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Un peaje para la Vía Expresa

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Paradójico que esta vía que construyó Luis Bedoya Reyes con el aval político y la mirada social de Fernando Belaunde, se convierta ahora en una concesión parcialmente privada.



Los sistemas de peaje llegaron al Perú para suplir una deficiencia del Estado: esa incapacidad para solventar gastos de infraestructura en aspectos que son de su competencia y obligación. Por tratarse de vías de circulación de necesidad pública, se les dio luz verde y rápidamente se convirtieron en un negocio, razón por la cual hoy en día tenemos carreteras y autopistas con peajes que suben de precio periódicamente.

Esto ha generado una relación entre los concesionarios y la ciudadanía en la que el Estado ha quedado prácticamente de lado. Casi no interviene y por eso tenemos los peajes que tenemos (en algunos casos ya superan los tres dólares de pago). Y no es que esté mal que haya peajes; son necesarios, pero deben gestionarse bajo la lógica de que se trata de un servicio público.

Hoy en día el argumento de que no hay dinero para invertir ya no se sostiene como antes; dinero hay, pero a muchos gobernantes les resulta más cómodo encargar construcciones bajo esa modalidad. La idea fue también alejar la corrupción de la construcción y mantenimiento de las carreteras, pero pasó lo contrario: se generaron compra de funcionarios, corrupciones contractuales, arbitrajes arreglados, financiamientos de campaña y/o prebendas a cambio de asignación de obras.

El resultado ha sido una nueva forma de tributo. El peaje afecta directamente al usuario que paga por circular, y sube y sube de precio. Cómo será el negocio que ni siquiera durante la emergencia del Niño Costero las carreteras del norte dejaron de cobrar por el paso de los damnificados, heridos, muertos o la ayuda humanitaria.

La Municipalidad de Lima Metropolitana ha anunciado la ampliación de la Vía Expresa pero con peaje. Se trata de una decisión que amerita una reflexión porque implica aceptar la instalación de ese sistema ya no solo en la periferia de la ciudad sino en su interior. A ese paso, ¡algún día también se va a concesionar la Costa verde o la Javier Prado!

Se dice que este nuevo tramo tendrá además dos vías libres y eso constituye un absurdo. ¿Por qué? Porque una vía rápida al interior de una ciudad no puede funcionar como tal con solo con dos carriles; eso es una falacia, una entelequia, una mentira. Lo único que generará es que los conductores pasen a la pista de peaje. Hay que resaltar también que esta situación se genera porque la Municipalidad de Lima no se da abasto en el financiamiento de las obras, obras que aunque son de su competencia requieren de un abordaje más amplio.

Lima tiene más de diez millones de habitantes, más habitantes que muchos países, y la solución de sus problemas ameritaría un apoyo más decidido por parte del gobierno central. Incluso –como ocurre en Chile–, el establecimiento de un impuesto al rodaje destinado a obras y a mantenimiento.

El sistema de peaje busca recuperar lo invertido, no genera nuevas obras. Lo asignado a mantenimiento es mínimo. Además, una vez instalado el peaje, este conlleva a otro peaje. En el caso de la ampliación de la Vía Expresa, ¿se está apostando por la rapidez de la única pista con peaje o por la fluidez de la obra en su conjunto?

La iniciativa abre, además, la discusión de si un alcalde puede comprometer obligaciones ciudadanas con privados por 40 años sin mecanismos previos de consulta o discusión. Lima no debe convertirse en un espacio para la privatización de pistas, estacionamientos y vías rápidas. Se dice que esta iniciativa viene de la gestión de Susana Villarán y que había un acuerdo ya firmado. Precisamente por eso, todo lo que viene de ahí debe ser cuidadosamente revisado.

Resulta paradójico que la Vía Expresa, que construyó Luis Bedoya Reyes con el aval político y la mirada social de Fernando Belaunde, se convierta ahora en una concesión parcialmente privada, cuando la obligación es darnos a los ciudadanos una vía rápida sin restricciones de circulación al interior de la ciudad.

Foto original: Perú21

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