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Opinión


3 Noviembre, 2017.

¡Una reforma que de verdad reforme!

El Congreso de la república ha aprobado la ley que elimina las organizaciones políticas a nivel provincial y distrital.

Jorge Villena

| Columnista invitado

El Congreso de la república ha aprobado la ley que elimina las organizaciones políticas a nivel provincial y distrital, y mantiene todavía las organizaciones de carácter regional (que espero en un futuro no muy lejano también desaparezcan). Este constituye un avance en el fortalecimiento de las organizaciones políticas y la democracia en el Perú.

Los partidos políticos son organizaciones privadas de interés público: durante muchos años no fueron regulados y ello ocasionó severos cuestionamientos sobre la transparencia de su conducción y mecanismos de democracia interna. Esa fue la principal excusa por la cual se flexibilizó la oferta; todo el mundo llegó a querer su partido o movimiento y en 2006 llegamos a tener a veinticuatro candidatos a la presidencia.

Pero el remedio no fue mejor; los movimientos locales tampoco rindieron cuentas ni hicieron elecciones internas. Simplemente se convirtieron en partidos-negocio descartables.

En 2003 se aprobó la ley de partidos políticos que creaba en los hechos dos sistemas: el formal —en el que los partidos nacionales rinden cuentas hasta de las polladas— y el llamémosle “semiformal”— en el que los movimientos actúan sin mayor control—. Uno alienta la carrera política; el otro, el aventurerismo.

Luego está el tema del financiamiento. Todos hablan del control de los ingresos de campaña pero nadie habla de los gastos. Nuestro sistema electoral está diseñado para que gane quien tenga un millonario presupuesto. Las campañas electorales son cada vez más costosas; el Estado no aporta financiamiento ni regula el exagerado gasto en publicidad. Sí, publicidad. ¿A dónde creen que va a parar el dinero que reciben los partidos y los candidatos?

He visto a muchos peruanos valiosos interesarse por la política pero al ser altísimos los costos económicos (ni que decir sobre los personales, profesionales y familiares). Si quieres ser congresista debes ganarte la lotería o hipotecar tus bienes; si quieres ser presidente prácticamente debes tener una constructora transnacional, una universidad o un gobierno populista respaldándote.

Todo lo anterior debe terminar. Aquí cerca, en Chile, está completamente prohibida la publicidad de campaña: no hay pintas, paneles, posteros, avisos ni pasacalles; los mensajes llegan a través de los partidarios y sus actividades se hacen en cada barrio del país. Ello obliga a los partidos a tener estructuras que existan. El Estado financia a cada candidato cinco minutos de televisión en horario estelar para que presenten sus propuestas. Resultado: campañas más baratas en las que todos compiten por igual. Así, el factor diferencial ya no está en el dinero, sino en la capacidad de organización del partido y en el mensaje del candidato.

Es momento de discutir a profundidad una reforma que de verdad reforme. Una reforma que aleje la política del dinero y más bien la acerque a la gente.


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