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Opinión


12 Enero, 2018.

Una buena solución para el problema de la papa

Manejo racional de excedentes: los grandes depósitos del Inca pueden restablecerse y cambiar el horizonte de las comunidades paperas del Perú. Si tan solo dejáramos de discutir...

Efraín Trelles

| Columnista

Más allá de las razones detrás de la reciente caída del precio de la papa, quisiera tomarme la libertad de pedirles que me acompañen en una reflexión de larga duración. Abróchense los cinturones, digo, porque vamos a cruzar la siglos. Y recuerden: es porque tenemos memoria que seguimos siendo futuro.

La expansión de cualquier estado multiétnico preindustrial cuesta. Lo interesante es ver cómo se financia. El costo se puede solventar con impuestos a la producción (tantas fanegas de trigo para Hammurabi en Mesopotamia) o cargando el ingreso y cobrando en moneda: al César lo que es del César. Pero resulta que en la tierra que el sol ilumina porque Dios lo manda no había moneda ni mucho menos algo que se pudiera llamar mercado. De ahí venimos, así que asústense menos.

Volvamos a lo medular. La gran pregunta de cómo se pudo financiar la expansión Inca la respondieron etnólogos de la talla de John Murra y arqueólogos como el gran Craig Morris, apoyados en las visitas coloniales y en la cuota de piedra, viento y agua que sigue ahí esperando que despertemos.

Al Estado Inca no se tributaba moneda, no se tributaba parte de la producción… se tributaba, y de qué manera, fuerza de trabajo. La riqueza de esta fuerza de trabajo, por el Inca concertada, era la que financiaba el baile expansivo del Tahuantinsuyo en la medida que el modelo se abría a la incorporación de nuevas fuerzas productivas que permitían cruzar umbrales antes no alcanzables.

Acá viene la pepa. Para que algo así sea posible se precisa un manejo racional de excedentes y un gran sistema de almacenamiento donde guardar alimentos, ropa, armas, pertrechos con los cuales, llegada la hora, comprar voluntades o ganar mercado.

Una visión anquilosada y romanticista del pasado nos hace creer que el contenido de los grandes almacenes se reservaba para la hambruna. No. Eso lo hacían los almacenes familiares o comunales. Los grandes depósitos del Inca, estatales, se reservaban para su uso político financiero.

Lo verdaderamente sensacional es que nada (salvo nosotros) nos impide restablecer ese gran sistema de depósitos y manejar excedentes racionalmente. Este no es el medio para entrar en detalles arqueológicos, pero se necesita piedra, viento, madera y voluntad. En otro post explicaré cómo funcionaban y podrían volver a funcionar esos almacenes.

Pero cuando digo manejo financiero digo que por qué un agricultor sale de un Banco de Chiclayo con su buen warrant. Es dinero al que ha accedido porque ha puesto en garantía café almacenado en Bagua, ¿verdad? Bien por él pero, ¿por qué mis paisanos de las comunidades de Andahuaylas no pueden tener almacenada su semilla de papa (también cotizada en dólares) y previa certificación bancaria acceder al crédito? Algo que los comuneros de hoy no pueden.

Son propietarios de la tierra pero ante la ley … menores de edad. ¿Quieren Bicentenario? Ahí tienen metas para el Bicentenario.

Pero si prefieren seguir discutiendo… vamos muertos.


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