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PPK, divide y vencerás

Es el camino intermedio para sortear el asedio fujimorista.

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PPK, divide y vencerás

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No había que ser adivino para prever que el gobierno de PPK iba a sufrir en términos de manejo político. Lo que está ocurriendo, sin embargo, supera las expectativas de cualquier analista. En menos de un año, el fujimorismo lleva un ministro censurado (Saavedra) y otro que —seamos sinceros— renunció solo para evitar una inminente censura (Vizcarra). Hay, además, otros dos ministros camino al patíbulo (Basombrío y Thorne) y por lo menos una más esperando su turno (García).

Es imprescindible que quede clara la diferencia: una cosa es presionar al gobierno y otra tenerlo cogido del cuello. Lo segundo (que está ocurriendo) deriva en una parálisis del aparato público que el país no tiene por qué aguantar. ¿Quién podría comprometerse con sacar adelante proyectos y reformas en sectores clave como educación, salud, seguridad o transportes si sabe que el próximo mes quizás no esté en el cargo? Hay temas demasiado urgentes por resolver como para estancarse en esa dinámica.

Lo cuestionable no es el uso del mecanismo de censura, sino la ausencia de los argumentos de alto vuelo imprescindibles para tomar, o amenazar con tomar, tal decisión. El bochornoso caso de Saavedra es paradigmático en ese sentido (¡esa interpelación hasta ahora da vergüenza!). Censurar a un ministro requiere de una profunda reflexión en torno a un hecho grave o a una inutilidad comprobada. Hasta ahora solo el fiasco de Chinchero justificaba abrir ese debate, pero un observador imparcial habría privilegiado la demostrada capacidad de Vizcarra para liderar la reconstrucción, asegurándose –por supuesto– de que el error de la adenda fuera subsanado.

Pero once meses después, esta actitud beligerante del fujimorismo ya no tendría por qué sorprender al gobierno. Por el contrario, PPK debería tener claro que enfrenta una guerra política declarada desde el caso Saavedra, y que su principal prioridad hoy debe ser ganarla –o al menos controlarla– por el bien del país. Recordemos que en la política, como en la vida, no se debe negociar con quien abusa de su posición de poder, pues los términos de esa negociación no pasarán de ser la aceptación de una derrota. Y eso no tendría sentido: ¿para qué se votó si iba a terminar gobernando el perdedor?

Quienes concuerdan con esta secuencia de ideas tienden a pensar que, descartado el camino de la subordinación, a PPK le queda solo la cuestión de confianza como salida para poder gobernar. Esta opción, que hace seis meses hubiera sido una movida audaz para recuperar poder frente a la oposición, cada vez se torna más difícil. El respaldo popular del gobierno ha caído en los últimos meses a consecuencia de sus propios tropiezos, y PPK ya se mostró como un presidente vacilante para liderar un proceso de esa naturaleza. Aunque todavía válida, la cuestión de confianza es cada vez más riesgosa. 

Hay, sin embargo, un camino intermedio para sortear el asedio fujimorista. ‘Divide y vencerás’ es un adagio casi tan antiguo como la política misma. Se le atribuye al dictador romano Julio César (divide et impera) y su lógica es bien simple: si no puedes contra una fuerza, aprovecha sus fisuras y pártela. Solo entonces enfréntate a ella.

Y por supuesto que el fujimorismo tiene fisuras. Hay un grupo en desacuerdo con la conducción política de la cúpula ‘mototaxi’ y el manejo tras bambalinas de Ana Vega y Pier Figari. Además, parece haber una clara división dentro del partido entre keikistas y albertistas (estos últimos liderados por Kenji).

En el periodo parlamentario 2006-2011, el Apra gobernó con apenas 36 congresistas. Alan García era experto en engatusar rivales políticos, incluidos algunos nacionalistas, para que voten por las propuestas del Apra. Es cierto que PPK no la tiene más difícil que García por un tema numérico sino por su incapacidad política, pero el presidente demostró en campaña que es un hombre pragmático capaz de adaptarse. Ya en agosto del año pasado declaró a El País su intención de “jalarse” congresistas fujimoristas. Su principal reto, entonces, es encontrar operadores políticos leales y con capacidad estratégica.

“La victoria está reservada para aquellos dispuestos a pagar su precio”, escribió el estratega militar chino Sun Tzu, autor de El Arte de la Guerra. El Perú ya no es la nación boyante de hace diez años. Hoy es un país que debe enfrentarse a sus problemas estructurales (inseguridad, informalidad, corrupción, pobreza) atrapado en la desaceleración económica y golpeado por desastres naturales. Es necesario repetirlo: hoy el Perú no puede darse el lujo de tener un Estado atado de manos. Y si negociar el indulto a Alberto Fujimori* es el precio que el Ejecutivo debe pagar para terminar de romper el bloque albertista y asegurar su apoyo, quizás sea momento de que PPK levante el teléfono y marque el celular de Kenji.

Ya sea por el camino de la cuestión de confianza o por el de agudizar las fisuras fujimoristas, hoy está claro que la batalla que PPK tendrá que enfrentar para poder gobernar será dura. Lo que no debe olvidar es que sobre sus hombros carga el voto de más de ocho millones y medio de peruanos, quienes le dijeron que no querían un gobierno fujimorista, ni real ni asolapado. Sea por un camino o por otro, PPK debe actuar ya.

*Aunque moralmente considero que Fujimori debería cumplir su condena en prisión, el indulto es jurídicamente posible.