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¡Pon orden, Keiko!

¿Fuerza Popular anda peor que el Doc?

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¡Pon orden, Keiko!

¿Fuerza Popular anda peor que el Doc?

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O estamos ante una ingenuidad política de campeonato —que exige rectificación inmediata— o estamos ante un contubernio descarado para tratar de allanarle el camino electoral a Keiko Fujimori eliminando (¡sin justificación a la vista!) el requisito del 50% más uno de los votos, tal como establece la Constitución en su artículo 111 (así como la segunda vuelta electoral como la conocemos hoy), como requisito indispensable para que la hija de Alberto Fujimori pueda alcanzar la presidencia de la República en los próximos comicios.

Así como lo lee. Porque no es poca cosa que la parlamentaria fujimorista Patricia Donayre, coordinadora del grupo de reforma electoral de la Comisión de Constitución del Congreso, apoye públicamente la propuesta de Javier Velásquez Quesquén de prescindir del balotaje si algún candidato alcanza el 40% de los votos en primera vuelta y conserva una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre su más cercano competidor. ¿Solo 40%, o sea justo el porcentaje que Keiko (39.81%) estuvo muy cerca de obtener en la primera vuelta pasada y bien podría alcanzar en 2021, sobre todo cuando van dos elecciones seguidas (2011 y 2016) donde le ha sido imposible lograr la mitad más uno de los votos para ganar?

Es decir, ¿a esto aspira el fujimorismo parlamentario: a una ley con nombre propio que beneficie a su candidata, aun cuando la presente el Apra?

Se dirá que el sistema propuesto por Velásquez funciona desde hace décadas en Argentina. Sin embargo, no hemos escuchado argumentos válidos para descartar el sistema utilizado en el Perú desde los años 80.

Lo paradójico de todo esto no es cómo el Apra le hace "patita de gallo" a esta aparente maniobra naranja, sino que en 1999 ya se discutía en ciertos círculos palaciegos cómo cargarse la segunda vuelta, que asomaba como el más serio obstáculo para la "re-reelección" de Alberto Fujimori, y fue el propio súper asesor Vladimiro Montesinos uno de los que descartó esta vía.

Recordemos: según el vladivideo del 14 de junio de 1999 "Encuentro de un banquero con Montesinos y la cúpula militar I (Dionisio)", allí se da cuenta de una reunión entre el Doc y quien por entonces era uno de los empresarios más poderosos del país, Dionisio Romero. Y este, preocupado ante la dificultad de un triunfo electoral de Alberto Fujimori, explica que el Congreso de ese entonces —de abrumadora mayoría naranja— bien podría eliminar la segunda vuelta facilitando así un triunfo del Chino.

La respuesta de Montesinos no le da cuerda al entusiasmo de Romero. Dice el 'Doc': "No podemos cambiar las reglas de juego, porque eso significaría una acción un poco grotesca a nivel de opinión pública". Y así, pasan a comentar otros escenarios políticos.

Lo demás es historia conocida.

HOY lo grotesco es que existan parlamentarios como Patricia Donayre (que en 1999 se oponía a "la dictadura" de Alberto Fujimori, jaja) apoyando un evidente cambio en las reglas de juego para favorecer su opción política.

¡Hasta el 'Doc', 17 años atrás, sabía que una cosa así era demasiado!

Este no es el tipo de debate que más favorezca a Keiko Fujimori si de ganar la próxima elección se trata. Y es la peor publicidad posible para sus promesas de un "nuevo fujimorismo" en campaña. Ella debería deslindar de estas especulaciones cuanto antes... Salvo, obviamente, que una ayudita así sea lo que realmente espera. Un despropósito por dónde se mire.


Vírgenes de cabaret

¡Hipócritas! Antes de la debacle, los más grandes detractores de Fujimori fueron, precisamente sus antiguos compañeros de ruta. Y hoy aparecen en la nómina de las empresas brasileñas corruptas.

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¡Hipócritas! Antes de la debacle, los más grandes detractores de Fujimori fueron, precisamente sus antiguos compañeros de ruta. Y hoy aparecen en la nómina de las empresas brasileñas corruptas.
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Vírgenes de cabaret

¡Hipócritas! Antes de la debacle, los más grandes detractores de Fujimori fueron, precisamente sus antiguos compañeros de ruta. Y hoy aparecen en la nómina de las empresas brasileñas corruptas.

