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Esterilizaciones: camino a la verdad

Es hora de iniciar una nueva época de reconciliación en temas de género.

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Esterilizaciones: camino a la verdad

Es hora de iniciar una nueva época de reconciliación en temas de género.

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Después de escuchar a Keiko Fujimori en Harvard solidarizarse con las mujeres esterilizadas contra su voluntad en la década de los noventa, no puedo sino estar totalmente de acuerdo con ella y felicitarla porque podría ser el comienzo de una nueva época de reconciliación en temas de género.

Han pasado dos décadas y aún no sabemos la verdad de los hechos. Las cifras se estiman entre 200 y 300 mil víctimas de las zonas más deprimidas y vulnerables del país pero solo hay evidencia concreta de 2 mil casos. Se reportaron 18 muertes por estos abusos. Mientras que el Colegio Médico afirma que a ellos los obligaban a esterilizar entre 200 y 300 mujeres al mes, Alberto Fujimori y sus ministros de entonces insisten en que esto nunca pasó. 

Amnistía Internacional viene solicitando abrir un registro único de víctimas. Después de tanto tiempo este vil ataque a mujeres de las zonas más deprimidas de la Patria permanece en la nebulosa cuántas mujeres fueron sometidas a estas esterilizaciones. ¿Dónde están? ¿Qué consecuencias físicas y psicológicas presentan las víctimas hoy? ¿Quién dio la orden para efectuar esta campaña mal denominada AQV (Asistencia Quirúrgica Voluntaria)? ¿Fue una política de Estado? ¿Cuál fue su objetivo? ¿Reducir drásticamente las cifras de pobreza extrema o eliminar una etnia en forma grosera? ¿Estamos frente a un genocidio?

Es el momento de crear un Comisión de la Verdad sobre las esterilizaciones forzadas establecida como política de estado en el segundo gobierno de Alberto Fujimori. Es necesario que todos los líderes de los partidos políticos, juristas, comunicadores, personalidades y notables se pongan de acuerdo y empecemos de una vez por todas a conocer la verdad para empezar a cerrar las heridas que siguen expuestas.

Son dos décadas de incertidumbre y Keiko Fujimori ha sido tajante con el tema. Y aunque le ha traído críticas de sus propios seguidores, sostengo que no hay mejor forma de solidarizarse con las víctimas que conociendo la verdad.

Esta vez, no podría estar más de acuerdo contigo,  Keiko. El dolor de las mujeres peruanas no puede ser olvidado y el Perú entero debe hacer todo para conocer qué fue lo que pasó. ¡Hagámoslo ya!


De tsunamis y credos

Fuerte sismo en Ecuador estremece la piel del recuerdo.

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Es curioso observar cómo la naturaleza sigue reinando y nos tiene a su merced en pleno siglo XXI, por mucho que hayan cambiado los estilos de vida.

El reciente sismo en el  Ecuador, por ejemplo, nos pone a todos inmediatamente  en alerta de tsunami,  las poblaciones del litoral activan sus mecanismos de emergencia y hasta el Facebook, felizmente, nos asegura que los amigos que tenemos en la zona del sismo se encuentran bien. Así son los terremotos en pleno siglo XXI.

Qué diferencia con el sismo de 1749, la noche de San Judas, seguido por un tsunami que se llevó prácticamente todo el Callao. Nadie tenía entonces idea de algún peligro del océano y cuando los chalacos estaban todavía con los pelos de punta por el sismo, vino la ola gigante que no perdonó nada.

De la veintena de naves ancladas en la bahía solamente sobrevivieron tres o cuatro.  Estas se salvaron porque las aguas las elevaron por encima de la torre de las iglesias y cayeron a la altura del mercado. Donde todavía hay una placa recordatoria.

A los marineros de una de esas naves se les preguntó cuál había sido el peor momento. La respuesta  puede estremecer hasta a un surfer. Fue cuando estaban en la cresta de la ola y de pronto vieron abajo, bien abajo y empequeñecido… el perfil de la isla San Lorenzo.

Felizmente no llegó al minuto el fuerte sismo ecuatoriano del sábado, pues ha habido algunos extremadamente largos. El más largo de la historia fue, dicen, el de Arequipa en 1582. Pero, ¿cómo medir la duración de un sismo en un mundo sin relojes?

Y sin embargo no hay asomo de duda, ese fue el sismo más largo que registra nuestra historia. ¿Cómo se pudo determinar esto último?  Muy simple. Pasado el interminable sismo, la gran mayoría de arequipeños admitió, con la respiración aún agitada, que el final del largo remezón los había sorprendido entre el segundo y el tercer credo.

Ahora, échese un credo amable lector. Y sin correr, pronunciando clarito porque sino Papá Lindo no la va a entender. Una vez que haya terminado, empiece un segundo credo y saque usted su cuenta cuán interminable fue el terror. 


El Sodalicio, la fiscal y el Congreso

¿Por qué la ministra de Justicia no muestra públicamente su preocupación por la reiterada sensación de impunidad?

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Cuando hablamos de violadores o de abusadores sexuales, estamos hablando de monstruos disfrazados, de personas sexual y psicológicamente cobardes, de gente espuria, de auténticos símbolos de rechazo social. De gente corrupta desde su alma, de pervertidos e insanos. También de actos inauditos de violencia física y psicológica.

Esto, además, se agrava cuando se trata de sujetos que utilizaron la imagen protectora de la religión y los principios altruistas de instituciones de buen fin para manipular, seducir, maltratar y finalmente ultrajar repito: ultrajar— a jóvenes adolescentes que confiaban en ellos. Gente que se maquilló bajo un discurso solidario y espiritual para abusar de jóvenes inexpertos e indefensos frente a su nivel de manipulación y de mentira; jóvenes que confiaban en ellos al igual que sus padres y familias en general.

Por eso indigna la resolución de la fiscal que archivó la denuncia contra el fundador del Sodalicio; porque resulta “pintoresco” que una fiscal, muy suelta de huesos, pueda argumentar en su resolución que las víctimas “son en la actualidad personas exitosas”, y que “no hay secuelas psicológicas” en ellos. No irrita la argumentación procesal o el tema de la prescripción, sino ligereza con la que aparentemente ha tratado un tema que ha circulado ampliamente en las redes sociales y que sigue dando que hablar aquí y en el extranjero.

Nadie en su sano juicio duda de la verosimilitud de las historias denunciadas, más allá de que tengan que ser probadas (ni que los denunciantes fueran locos para inventarse semejantes testimonios). Como será de verosímil la acusación que el Sodalicio está pagando en la actualidad las terapias de varios de los abusados.

Y la metáfora acuñada por la fiscal del caso es contundente: hay temas que es mejor no ventilar. Hay sectores de la sociedad que gozan de impunidad. Y es mejor dejarlo así.

Uno se pregunta si la ministra de Justicia no debería ser la primera en mostrarse preocupada por la reiterada sensación de impunidad que está colmando la paciencia de la población. A ella le toca atender los sentimientos de la ciudadanía y canalizar institucionalmente el fastidio y/o el malestar que existe en temas relacionados a su sector. Nada de eso ocurre. No parece darse cuenta de que nos estamos acercando a un desborde de indignación, de que la gente está harta y cansada.

Felizmente, el Congreso ha reaccionado de otra manera y ha anunciado que se investigará a fondo este vergonzoso capítulo. Se creará una comisión ad hoc y se abrirá finalmente un espacio para la escucha, la contención, la comprobación de los testimonios, la justicia de ser el caso, y la reparación simbólica en relación a un tema que hace daño a la Iglesia, y que avergüenza a propios y extraños.