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Opinión


26 Abril, 2018.

Un perdón interesado

Kenji, el hijo predilecto del líder histórico del fujimorismo, fungió de tonto útil y negoció con PPK un indulto humanitario que, ante los recientes hallazgos, podría ser revocado por la ideologizada Corte-IDH.

Aaron Salomón

| Columnista

Nuevas evidencias confirman un secreto a todas luces: el indulto humanitario y la gracia presidencial concedidos por Pedro Pablo Kuczynski a Alberto Fujimori fueron negociados. Panorama reveló el último domingo que durante el allanamiento a la vivienda de PPK en Choquehuanca Street el Ministerio Público halló el borrador del informe médico en el que se sustentó la excarcelación de Fujimori, además de una anotación del número telefónico del exreo de la Diroes –que demostraría que ambos e jefes de Estado mantenían una conversación– y una carta de la exministra de Justicia Marisol Pérez Tello en la que explicaba al renunciante exmandatario por qué el indulto era jurídicamente inviable.

No sabemos con exactitud la fecha del escrito de Pérez Tello, pero de lo que sí podemos dar fe es que en aquel entonces en el Minjus se sostenía que Fujimori no podía ser puesto en libertad y ser perdonado de todas sus culpas. La razón era el serio proceso que tenía en curso por la matanza de seis pobladores –confundidos con terroristas– en Pativilca (Barranca), el 29 de enero de 1992  a manos del grupo paramilitar ‘Colina’ (es más, fuentes de dicha cartera cuentan que consideraban que el estado salud del padre de Keiko y Kenji no era tan grave como para merecer por lo pronto un indulto).

La conjetura legal del despacho de Pérez Tello era exactamente la misma que la de la Sala Penal Nacional que determinó hace poco que a Fujimori sí le correspondía ser procesado como autor mediato por el mencionado crimen al norte de la ciudad de Lima: la gracia presidencial otorgada no alcanza este caso, porque recién en junio del 2017 la justicia chilena autorizó ampliar el cuadernillo de extradición del expresidente.

PPK tenía toda esta información en sus manos, pero hizo ascos al correcto acontecer de las cosas e indultó en la pasada Nochebuena –para sorpresa, incluso, de apasionados fujimoristas como Luz Salgado– a Alberto Fujimori, con tal de evitar su inminente vacancia por sus vínculos con Odebrecht y permanecer así aferrado (afortunadamente solo duró unos cuantos meses más) al sillón de Pizarro. Kenji, el hijo predilecto del líder histórico del fujimorismo, fungió de tonto útil y acordó una liberación con Kuczynski que podría ser revocada sin el mayor esfuerzo por la ideologizada Corte Interamericana de Derechos Humanos porque, a decir verdad, elementos suficientes hay.

Adicionalmente al material encontrado en la residencia pepekausa de Choquehuanca tal vez lo más contundente sea aquello deslizado por el líder de los ‘Avengers’ en un video grabado secretamente por el legislador de FP Moisés Mamani, a quien intentaba convencer de que rechace el segundo pedido de vacancia para Kuczynski. “Moisés, tú vas a consolidar la libertad de mi viejo, tú la vas a consolidar. Nosotros lo hemos sacado, pero tú la vas a consolidar” fueron sus palabras, las que sin duda ahora tronarán hasta en la instancia supranacional de Costa Rica.

Así, si alguien es responsable de que Alberto Fujimori retorne a la cárcel será su propio hijo menor, cuyo único ideario parlamentario era precisamente lograr su indulto. Porque hasta la propia Keiko Fujimori, quien en anteriores ocasiones bregó por la soñada excarcelación a través de la vía legal, ha dicho que el momento del perdón humanitario no fue el adecuado toda vez que se presta a gigantes suspicacias. Esto es lo que ocurre cuando se junta el hambre (presidencial) y la necesidad (populista). PPK y Kenji solo produjeron un perdón interesado.


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