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¿Quién es el dueño de la pelota?

El Estado es quien manda; por eso cuando pierde perdemos todos los peruanos.

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¿Quién es el dueño de la pelota?

El Estado es quien manda; por eso cuando pierde perdemos todos los peruanos.

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El Estado es quien manda sin duda alguna, indistintamente del color político del gobierno de turno. Hace las reglas y luego las excepciones que solo se aplican en su beneficio, pero cuando pierde perdemos también casi todos los peruanos.

Algunos ejemplos:

1. El Tribunal Fiscal ha expedido la resolución RTF No. 01695-Q-2017, de observancia obligatoria, mediante la que dispone que aun cuando no exista un pronunciamiento definitivo que ordene a la Sunat la devolución del impuesto, el fisco puede oponer la excepción de prescripción y negarse a pagar al contribuyente. Interpretación demasiado lata y caprichosa de una figura excepcional como la “prescripción”.

El Estado siempre gana. “Papá MEF” no les permite fallar en contra porque se impacta la Caja Fiscal y con ello, sus bolsillitos. Estos abusos son los costos (no tan ocultos) de la formalidad. La promesa de una Sunat amigable y justa se quedó en el tintero, literalmente. Ahora las cartas inductivas tienen otro nombre y un lenguaje más amable, pero los procesos de fiscalización siguen siendo igualmente agresivos y complicados para el contribuyente. ¡El fantasma no ha desaparecido; el Estado siempre gana!

2. La presidenta de OEFA ha declarado recientemente que la entidad podría “desaparecer” si el TC le ordena devolver los cuestionados Aportes por Regulación a las empresas mineras que se encuentran impugnando la legalidad de su cobro desde hace varios años. En primer lugar, son declaraciones con tufillo a “chantaje”, resultan inaceptables si tratan de poner presión al órgano jurisdiccional. Luego, si le ordenan devolver podría hacerlo gradualmente y le tocará hacer un recorte de gastos y sustentar la necesidad de ampliaciones presupuestales. En todo caso, debieron aprovisionarla como corresponde.

Recordemos que este tributo es discriminatorio por cuanto no aplica a las empresas mineras en exploración, a pesar de que están igualmente sujetas a supervisión, y porque su monto es desproporcionado respecto de los servicios que se recibe. Como era de esperarse, Diario UNO en su edición del miércoles pasado sesgadamente denuncia las acciones legítimas de las empresas mineras para hacer valer sus derechos, bajo el titular “Maniobra empresarial a punto de eliminar a OEFA”.

La verdad de la milanesa es que el ministro Pulgar Vidal necesitaba fondos para financiar la COP20 realizada en Lima a fines del 2014 (que fue su trampolín a la fama internacional), y que no tuvo mejor idea que hacerlo a través de OEFA (elevadas multas y confiscatorios aportes por regulación) para luego coordinar transferencias presupuestales al MINAM. ¡Así cualquiera!

Aparte de que OEFA ya recobró su facultad sancionadora, por lo que nuevamente empezará la danza de las multas. Por donde lo mire, el Estado siempre gana.

3. ¿Por qué los contribuyentes tenemos que pagar por la mala gestión en el gasto corriente? El edificio de Petroperú, ubicado en el corazón financiero de la ciudad, fácilmente alcanza el valor de US$160 millones. Actualmente funcionan ahí el Ministerio de Vivienda y Construcción, Proinversión y Ceplan, los mismos que deben pagar una renta altísima, así como arbitrios y mantenimiento, a sabiendas de que todo es más caro en San Isidro.

Hay otros muchos inmuebles del Estado con ubicación privilegiada, que podrían generarle una alta rentabilidad. No se necesita ser muy sabio para caer en la cuenta: es un típico caso del Estado contra el Estado. ¡Todos perdemos!

4. ¿Por qué el presupuesto de viajes de las entidades públicas es elástico y complaciente? ¿Por qué siempre hay lenguaje florido en las resoluciones publicadas en El Peruano para justificar los periplos más irracionales? Se supone que todos los organismos estatales tienen medidas de austeridad y disciplina en el gasto; sin embargo, en la exclusión está la trampa.

Lo que más llama la atención, es la diferencia en el precio de los pasajes para un mismo destino. Sabemos que ello depende de la oportunidad de compra y días de estadía, pero, ¿dónde quedo la capacidad de adquisición del Estado? ¿Por qué una empresa cualquiera, cuyos volúmenes no se comparan con el Estado, es capaz de establecer tarifas corporativas y aquel sí paga precios capricho? Aquí me queda clarísimo que siempre perdemos la mayoría de peruanos (y, bueno, son nuestros impuestos malgastados), y que hay muchos felices ganadores (¡viajeros incluidos, por supuesto!).