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Celebré a la distancia la caída del fujimorismo y todo lo que ello implicaba. En una lluviosa Manchester (Reino Unido), un 15 de setiembre de 2000, vi el primer “vladivideo” Kouri-Montesinos a través de la BBC. Hacia el fin de semana, el presidente renunciaba y convocaba a elecciones. El zenit de la felicidad fue cuando dijo “me voy a la APEC en Brunei y ya regreso” y terminó pidiendo asilo en Japón.

Este “Chino” resultó bien criollo y no tuvo el sentido de honor de sus ancestros, el sepuko y/o harakiri, para limpiar su nombre y el de su familia.

No saben cómo celebré las fiestas de fin de año. Se hacía realidad lo que por mucho tiempo un pequeño grupo de personas venía denunciando y nadie quería escuchar o ver.

Fue en 1992 que Caretas descubrió quién era el asesor del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), con antecedentes de traición a la patria y relación con narcotraficantes nacionales/extranjeros. Ningún otro medio periodístico se preguntó quién era el personaje. Los pocos que lo hicieron, tuvieron una curiosidad de corto plazo. Todos se nublaban con: “Chino… chino, chino, chino”, un bailecito cojudo y ya; no había otro.

Desde el comienzo me sorprendía que quienes habían sido “compañeros de ruta” en diversos ámbitos, como “tecnócratas” (en especial las reguladoras donde, para colmo, los jefes de la institución dupleteaban como jefes de empresas dedicadas a la asesoría económico- financiera, que ¡oh sorpresa! ganaban todas las asesorías importantes o las jugosas licitaciones para sus clientes); abogados de nota y sus estudios que habían participado de la “reforma del Poder Judicial” o dado sus sesudas “opiniones legales” para cualquier privatización a la carta; periodistas que habían alabado “el salto a la modernidad” que había significado esta década maravillosa o habían sido partícipes de sendos viajes (externos/internos) del presidente sin mostrar enojo alguno; empresarios que habían multiplicado su fortuna por el “buen ambiente para hacer negocios” (entiéndase, pasar por las oficinas del SIN); “conspicuos miembros de la sociedad” que habían trastocado su fe ciega por Mario Vargas Llosa y sin ningún rubor pasaron a ser los más grandes defensores del Chino y “esa gente” (¡que le quiten el pasaporte a Mario que es un enemigo del Perú! ¡Que no regrese!); y un largo etcétera... eran los mayores detractores de Alberto Fujimori y de su régimen luego de la debacle.

Muy valientes y conchudos para patear a quien los favoreció.

Mientras más te rasgues las vestiduras con actuación digna de Hollywood— podrás pasar piola. Se perdonan tus “faltas” (no calificaban como pecado), tu cercanía y provecho del poder. Nadie te acusará. Los que pasaron por el paredón de la vergüenza, por la cacería de brujas y/o purgaron cárcel por sus acciones (o supuestas acciones) fueron aquellos fieles al Chino a pesar de todo. Y lo son hasta hoy en día.

El tiempo descubre la verdadera faz de las personas. Héctor Chumpitaz fue preso por recibir dinero de la misma fuente que las “chicas poderosas” dedicadas a la reforma del Estado, pero ellas nunca pisaron un presidio (¿racismo? ¿Nuestra clase no va presa?). Los empleados tecnocráticos salieron limpios (“son técnicos, pues”) para engrosar las planillas de las empresas que se beneficiaron de sus decisiones. Los estudios de abogados de cualquier tendencia ideológica ni se ruborizaron; los abogados más activos estaban alineados con los organismos de derechos humanos y fueron punta de lanza, junto a los procuradores anticorrupción, para destruir “al régimen más corrupto y asesino de nuestra historia”. Los periodistas y sus casas editoriales se reciclaron sin hacer penitencia. A puro “periodicazo” acusador disimulaban su pasado y hacían caja con cada “destape”.

