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Opinión


13 Septiembre, 2017.

¡Una pizca de coherencia, por favor!

La terrorista Maritza Garrido Lecca sale de la cárcel y pone en evidencia la pobreza del debate en la sociedad peruana.

Es obvio que luego de un cuarto de siglo los peruanos no hemos llegado a procesar el fenómeno del terrorismo y sus consecuencias. Como sociedad es una tarea pendiente, pues por un lado están las generaciones que no padecieron el terror de Sendero Luminoso y el MRTA —indiferentes, abúlicas e ignorantes de los actores y hechos que ensangrentaron el Perú— y por el otro todos aquellos que vivimos esa lacra y que tenemos la sensibilidad exacerbada al punto de decir estupideces e incoherencias.

El caso más elocuente de lo último es el suscitado a raíz de la liberación de la terrorista Maritza Garrido Lecca, luego de cumplir su condena de 25 años de prisión.

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, pedir la muerte o la cadena perpetua de alguien que ya cumplió su condena según las leyes y la Constitución vigente? ¿Acaso no es una pérdida de tiempo pedir imposibles o lamentarse por imposibles? ¿Perder el tiempo en un debate así no es estúpido?

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, exigir que la terrorista pague la reparación civil y quejarse porque no la paga luego de salir? ¿Alguien me puede decir cómo la va a pagar si estuvo en la cárcel sin trabajar 25 años? ¿Alguien me puede decir cómo la va a pagar si por donde vaya va siendo declarada “persona non grata”? ¿Quién le dará trabajo a una persona que las autoridades y vecinos señalan como non grata? ¿Usted pondría a sus hijos en la academia de baile de una terrorista que ni siquiera ha mostrado arrepentimiento?

¿Qué sentido tiene, luego de lo antedicho, indignarse por adelantado porque la terrorista termine, como otros de su ralea, autoexiliándose en Suecia o en alguno de esos países por el estilo? Es decir: si la sociedad peruana la condena en lo que le queda de vida como persona non grata, ¿esperamos que se quede en el Perú? ¿Para hacer qué (más bien me preocuparía que alguien que no pueda trabajar se quede, pues sospecharía que está volviendo a las andadas con Sendero)? Y entonces, ¿por qué nos rasgamos las vestiduras cuando los terrucos toman sus chivas y se largan? ¿Tiene algún sentido? ¿No es estúpido?

Como decía, no hemos llegado a procesar el fenómeno del terrorismo. Por eso lo que pedimos no tiene a veces ninguna coherencia.


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