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Mitad periodistas, mitad activistas

Es obvio que a personas tan informadas como Salinas y Ugaz no se les puede escapar el hecho de que la mayoría de los delitos imputados a Figari ha prescrito, porque así lo estipula nuestro código penal.

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Es obvio que a personas tan informadas como Salinas y Ugaz no se les puede escapar el hecho de que la mayoría de los delitos imputados a Figari ha prescrito, porque así lo estipula nuestro código penal.
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Mitad periodistas, mitad activistas

Es obvio que a personas tan informadas como Salinas y Ugaz no se les puede escapar el hecho de que la mayoría de los delitos imputados a Figari ha prescrito, porque así lo estipula nuestro código penal.

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Se ha desatado una ola de indignación en las redes sociales, a la que se ha sumado la de varios colegas periodistas, por el archivamiento de la denuncia contra el capitoste y fundador del Sodalicio de Vida Cristiana por los delitos de violación sexual, lesiones graves, secuestro y asociación ilícita para delinquir. Es decir, Luis Figari no será encausado por la justicia.

Aquí lo importante no es de qué colores ve a la Virgen María o al Corazón de Jesús que tiene colgado en su escritorio la fiscal María del Pilar Peralta. Tampoco sus apreciaciones absurdas sobre la vida exitosa que han tenido las supuestas víctimas de Figari. Lo importante es lo que dice la Ley y punto. Y lo primero que analiza cualquier fiscal es si los supuestos delitos a investigar han prescrito o no pues, si hubieran prescrito, Figari podría haberlos cometido y no le pasaría nada (en este mundo).

Que Figari realizó una serie de abusos y delitos es la posición del periodista Pedro Salinas así como de su coautora Paola Ugaz en el bestseller "Mitad monjes, mitad soldados". Su investigación, ganadora de un premio periodístico, puede haber sido impecable pero ello es irrelevante cuando del plano periodístico se salta al del derecho y la administración de justicia.

Es obvio que para personas tan informadas como Salinas y Ugaz no puede escapar el hecho de que la mayoría de los delitos imputados, a diferencia de otros países donde no prescriben (como por ejemplo en los Estados Unidos), han prescrito porque así lo estipula nuestro código penal.

Solo delitos considerados por el orden jurídico internacional como de lesa humanidad (pues en el Perú no existe esa figura) son imprescriptibles. No parece ser el caso de los que Salinas y Ugaz le imputan a Figari. La denuncia interpuesta sería entonces fruto de un mal consejo jurídico o, simplemente, parte de una campaña cuyo objeto trasciende el de una eventual responsabilidad penal.

Así pues, no hay motivo para la indignación contra la administración de justicia que simplemente está obligada a aplicar las leyes vigentes, independientemente de si la fiscal del caso sea atea, mormona o devota de la beatita de Humay. Entre gitanos, pues, no nos vamos a leer las manos.


El Sodalicio, la fiscal y el Congreso

¿Por qué la ministra de Justicia no muestra públicamente su preocupación por la reiterada sensación de impunidad?

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Cuando hablamos de violadores o de abusadores sexuales, estamos hablando de monstruos disfrazados, de personas sexual y psicológicamente cobardes, de gente espuria, de auténticos símbolos de rechazo social. De gente corrupta desde su alma, de pervertidos e insanos. También de actos inauditos de violencia física y psicológica.

Esto, además, se agrava cuando se trata de sujetos que utilizaron la imagen protectora de la religión y los principios altruistas de instituciones de buen fin para manipular, seducir, maltratar y finalmente ultrajar repito: ultrajar— a jóvenes adolescentes que confiaban en ellos. Gente que se maquilló bajo un discurso solidario y espiritual para abusar de jóvenes inexpertos e indefensos frente a su nivel de manipulación y de mentira; jóvenes que confiaban en ellos al igual que sus padres y familias en general.

Por eso indigna la resolución de la fiscal que archivó la denuncia contra el fundador del Sodalicio; porque resulta “pintoresco” que una fiscal, muy suelta de huesos, pueda argumentar en su resolución que las víctimas “son en la actualidad personas exitosas”, y que “no hay secuelas psicológicas” en ellos. No irrita la argumentación procesal o el tema de la prescripción, sino ligereza con la que aparentemente ha tratado un tema que ha circulado ampliamente en las redes sociales y que sigue dando que hablar aquí y en el extranjero.

Nadie en su sano juicio duda de la verosimilitud de las historias denunciadas, más allá de que tengan que ser probadas (ni que los denunciantes fueran locos para inventarse semejantes testimonios). Como será de verosímil la acusación que el Sodalicio está pagando en la actualidad las terapias de varios de los abusados.

Y la metáfora acuñada por la fiscal del caso es contundente: hay temas que es mejor no ventilar. Hay sectores de la sociedad que gozan de impunidad. Y es mejor dejarlo así.

Uno se pregunta si la ministra de Justicia no debería ser la primera en mostrarse preocupada por la reiterada sensación de impunidad que está colmando la paciencia de la población. A ella le toca atender los sentimientos de la ciudadanía y canalizar institucionalmente el fastidio y/o el malestar que existe en temas relacionados a su sector. Nada de eso ocurre. No parece darse cuenta de que nos estamos acercando a un desborde de indignación, de que la gente está harta y cansada.

Felizmente, el Congreso ha reaccionado de otra manera y ha anunciado que se investigará a fondo este vergonzoso capítulo. Se creará una comisión ad hoc y se abrirá finalmente un espacio para la escucha, la contención, la comprobación de los testimonios, la justicia de ser el caso, y la reparación simbólica en relación a un tema que hace daño a la Iglesia, y que avergüenza a propios y extraños.


Mujer: ¿culpable de ser víctima?

Que yo sea como me da la gana no te da derecho a que me faltes el respeto.

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Mientras uno sonreía lleno de morbo, otro utilizaba la cámara para registrar el “gran acto”. El video difundido en redes que registra una violación a una persona sin conciencia ha suscitado diversos comentarios. Muchos respetables, por supuesto, pero otros que reflejan el maldito machismo que nos ataca, declarándonos culpables por ser víctimas de las bajezas de individuos como ellos.

Dicen, por ejemplo, que probablemente aquella mujer habría provocado al animal durante una etapa de cortejo y que luego se arrepintió: como eso NO SE LE HACE A UN HOMBRE, entonces que ella asuma las consecuencias. Peor aún, diversos comentarios señalan que de haber sido familiares de esa mujer también le dirían que por haber consumido alcohol se puso en peligro: por eso tiene la culpa y se merece lo que ha vivido.

Qué frescura para más grande. En el material, aquel animal deja notar que se encuentra por lo menos consciente de lo que está realizando y que hasta le parece heroico, mientras que la mujer deja caer sus extremidades peor que una cometa cuando no hay viento. Sin lugar a dudas, se encontraba incapacitada para decidir.

Entonces, ¿cómo es posible afirmar que somos nosotras quienes nos exponemos al tomar alcohol en exceso? Ojo, no pienso que la vida deba ser un libertinaje lleno de alcohol y demás elementos, pero es insostenible decir que las copas sean causal de exoneración de responsabilidad para el que comete algún delito contra la que las bebe. Pues, como dice la penalista Cynthia Corrales, no hay que confundir la moral con el derecho. Que yo sea cómo me da la gana no te da ningún derecho a que me faltes el respeto.

Eso no entienden los machistas del Perú. Y por eso, para ellos, somos culpables de ser víctimas.