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Opinión


10 Octubre, 2018.

Tomemos conciencia, por favor

En el Perú no tenemos conciencia de lo afortunados que somos. Todas las campañas destinadas a proteger nuestros cuerpos hídricos de las toneladas de desperdicios y vertimientos tóxicos son crónica de una muerte anunciada.

Uno de los temas que debería incluir la educación en el Perú es el cuidado del agua. Somos el octavo país con mayor cantidad de recurso hídrico (mil ríos y 12 mil lagunas), aunque desafortunadamente este se halle muy mal distribuido. El 70% de la población vive en la costa y el 98% del agua se encuentra en la región amazónica: casi no existen obras de infraestructura hidráulica para hacer transvases de cuencas.

Vale decir, figuramos en el ranking mundial pero hay millones de peruanos que mueren de sed y viven en terribles condiciones de insalubridad.

Todos sabemos que la naturaleza es impredecible y siempre puede darnos sorpresas. Lo ocurrido recientemente en Ciudad del Cabo es una importante alerta. La capital de Sudáfrica entró en un proceso violento de racionamiento, pues literalmente la ciudad se estaba quedando sin agua debido a las sequías, al aumento de la población y al consumo irresponsable. Ciudad del Cabo estaba condenada. Afortunadamente nunca llegó el “día cero”; sin embargo, ya se había previsto la posibilidad de arrastrar un iceberg de 100 millones de toneladas desde el océano Antártico.

Israel es un ejemplo de excelente manejo del agua. Literalmente han logrado cultivar en el desierto. Poseen plantas desalinizadoras de las aguas del mar Mediterráneo, que proveen el 80% del agua que se consume en el país, la que luego se recicla y se utiliza para el riego.  Hay doscientos cincuenta reservorios para preservar agua reciclada y de escorrentía,que suministran más del 50% del agua agrícola del país, y noventa reservorios en construcción. En este árido territorio que ha sido capaz de autoabastecerse en materia agrícola apoyado por tecnología de última generación, ni una sola gota se desperdicia.

En el Perú, sin embargo, no tenemos conciencia de lo afortunados que somos. Todas las campañas destinadas a proteger nuestros cuerpos hídricos de las toneladas de desperdicios y vertimientos tóxicos son crónica de una muerte anunciada. Hoy viven 3.5 millones de peruanos sin ese servicio y cerca de 8 millones sin alcantarillado, aunque el expresidente Kuczynski ofreció que al 2021 el 100% de la población urbana tendría abastecimiento de agua potable en sus hogares y el 84% en las áreas rurales.

Resulta lamentable que a Martín Vizcarra no se le haya escuchado –ni una sola vez– ratificar esta esencial promesa. Tampoco han alzado la voz los defensores de las lagunas de Cajamarca. Tampoco me sorprende, porque para ellos el acceso al agua es un derecho humano solo cuando les conviene y lo pueden capitalizar políticamente.

Indistintamente de la actitud de nuestros gobernantes o de la hipocresía de la izquierda, los peruanos debemos asumir un compromiso personal de cuidado del agua. Es nuestro recurso más valioso y lo desperdiciamos. Simplemente, lo vemos pasar hacia el mar.


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