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¿Hay o no hay gobierno en el Perú?

Si la izquierda dice que falta Estado, pues démosle todo el poder del Estado en la cara. El diálogo terminó.

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Si la izquierda dice que falta Estado, pues démosle todo el poder del Estado en la cara. El diálogo terminó.

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Ayer, en este mismo espacio, expresé que en Islay en particular y Arequipa en general, ya no estaba en juego el futuro de ningún proyecto minero ni tampoco el de ninguna empresa privada, sino el de la credibilidad y legitimidad del Estado peruano y su gobierno. Hoy, varios líderes de opinión han reflexionado en el mismo sentido. En efecto, si Tía María y la Southern “ya fueron” es porque no son hoy el tema de la agenda pública.


El tema de la agenda es si hay o no hay gobierno en el Perú. Si el Estado de derecho y sus instituciones pueden ser desafiados impunemente por las turbas de cualquier sesgo, si la buena fe de las autoridades políticas puede ser burlada por inescrupulosos con agenda propia, si el diálogo como instrumento democrático puede ser pisoteado por la ignorancia o el extremismo faccioso; en fin: si la Constitución y las leyes rigen la república o están pintadas en la pared. Esa es la agenda.


Yo soy absolutamente contrario al consejo taimado de los que dicen que “hay que esperar a que las cosas se enfríen”. No, señor. “Esperar a que las cosas se enfríen” a estas alturas significa políticamente que ya no hay Estado porque este se ha puesto de rodillas. ¿Y quién respeta a alguien que se pone de rodillas? ¿Qué sigue mañana? ¿Inclinar la cabeza para el tajo de la guillotina? El Estado no se puede replegar, no puede dejar el espacio vacío a sus enemigos. Aquí ya no se trata de “retiradas estratégicas”.


Entiéndanlo bien: ya no hay donde más retirarse porque atrás solo está el precipicio. Esa es la señal que esperan los que buscan el desmoronamiento de todo lo avanzado en los últimos 25 años. Eso, el objetivo de quienes quieren un Estado al capricho de su medida.


¿La izquierda dice que falta Estado? Pues démosle todo el poder del Estado en la cara. El diálogo terminó. El gobierno cumplió más de la cuenta. Lo han dejado sentado por enésima vez. Ahora solo toca reprimir hasta que se reinstaure el orden —dure lo que dure y cueste lo que cueste—.


El Perú es una república unitaria: no caben regiones rebeldes. Ese es el principio político y moral para cualquier intervención armada. Dejemos de insultar al presidente. Todos debemos estar unidos por la república, para defenderla de la anarquía.