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Mujer: ¿culpable de ser víctima?

Que yo sea como me da la gana no te da derecho a que me faltes el respeto.

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Mujer: ¿culpable de ser víctima?

Que yo sea como me da la gana no te da derecho a que me faltes el respeto.

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Mientras uno sonreía lleno de morbo, otro utilizaba la cámara para registrar el “gran acto”. El video difundido en redes que registra una violación a una persona sin conciencia ha suscitado diversos comentarios. Muchos respetables, por supuesto, pero otros que reflejan el maldito machismo que nos ataca, declarándonos culpables por ser víctimas de las bajezas de individuos como ellos.

Dicen, por ejemplo, que probablemente aquella mujer habría provocado al animal durante una etapa de cortejo y que luego se arrepintió: como eso NO SE LE HACE A UN HOMBRE, entonces que ella asuma las consecuencias. Peor aún, diversos comentarios señalan que de haber sido familiares de esa mujer también le dirían que por haber consumido alcohol se puso en peligro: por eso tiene la culpa y se merece lo que ha vivido.

Qué frescura para más grande. En el material, aquel animal deja notar que se encuentra por lo menos consciente de lo que está realizando y que hasta le parece heroico, mientras que la mujer deja caer sus extremidades peor que una cometa cuando no hay viento. Sin lugar a dudas, se encontraba incapacitada para decidir.

Entonces, ¿cómo es posible afirmar que somos nosotras quienes nos exponemos al tomar alcohol en exceso? Ojo, no pienso que la vida deba ser un libertinaje lleno de alcohol y demás elementos, pero es insostenible decir que las copas sean causal de exoneración de responsabilidad para el que comete algún delito contra la que las bebe. Pues, como dice la penalista Cynthia Corrales, no hay que confundir la moral con el derecho. Que yo sea cómo me da la gana no te da ningún derecho a que me faltes el respeto.

Eso no entienden los machistas del Perú. Y por eso, para ellos, somos culpables de ser víctimas.


Jugando con fuego

Chinchero y el contralor son el capítulo de turno de la telenovela nacional, pero en simultáneo las carencias y violencia de nuestra sociedad parecen haber pasado a un segundo plano.

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Chinchero y el contralor son el capítulo de turno de la telenovela nacional, pero en simultáneo las carencias y violencia de nuestra sociedad parecen haber pasado a un segundo plano.
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Jugando con fuego

Chinchero y el contralor son el capítulo de turno de la telenovela nacional, pero en simultáneo las carencias y violencia de nuestra sociedad parecen haber pasado a un segundo plano.

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Aunque me sigan tildando de "fujimorista" (como si fuera el peor insulto imaginable), seguiré insistiendo que si hubiera ganado Fuerza Popular tendríamos objetivos más claros como país y se sentiría mayor liderazgo y luz al final del túnel. La forma en que el Gobierno está manejando el tema de Chinchero y del contralor que se aferra al cargo con todo tipo de justificaciones— es el capítulo de turno de la telenovela nacional pero, ojo, en simultáneo las carencias, podredumbre y violencia de nuestra sociedad parecen haber pasado a segundo plano.

En unos días se realizará la interpelación de Basombrío por la participación del Movadef en la marcha por el Día del Trabajo; sin embargo, tan grave como ello son los temas de seguridad ciudadana del día a día. No debemos dejarnos engañar por las "percepciones".

Ejemplo: según una encuesta publicada en abril pasado la "percepción" de inseguridad se ha reducido de 75% a 68%, empero, ¡hechos aislados impactan temporalmente estas mediciones públicas mientras las dificultades siguen tan vigentes como siempre!

Según investigaciones del Instituto Igarapé (Brasil), en el año 2016 43 de las cincuenta ciudades y 8 de los 10 primeros países más peligrosos del mundo se encuentran en Latinoamérica y el Caribe, destacando que esta parte del planeta concentra solo el 8% de la población, pero el 33% de los homicidios. Como a nadie sorprende, Caracas encabeza la lista con 130 homicidios por cada 100,000 habitantes, estadísticas que aunque recientes no incluyen a las víctimas de los disturbios y manifestaciones contra su gobierno de los últimos dos meses.

