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Opinión


27 Enero, 2018.

Una lectura de cartas para PPK

El análisis político no siempre es intelectual: también es místico, imaginario, con buena vibra y hasta con pasión.

Me encontraba de vacaciones en Punta Sal, cuando de pronto vi aparecer desde la playa a una mujer que se fue acercando de a pocos para luego ofrecerme leer las cartas. Se trataba de una mujer de Granada, de ascendencia rusa, que gusta de estos temas para mí desconocidos.

Me contó que estaba en el Perú desde hacía varios meses. “El mundo hay que conocerlo —me dijo— porque aquí hemos nacido”. Por eso paseaba por las playas del continente con toda la calma del mundo. Le agradecí su disposición, pero también le dije que yo no me leería el tarot. Le pregunté por España y también por Rusia. Me dijo que más allá del fútbol, Rusia era un país cruel. También que el nombre de Sherezada se lo puso su abuela para que fuera una contadora de historias y que eso era lo que hacía: contar historias, pero desde su tarot.

Me contó que prefería utilizar el mazo de Marsella, pero que las cartas en realidad provenían de Egipto y que para ella no eran un medio de adivinanza sino símbolos susceptibles de ser experimentados en la vida. “Se trata de arquetipos, es decir, de metáforas proyectivas”.  Finalmente le dije que si me hacía un descuento, leíamos el tarot, pero no a mí. Fue así como, al cabo de un rato, le leyó el tarot a PPK.  ¿Qué fue lo que salió en esta particular manera de analizar la política peruana? Lo comparto a continuación.

La primera carta que Sherezada le sacó al presidente fue La Estrella. En ella se apreciaba un desierto con un cielo lleno de estrellas, y al centro una mujer vertiendo agua de dos jarrones a un río. “Es una carta de confluencia y comunicación, sobre todo entre posiciones opuestas”, dijo mientras yo pensaba en los líos del Ejecutivo con la bancada fujimorista del último año y medio. ¿Dónde ves eso?, pregunté. “En los dos jarrones. Si los ves, ambos confluyen hacia algo común”. Pero aquí no ha ocurrido eso, le comenté. “Es que al presidente la carta le ha salido al revés y eso quiere decir que la comunicación ha fallado. Además, no supo atender las necesidades del desierto. Para salir adelante, tendrá que ir al desierto; la confluencia y la integración están ahí”.

¿Cómo llegas a eso? Señaló en la imagen el desierto y dijo: “La rabia y la necesidad de esperanza están ahí”.

La segunda carta que sacó ya no salió al revés y fue La Luna. Le pregunté en broma si además era analista política. Me dijo que no, que ella se circunscribía a lo que decía el tarot. Mostró en la imagen una luna absorbiendo gotas de agua y a dos lobos aullando en los alrededores de un Palacio. “Hay mucha confabulación e intriga, también incertidumbre, soledad y hasta temor. No hay certeza sobre lo que venga”. Pensé en los ambientes propios del poder y en la falta de claridad de la actual coyuntura peruana.

“Hay, además mucha influencia femenina pero no la que todos conocen, sino oculta y con intereses bajo la mesa”. ¿Por qué dices eso? ¿Te refieres a algún tipo de lobby? Respondió que el presidente no es libre y que hay algo que le quita energía. ¿Y ese cangrejo que está sumergido en esa poza, que puedes decir de él? “Un cangrejo camina al revés. Se trata de alguien que se esconde y que en realidad lo envidia y quiere que al presidente todo le salga al revés. Tal vez sea una persona cercana a él o alguien de mucha importancia que desde la oposición espera el momento para acecharlo”.

La última carta que sacó fue La Torre. Pero, oh sorpresa, de esta torre había gente cayendo por la ventana. “Aquí hay dos posibilidades —comentó la singular lectora— o hay una noticia que sacude Palacio y cualquier cosa puede pasar; o más bien estamos ante el desbloqueo personal del presidente. Y es que tiene que soltarse, cambiar de equipo, dejar de lado ciertas ataduras, botarlas por la ventana, expulsar esas dependencias. No es que la economía vaya a explotar, a eso no hace alusión esta torre; más bien mejorará, se expanderá, y a su vez eso a él lo liberará. Si esto último ocurre, seguramente gobernará mejor”.

“De todas maneras —dijo— vamos a darle una mano al presidente”. Volteó la carta que estaba al revés y la puso al derecho. Buscó entre su mazo el arcano del Emperador y lo colocó en forma expresa debajo de La Torre”. ¿Para qué haces eso?, le pregunté. “Para darle soporte y más gerencia. La necesita”.  Finalmente colocó debajo de la Luna la carta del Ermitaño y, arriba de esa misma luna, la Rueda de la Fortuna”. En ambos casos parecía querer reforzar algo. “Así le irá mejor, lo ayudará a precipitar los cambios, pero siempre con prudencia”, comentó sonriendo.

Al rato, Sherezada se retiró y su imagen se desvaneció en el litoral. Dejó claro que el análisis político no siempre es intelectual; también es místico, imaginario, con buena vibra y hasta con pasión. Gracias, amigos lectores, por permitirme refrescar el análisis político compartiendo con ustedes esta anécdota propia de unas vacaciones de verano. Hasta la próxima.


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