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Opinión


9 Diciembre, 2017.

¡Ojo, que todos pierden!

Operativo destinado a destruir a Fuerza Popular puede terminar por reunir los votos para remover al titular de una Fiscalía sometida al interés político.

Efraín Trelles

| Columnista

Durante la primera mitad del siglo XVI, cuando almagristas y pizarritas se sacaban los ojos por el control de la fuerza de trabajo indígena y del poder político que ello suponía en la nueva sociedad virreinal, una copla entonada en calles, plazas y cantinas se puso de moda. “Los Almagro piden paz / los Pizarro guerra, guerra / todos ellos morirán y otro mandará en la tierra”.

Así decía y así ocurrió. Y de eso va la hora presente.

Al margen de los riesgos que corra cada parte involucrada en la confrontación entre fujimoristas y la Fiscalía, y por grandes que sean la opciones de que ambas partes terminen chamuscadas, los ciudadanos hemos asistido al allanamiento de los locales políticos de Fuerza Popular como quien ve un reality por la tele. Otros lo hemos visto también como si Luis Sánchez Cerro, Oscar Benavides, Manuel Odría o Juan Velasco estuvieran todavía operativos.

Pie a tierra y a pensar. La Fiscalía posee el arma nuclear en esta confrontación. No es la Bomba H como la temible bomba de hidrógeno de la que se hablaba durante la guerra fría, es la Bomba B. Obviamente aludimos a la B de Barata. La fiscalía ya lo limpió a Barata porque considera que sus declaraciones pueden ser de utilidad. Obviamente la Fiscalía ya discutió ampliamente lo que Barata puede o no puede decir.

Así las cosas, la inesperada y extrema intervención de locales puede ser —ante todo— un indicio de que la Fiscalía sabe bien que Barata no podrá exhibir testimonios incriminatorios contra Keiko o Fuerza Popular que estén vinculados a plata de Odebrecht. Lo más probablemente es que la Fiscalía haya cruzado la línea porque estaban con las manos vacías.

Pronto sabremos si tiene algo sólido que exhibir después del allanamiento. Mientras escribo, esto último no está claro. Se habla de irregularidades en contabilidad que sin duda deben ser ventiladas. No se descarta que una vez ventiladas sean, efectivamente,  motivo de condena. ¿Pero alcanza a constituir la huella reconocible, como esperan algunos, del dinero de Odebrecht? Está por verse y es lo que más interesa.

La leche se derramó y cualquier ilusión de entendimiento entre las partes ha naufragado. Un operativo destinado a destruir a Fuerza Popular le hará daño sin duda. Pero si lo incautado no es sólido puede terminar por reunir los votos para remover al titular de una Fiscalía sometida al interés político.


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