Lima tiene una tasa de 7.2  por cada 100 mil, lo cual comparativamente es muy inferior pero no significa que hayamos mejorado. El homicidio es quizás el hecho más violento,  que contra las mujeres y niños se manifiesta con desgarradora crudeza. No tenemos que ir muy atrás; esta semana el país ha estado plagado de femenicidios escalofriantes, cubiertos con relativa timidez por los medios si consideramos la magnitud de un problema que no somos capaces de enfrentar. ¡El vocabulario queda chico para describir el horror de los hechos!

En el Perú, el 27% de la población ha sufrido un hecho delictivo, sin embargo, solo el 14% lo ha denunciado, básicamente porque piensan que es una pérdida de tiempo. En la negada hipótesis de que se hagan investigaciones y se atrapen a los culpables, generalmente son puestos rápidamente en libertad. Hay una total falta de confianza en nuestro sistema de administración de justicia. Si apenas pueden con los peces gordos de la corrupción y se deshacen en excusas para justificar la demora del proceso de extradición de Alejandro Toledo, el robo de un celular o el asalto a una vivienda está en el mínimo de sus prioridades.

El Ministerio del Interior ha implementado diversas medidas para combatir la inseguridad: recompensas por captura de criminales, operativos contra mafias organizadas, mayor numero efectivos policiales pero, ¿estamos midiendo los resultados? ¿De qué sirven acciones que no se monitorean con indicadores de eficacia? ¿O eran solo para la foto de los primeros cien días?

Según información del Observatorio Ciudadano “Lima, cómo vamos” publicada a fines de diciembre de 2016, en la capital hay 1 policía por cada 1200 personas. El último censo de INEI determinó 1 por cada 856 habitantes a nivel nacional mientras que el informe de Mininter, publicado en el 2017,  nos informa que hay 1 policía por cada 240 habitantes o 124 mil para todo el Perú. Absoluta incoherencia en las estadísticas pero, en todo caso, lo recomendado por la Oficina de Drogas y Delito de la ONU es un mínimo de 300 policías por cada cien mil habitantes, cifra que lamentablemente no alcanzamos ni por asomo.

Sugiero leer un artículo publicado por The Economist en su edición de mediados de mayo último: “As crime dries up, Japan’s police hunts for things to do”. Informa como la tasa de criminalidad en Japón es casi inexistente (el nivel de homicidios es de 0.3 por cada 100,000 habitantes y solo hubo un tiroteo en el 2015). También podríamos preguntarnos por qué hay escasez de delincuentes en Holanda, lo que ha determinado que cierren 19 instituciones carcelarias durante el año 2016 y algunas otras las alquilen a países vecinos.

¿Por qué nuestra situación de país subdesarrollado nos pone trabas mentales (al margen de las económicas) y no somos capaces de mirar mejores prácticas? Algún aprendizaje podríamos lograr, algunas veces es sólo falta de ganas.


¡Los hombres a la acción!

¿Y si los incorporamos de lleno en la lucha contra el machismo?

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Cuando el problema es demasiado grande y nada ha funcionado, hay que pensar diferente y arriesgarse. Finalmente, el mayor pasivo sería tener que regresar al punto de partida y perder un poco más de tiempo, de ese inmenso e interminable espacio que ya ha transcurrido sin resultados.

Todos sabemos que el tema de la violencia de género en el país y en el mundo sigue creciendo y ello se refleja en las estadísticas, aunque ya no sea tan relevante el porcentaje en sí mismo (porque los números pueden resultar engañosos por la carencia de denuncias) sino más bien reconocer que el tema se está desbordando y que tiene que enfrentarse con firmeza y rompiendo paradigmas.

