peligrosidad) respecto a que su periódico, ese que utilizó para presionar y conseguir los más preciados favores políticos, ande glorificando a la señora Mendoza, lavándole la cara a la izquierda sobre una de las tribunas más importante del país. ¿Qué impresión le habrá dejado este enaltecimiento de la cabeza de un partido cuya ideología combate todo lo que él representa?

¿Qué dolor, señor Graña, o es su cruzada personal contra PPK; su propia manera de avalar la vacancia y demostrarle que aún detrás de las rejas (donde parece que permanecerá algún buen tiempo todavía) puede hacerle la guerra por haberlo abandonado?

El Comercio cándidamente se ampara en el respeto a la democracia, sistema en el que Mendoza y sus perversos aliados no creen. Su nuevo socio, Gregorio Santos, aquel procesado de manos largas y presunto culpable de la miseria de su región, no ha tenido el menor empacho en declarar, apenas conocidos los resultados de Michiquillay: “[Es] la colusión agravada contra el país, la región Cajamarca y las comunidades campesinas. Sin consulta previa, nula en todos sus extremos. Una trasnacional manchada de corrupción y sangre en el Sur no tiene moral para instalarse en la heroica Cajamarca”.

La exitosa licitación de Michiquillay es lo mejor que le ha pasado al país desde que se inició este Gobierno, pero El Comercio no titubea en abrirle sus codiciadas páginas a la compañera del más emblemático opositor a la minería, de un seudolíder, de un traidor a los intereses de la patria,  a quien las indolentes autoridades judiciales del país permiten aún que siga contaminando con su discurso cargado de odio y mentira.

Algunas perlas de la entrevista:

1- Mendoza no tiene la hidalguía de reconocer que el 30 de mayo del 2016 invocó a votar por PPK, a través de su cuenta de Facebook: “[…] El voto en blanco o viciado favorece a Keiko en el conteo final de votos; por eso, para cerrarle el paso al fujimorismo solo queda marcar PPK”. Insiste en que solo se trató de impedir que el fujimorismo llegara al poder. ¡El 2 de junio se dirigió en quechua al país pidiendo exactamente lo mismo y promovió el hashtag #KeikoMananAtipananchu!

Le guste admitirlo o no, el Frente Amplio con Verónika Mendoza a la cabeza pactó con Peruanos Por el Kambio y llevó a Kuczynski al poder. Ello ha quedado registrado en los anales de la historia. Las subjetividades y razones personales que determinaron esa decisión son de carácter secundario: lo sustantivo es que la izquierda le sirvió de pedestal a PPK para alcanzar la victoria.

2- Otra cosa que le cuesta admitir es que volvieron a concertar cuando, el 21 de diciembre pasado, Marisa Glave con voz de mando retiró a toda su bancada del hemiciclo antes de la votación por la vacancia presidencial. La alianza quedó sellada con la misma evidencia y solidez que el emotivo abrazo entre Kenji Fujimori y Juan Sheput. En política, las imágenes y las formas cuentan demasiado. Todas sus explicaciones ex post –como el hecho de que se trataba de una “vacancia express” o que la falta de credibilidad (corrupción) del presidente era incierta– son solo eso: argumentos vacíos, verborrea para intentar justificarse, en un escenario donde nadie tiene la vergüenza de asumir sus errores y en el que la mala memoria de los peruanos les juega a favor. ¡Tantos desaciertos repetidos, por favor!

3- Con mucha tibieza y casi obligada, califica de dictadura al régimen de Maduro. Valga recordar que cuando en el mes de febrero de 1999 Hugo Chávez inició su larguísima presidencia, Venezuela (opulenta, miembro de uno de los clubes más ricos del planeta, OPEP, cuya presidencia alterna ocupa hoy a pesar del grave hundimiento de su industria petrolera, paraíso de las trasnacionales por su capacidad de consumo y de generación de riqueza) jamás imaginó, ni por un mal pensamiento, convertirse en el país mendigo de Latinoamérica…. en el leproso del que todos huyen.

¿Tan ciegos somos que no podemos ver lo evidente? Para Mendoza el fin justifica los medios y si para llegar al poder tiene que pactar con el diablo, lo hará.

Sin embargo, estoy segura de que ni por un mal pensamiento El Comercio asumirá alguna responsabilidad luego de servir de plataforma a Verónika: en nuestro país es política nacional señalar al prójimo como culpable, o deshacernos en explicaciones. Tenemos esa vocación sinuosa de nunca encargarnos de las consecuencias nefastas de nuestras decisiones.

Pasarán 200 años más de vida republicana y seguiremos en lo mismo (o peor). Solo el tiempo lo dirá.


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