Nada que hacer. Hay que desterrar todo vestigio del fujimorismo para que esto... ¡“nunca más se repita”!

No me asombra que los mismos personajes que fueron felpudinis aprovechados de Alberto Fujimori, pero que lo humillaron luego de su caída, ahora aparezcan en la nómina de las empresas brasileras corruptas. Y no solo corruptas, también asesinas (ver caso Áncash, donde matan a dos autoridades regionales porque no querían firmar contratos millonarios por obras).    

La juventud sabe de oídas o por una “historia oficial” lo que fue el fujimorismo. Repiten mantras como monos guiados por la “reserva moral” del país. Hoy se deben sentir traicionados y sin ganas de marchar. El huracán brasilero les ha hecho abrir los ojos súbitamente: nada ha cambiado desde la caída del odiado Chino. Se ha robado y matado como siempre. ¿Y ahora?

Los que humillaron a los fujimoristas en su momento fueron unos grandes hipócritas; esperaron su momento para hacer exactamente lo mismo: sacar su tajada sin empacho alguno.

Somos tan torpes como sociedad que tratamos de encontrar vírgenes en un cabaret. Lo único que me queda claro es que hasta las putas tienen más dignidad.


La corrupción somos nosotros

Cuidado: pronto se acuñará la leyenda de un país ama sua, donde nadie robaba hasta que llegó el diablo Odebrecht de lejano confín.

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Cuidado: pronto se acuñará la leyenda de un país ama sua, donde nadie robaba hasta que llegó el diablo Odebrecht de lejano confín.
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Cuidado: pronto se acuñará la leyenda de un país ama sua, donde nadie robaba hasta que llegó el diablo Odebrecht de lejano confín.

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Y siguen las jornadas con sus nuevas quitando el sueño a los ciudadanos que levantan preguntas inmediatas. ¿Y quiénes fueron los pescados que ayudaron a Toledo a levantarse el fajo? O bien: si todo se destapa, ¿llegará Toledo a jalarlo del saco a PPK? Estas son preguntas de la coyuntura caliente. 

Las monjas de clausura del virreinato llamaban a esa palpitante actualidad “el siglo” y se aislaban de él para vivir y pensar mejor. Intentaré en medio del huayco de novedades e implicaciones, un análisis ajeno a esa palpitante actualidad.

En esa mirada de larga duración el peor error sería terminar pensando que la corrupción es Odebrecht o que la corrupción son los capitales brasileros. Pensar así es la manera más segura de repetir aquel error del 2000 cuando se pensó que la corrupción se limitaba al entorno montesinita y se procedió en consecuencia. Hoy podríamos decir que se procedió de manera tal que la corrupción salga robustecida, empoderada, en capacidad de hacer más daño y por más tiempo.

Lo bueno de hablar fuera del siglo, amigos, es que uno deja de arañarse como casi todos los demás. Porque en cada palabra que escribo corro el riesgo de enojarme más, de descorazonarme más, de sentirme menos. Y eso que con Toledo pensé lo peor desde el día uno. Cómo se sentirán los que lo apoyaron.

Atrás arañazos. Recuperemos análisis.

Me apoyaré por un segundo (no da para más) en los que creen ver en esta una crisis de oportunidad para que el gobierno y el pueblo fundemos un nuevo pacto social que deje atrás la corrupción. Para eso se precisa de un gobierno que repudie, por ejemplo, las adendas de los contratos que son el vehículo corruptor. Un gobierno capaz de romper con un esquema sospechosamente sesgado al que nos hemos acostumbrado. Y si llegásemos a esa conclusión e iniciáramos semejante cruzada sería bueno tener en cuenta que esta guerra no se gana con leyes nuevas.

Establecidas estas saludables atingencias, ¿ustedes creen que el gobierno de PPK podría asumir alguna de esas banderas luego de haber cruzado la línea del Gallo con el aeropuerto de Chinchero y el inaceptable favorecimiento a un grupo privado?

¿Cómo lo van a explicar cuando tengan que desfilar por el Congreso? ¿Van a decir a coro que fue un acto de amor? No pues. No insulten el pensamiento y disculpen las monjitas porque la tranquilidad dura muy poco. Hasta pronto.