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Opinión


19 Mayo, 2018.

Tostando a Tuesta

El premier Villanueva y el ministro de Economía vuelven a chocar de manera pública por “anuncios de gobierno”. O marchan juntos o alguien se marcha del Gabinete.

César Campos

| Columnista

Las primaveras políticas son gloriosas y más todavía cuando suceden a una etapa de enorme incertidumbre, desgobierno y augurios de caos irreversible. Es lo que estamos viviendo en el Perú desde que Pedro Pablo Kuczynski –en uno de sus pocas atinadas decisiones públicas– presentó renuncia a la jefatura del Estado y esta fue asumida de inmediato por el primer vicepresidente, Martín Vizcarra.

A nadie le cabe duda las ventajas de Vizcarra en cuanto a proyectar un estilo diferente al de su predecesor, a la sobriedad que lo caracteriza y a la reivindicación del espíritu provinciano en las altas esferas del poder. Los activos del moqueguano están allí sin ser afectados ni por el pétalo de una rosa.

Sin embargo, Vizcarra ya tiene 55 días al frente del gobierno nacional dejando ver las hilachas de algunos pasivos. El más notorio de ellos (comentado ampliamente por analistas políticos como Juan Carlos Tafur, Pedro Tenorio y Juan Carlos Valdivia) es consolidar un discurso que haga feliz a cada auditorio que se le presenta. El mandatario no prioriza la energía con la cual está obligado a exhibir su agenda sino que da un largo rodeo por el diagnóstico consabido y resabido, para después ensayar algunos anuncios. Y el problema radica en que de tanta vuelta y revuelta, el norte real de sus medidas se pierde entre las brumas.

Ya no sabemos si, por ejemplo, respetará la independencia de los organismos reguladores (con la jalada de alfombra propiciada a la Sunass para impedir el sinceramiento de las tarifas de agua en su tierra nativa) o si los contratos de inversión (como los de la exploración petrolera en el zócalo continental) serán puestos en reversa cada vez que un cartel protestón sea colocado ante su nariz.

Pero hoy Vizcarra suma otra incapacidad de consecuencias históricamente nocivas: no pone orden en el Consejo de Ministros. Las posturas contradictorias entre el premier César Villanueva y el titular de Economía y Finanzas, David Tuesta, resultan alarmantes abriendo un previsible escenario de mayores desavenencias en un Gabinete de apenas 46 días de vida.

Villanueva parece tostar a Tuesta y mostrarlo chamuscado con su tesis de propiciar modificaciones al Impuesto a la Renta, que fueron claramente proyectadas por el despacho del jirón Junín en textos y por boca del mismo ministro ante una comisión del Congreso. En el paradigma benigno y justificativo, el premier ha dicho que “de repente el ministro (Tuesta) ha sido mal entendido”. En el confrontacional y retador, señala que el MEF “ha sacado un comunicado pero que no aclara que el IR no va por ningún lado” y que “no estamos considerando el IR como gobierno”.

Estas últimas palabras de Villanueva encierran una sutileza que nos remonta al choque de pareceres anterior que tuvo con Tuesta, a propósito de la revisión de los contratos de peaje a nivel nacional anunciado a fines de abril por el mismo presidente del Consejo de Ministros. Consultado sobre el particular, la respuesta puntual (y quizás irónica) de Tuesta en esa ocasión fue: “Que sepa, no es un anuncio del gobierno”.

En verdad, esto no puede seguir así. No se trata de concederle razón a una u otra parte, sino de exigirle al gobierno del ingeniero Vizcarra mayor coherencia, y que intervenga directamente en acotar esta ventilación pública de propuestas distintas. O marchan juntos o que alguno de los involucrados se marche del Ejecutivo. No queda más.


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