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Opinión


28 Julio, 2018.

Todos somos el Estado y, por tanto, indivisibles

Las fallas en el plan de lucha contra la corrupción tienen historia. Que haya explotado la pus con la propalación de audios se debe a que por primera vez hay evidencia y sustento probatorio del nivel antiético.

Claudia María Hernández

| Columnista invitado

Celebramos otro aniversario patrio y nuestro amado Perú no tiene el clima festivo de otros años. Por el contrario, llora más que nunca por la cúspide de podredumbre que ha hecho de su bendito territorio un nido de fechorías.

Termina el segundo año del gobierno de Peruanos por el Kambio y –cuando pensábamos que las siete plagas habían ya arremetido contra la estabilidad política de nuestro país– hoy nos toca asimilar amargura adicional. Les toca a los padres de la patria no solo garantizar la reforma integral del Consejo Nacional de la Magistratura sino lidiar con la recuperación de la institucionalidad, de la credibilidad a lo interno con la población, de la economía y de nuestra reputación en el mercado externo (mejora en calificaciones de inversión, en percepción de grado de riesgo país, entre otros).

Es duro tener esta sensación de quedar huérfanos de justicia o de estar sometidos al sistema de injusticia. Los canjes de conciencias entre jueces, fiscales y personajes con dinero o poder político nos sitúa en mundo indolente al mejor estilo del “Cártel de los sapos”, en el que las mafias alcanzan la leguleyada y tienen tanto poder que asustan.

En este contexto, hay que ser imparciales y evitar los personalismos que insisten en que la responsabilidad directa es del Gobierno de turno. No es así. Las fallas en el plan de lucha contra la corrupción tienen historia. Que haya explotado la pus con la propalación de audios se debe a que por primera vez hay evidencia y sustento probatorio del nivel antiético al interior de Fiscalía, del Poder Judicial…  tal como existe en la gestión pública en general. Durante quinquenios se prometió mucho y hasta la fecha muy poco o nada se ha hecho en cuanto a reformas trascendentales.

Ahora bien: si vamos a analizar el cáncer de la corrupción entonces ello nos debe invitar también a hacer una autoreflexión como ciudadanía, porque muchas veces los peruanos somos actores —stakeholders— del sistema delictivo nacional. Votamos irresponsablemente sin saber a quiénes sentamos en un curul, somos protagonistas de la informalidad/ilegalidad. Empleamos nuestro ingenio para lo malo (una coima, una “sacada de vuelta” a SUNAT, un “dinerito” extra para el funcionario que acelera trámites, una casa sobre suelo traficado, el simple hecho de callar ante alguna situación incorrecta).

Si queremos ser parte de la solución, que sea como activistas democráticos que recuperen los valores con lo que se gestó nuestra República. Para lograr una nación mejor para nuestras familias, un futuro para nuestros hijos y nietos, recordemos que todos somos ESTADO y, por tanto, indivisibles. ¡FUERZA, PERÚ!


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