Algunos presidentes como Donald Trump, quien hoy encabeza el país más importante del mundo, son reconocidos machistas. Trump, por ejemplo, hizo gala de ese sesgo durante toda su campaña presidencial. “Qué mujer tan asquerosa”, dijo aludiendo a Hillary Clinton. “Le salía sangre de los ojos y de todos los sitios” fue otro comentario que se refería a la periodista de Fox News Megyn Kelly, lo cual evidentemente se interpretó como una insinuación a que pudiera estar menstruando. ¡Vergonzoso!   

Rodrigo Duterte quien más que presidente parece el dueño de Filipinas— hace pocos días se atrevió a declarar ante un grupo de soldados “si violas a tres, lo asumiré, yo me ocupo. Yo iré a la cárcel por ustedes”.

A pesar de estos “líderes” (caracterizados por su carencia de empatía, inteligencia emocional e incapacidad de reconocer el daño exponencial que generan sus actos y declaraciones), el mundo se levanta contra el machismo y contra la violencia de género, que hace mucho escapó del ámbito privado y concentra la atención de las políticas públicas. Recientemente Mercedes Aráoz declaró que uno de los principales objetivos de este gobierno es acabar con la violencia de género y tener un país libre del flagelo al 2021. Celebro su optimismo; empero debe ir de la mano de iniciativas y acciones drásticas que no acompañaron sus declaraciones. ¡Más de lo mismo no es suficiente!

Soy partidaria de la pena de muerte para algunos casos de feminicidio muy brutales o violaciones de menores de siete años de edad, como ha sido propuesto por algunos candidatos durante sus campañas presidenciales. Desafortunadamente es un tema complicado y laborioso (habría que denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos suscrita por el Perú el 28 de julio de 1978 y modificar el artículo 140 de la Constitución) y una discusión que dividiría al país y reabriría heridas. Ya hay demasiada hostilidad con los sucesos de corrupción recientes como para dar paso a otro tema desgastante y confrontacional.

Aparte, muchos de sus detractores invocan con buenos argumentos, por cierto – que una mayor severidad de las sanciones no erradica el problema.

Sin embargo, me pregunto: ¿no es también una suerte de “pena de muerte” para las mujeres y niños la inacción del Estado y la sociedad y la incapacidad de frenar la violencia en su contra? ¿Acaso la “pena de muerte” es solo aquella establecida por ley?

En el año 2016, en Sudáfrica, bajo el hashtag #NotInMyName (no en mi nombre) se creó un movimiento ciudadano, liderado por hombres, para protestar contra la violencia machista y desatar una guerra contra el abuso de la mujer y el feminicidio. En Barcelona existe la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) que convocan permanentemente ruedas de hombres contra la violencia machista en diferentes ciudades de todo el territorio español cuyas acciones han tenido bastante éxito.

Ya se ha dicho y escrito respecto a capacitar mejor a los policías y jueces, dotar de mayor presupuesto a las acciones preventivas destinadas a proteger a la mujer y a la familia, capacitar a los profesores y sicólogos de las escuelas para que sepan distinguir actitudes machistas en los niños y las trabajen con los padres con el fin de erradicarlas de raíz, establecer mecanismos de denuncia anónima para comportamientos de discriminación en lugares públicos, etc. Hoy, además de todo lo anterior, considero que una buena solución para el Perú sería involucrar más a los propios hombres en la lucha contra el machismo.

El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables debería estar liderado por un hombre. Las casas de la mujer, los centros de apoyo, las comisarías de mujeres deberían estar integradas, en su mayor parte, por varones. Es indispensable que se sensibilicen con el problema directamente, que no sean ajenos a esta lucha, que lo vean con sus propios ojos y  se sientan protagonistas.

¡Los hombres cumplen un rol fundamental en esta lucha contra la violencia de género y, si no se han dado cuenta todavía, es hora que lo internalicen! Señor presidente, solo pido que lo evalúe.