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Opinión


2 Julio, 2018.

Un memorial que apremia

El fin del parque temático ‘Héroes de la Democracia’ no es ser un museo (¡para esto ya existe el Lugar de la Memoria (LUM)!): pretende, más bien, conmemorar a las víctimas de los grupos terroristas (policías, militares y sociedad civil).

Aaron Salomón

| Periodista

Suscribo a cabalidad lo expresado en una columna por Carlos Meléndez: “El país necesita muchos más memoriales que los existentes”. Y por supuesto que se requieren con urgencia; estamos bajando los brazos ante un terrorismo edulcorado con el benévolo rótulo de “conflicto armado interno” que no permite que veamos las cosas en su real magnitud.

Si no recordamos la sangre derramada de miles de connacionales a manos de esos malditos terrucos, difícilmente podremos hacerle frente a organizaciones lavacerebros como el Movadef –brazo político de Sendero Luminoso– que pretende nada menos que el rebrote del sanguinario ‘pensamiento Gonzalo’ y para tal fin se inmiscuye, incluso, en instituciones públicas sin que nadie mueva un dedo (¿acaso recibió alguna sanción el congresista frenteamplista Rogelio Tucto por sostener que el genocida Abimael Guzmán merecería ser indultado?).

Es por lo antes expuesto que el parque temático ‘Héroes de la Democracia’ no puede ser injustamente sujeto de vituperios por, según sus más recios críticos progresistas, no contar la historia cómo realmente ocurrió; es decir, con los evidentes excesos de las fuerzas del orden. Sucede que el fin de esta alameda no es ser un museo (¡para esto ya está el Lugar de la Memoria (LUM)!); más bien pretende conmemorar a las víctimas de los grupos terroristas (policías, militares y sociedad civil).

De acuerdo con lo que me cuentan, los nombres de nuestros mártires caídos estarán estampados en bloques de piedra, al lado de los bustos de los comandos Chavín de Huántar Juan Valer y Raúl Jiménez, quienes perecieron en el rescate de los rehenes de la Embajada de Japón. Este espacio –que estará bajo el resguardo por turnos de miembros de la Marina de Guerra, la Fuerza Aérea y el Ejército– será una manera de demostrar a propios y extraños que el Perú superó la etapa más tenebrosa y recobró finalmente la paz. Y vaya que nos costó.

Pero, claro, como la iniciativa es de un legislador fujimorista como Luis Galarreta y es promovida por un alcalde profujimorista como Luis Castañeda Lossio se busca a cómo de lugar que este memorial quede sin erigirse. Acusan, por ejemplo, que los 800 mil soles que se invertirán en su construcción es un dispendio y que este monto podría destinarse para asuntos más apremiantes (díganles, si se atreven, a los familiares de los militares muertos en el VRAEM si este tema no es apremiante). Denuncian, además, que el parque temático competirá con el LUM, al que una columnista de este portal lo considera “imparcial”, adjetivo con el que no podría estar más en desacuerdo tras haber visto algunas versiones que allí se imparten.

En fin, hay críticas destructivas por montones y esto recién empieza. No duden que en los próximos días comenzará el ataque en portadas de algunos medios izquierdistas.

Espero que ante la presión mediática Castañeda Lossio no retroceda y deje a nuestros héroes sin su merecido reconocimiento porque, me dicen, se tiene previsto que el parque esté abierto al público antes de agosto de este año. Y así debe cumplirse. Aguardo, además, que la lucidez alcance a mis amigos progres. A ellos les recomendaría, en base a la reflexión de Meléndez, que propongan la construcción de un memorial para las víctimas de las matanzas de Barrios Altos y la Cantuta. Ellos también merecen ser recordados.


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