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CNDDHH: uso y abuso de los dd. hh.

Ser juez y parte en el conflicto minero es un atentado contra los derechos humanos y una burla a la opinión pública nacional y mundial.

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CNDDHH: uso y abuso de los dd. hh.

Ser juez y parte en el conflicto minero es un atentado contra los derechos humanos y una burla a la opinión pública nacional y mundial.

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Es verdaderamente increíble, por indignante, el desparpajo de un comunicado de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, aparecido este viernes, sobre los sucesos relacionados con las protestas por el proyecto minero Tía María en Arequipa. Y lo es porque la contundencia de lo dicho por CNDDHH solo sería posible si esta organización guardara un mínimo estándar de objetividad y neutralidad al momento de pronunciarse sobre el tema de las protestas mineras y sus consecuencias. Pero el asunto es que la CNDDHH carece en absoluto de esos estándares y, aún más, es JUEZ y PARTE en el conflicto minero. Y esto, por supuesto, es un uso y abuso de cualquier derecho humano y una burla a la opinión pública nacional y mundial.


"Denunciamos el uso del derecho penal para criminalizar la protesta social como estrategia sistemática del Estado Peruano (Conga, Espinar, Cañaris, Barranca, Sechura, Pichanaki, entre otros)", expresó la CNDDHH. Lo que NO dice NI denuncia la "coordinadora" es la estrategia sistemática del movimiento político del señor Marco Arana, Tierra y Libertad, y sus aliados nacionales, regionales o locales contra los grandes proyectos extractivos como Conga, Espinar, Cañaris, Barranca, Sechura, Pichanaki, entre otros.  


En otras palabras, si a la CNDDHH le parece que el señor Arana y sus aliados están en su derecho de fomentar sistemáticamente la “protesta social” contra la minería, ¿por qué no estaría el Estado en su derecho de aplicar la ley penal cuando se cometen crímenes contra los derechos humanos como la vida (“Sangre de tombo, violaremos a tus mujeres, comeremos a tus hijos” quizá haga reflexionar a la señora Rocío Silva Santiesteban), la libertad y la propiedad pública y privada de quienes no acompañan o se oponen a la “protesta social”?


Continúa el comunicado de la CNDDHH diciendo que "esta estrategia ha sido acompañada de un discurso deslegitimando la protesta, a los dirigentes y desoyendo a la población en general”. ¿Ah sí? ¿No es acaso la misma estrategia deslegitimadora llevada acabo por el señor Arana y sus aliados contra los directores de las empresas mineras y, en general, contra todos aquellos que desaprueban la protesta y a favor de la minería? ¿Por qué la estrategia del señor Arana es digna de encomio por la CNDDHH y la de los que están a favor de la minería, vituperable?


Finalmente, la "coordinadora" SENTENCIA: “Consideramos que luego de 32 días de protestas está claro que el proyecto minero Tía María de la empresa Southern Perú Cooper Corporation no tiene la licencia social necesaria para la implementación de cualquier actividad extractiva, en particular minera, en las cercanías de un valle agrícola altamente productivo”. Listo: el juez ha dicho la última palabra. Pero permítanme, aunque sea en desacato, decir la penúltima: lo que está claro —Y QUE NO DICE LA CNDDHH—, es que después de  meses (más de un año quizás) de que el señor Arana y sus aliados llevasen a cabo una estrategia sistemática contra la “licencia social” de cualquier actividad extractiva, en particular minera, es que se han producido esos 32 días de protesta que la CNDDHH felicita y ensalza.


Así pues, más allá de las relaciones personales —que, de existir, por transparencia y ética deberían hacerse públicas— entre el señor Arana y cualquier alto directivo de la CNDDHH, queda claro que la posición sobre la minería de la "coordinadora" es la misma que la del señor Arana y sus aliados, y que tanto la CNDDHH como la agrupación política del señor Arana y sus aliados forman un tándem contra cualquier gran actividad extractiva o minera en el país.


En síntesis, la CNDDHH usa y abusa de los derechos humanos politizándolos y degradándolos, al convertirse en juez y parte de una causa que ya tiene resuelta de antemano. Y eso es simplemente intolerable para el prestigio y la esencia de los dd. hh.



La ley del huaracazo

Piedras, incapacidad del Estado y cero diálogo en Islay

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El infierno desatado en Islay pone en evidencia que las protestas van más allá de las discrepancias: Tía María no solo es cuestión de una visión antiminera; Tía María también es la plataforma política de muchos dirigentes corruptos. Los huaracazos llegan con financiamiento y no les interesa que corra sangre.


Es cierto que el Estado es lento e incapaz para establecer diálogos preventivos con las comunidades. Por ejemplo, en Bagua, la Defensoría del Pueblo advirtió del peligro de una crisis social con ocho meses de anticipación de los sucesos. No importó. Se permitió que la gente fuera mal informada y manipulada.


Hoy, se repite en parte la historia y nos encontramos en medio de una crisis que empuja al país al despeñadero. La manipulación que ejercen muchos dirigentes ‘miserables’ con una población desinformada, tiene consecuencias letales. Ellos solo se interesan en su propia agenda política, una que persigue desestabilizar todo proyecto de grandes inversiones.


En este contexto, es clave considerar los estudios y argumentos ambientales: ningún ser humano debe vivir en lugares contaminados. Pero cuando las precauciones están garantizadas y no existe posibilidad de peligro, las cosas cambian. Eso no les conviene creer a los dirigentes corruptos.


El tema es: ¿por qué el Estado permite que estos dirigentes inescrupulosos desinformen a los pobladores? ¿Por qué reacciona tan tarde? ¿Dónde está el trabajo de los servicios de inteligencia cuando se les necesita? Nunca hubo respuesta satisfactoria y ahora se tiene que enfrentar el problema con miles de policías y militares para imponer el orden.



Y Colombia dijo NO

Más del cincuenta por ciento de colombianos que votaron no quiere una paz impuesta a cambio de otorgar privilegios a sus verdugos.

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Quienes asistimos a la Embajada de Colombia para la transmisión en vivo de la firma del Acuerdo de Paz, en atención a una amable invitación de la embajadora María Elvira Pombo, lo hicimos conscientes de que cada país tenía derecho a elegir su propio camino de pacificación y de que, de resultar aprobada tal vía por los hermanos colombianos, al mundo entero nos tocaba apoyar y permanecer vigilantes durante el proceso. Pues más allá de nuestros individuales pareceres, el acuerdo impactaría en los mismos paradigmas del derecho internacional.

Ciertamente, aquella noche del lunes 26 en la embajada, se notaba reserva en algunos asistentes frente a la impresionante puesta en escena. Se trató de una producción impecable cargada de símbolos —uno escalofriante, hay que admitirlo, fue el llamado "balígrafo" que utilizaron para firmar: una bala de ametralladora convertida en bolígrafo—, que aspiraba a ser al mismo tiempo un repaso y una reflexión sobre la violencia que debería dar paso a la reconciliación.

Pero hoy, por una diferencia de cincuenta mil votantes, Colombia ha dejado claro que cuesta olvidar décadas de sangre y que no quiere una paz impuesta a cambio de otorgar privilegios a quienes fueron sus principales verdugos. Democráticamente, más del cincuenta por ciento de colombianos que fueron a las urnas le han dado la espalda a quienes el lunes pasado se sentaron en ese enorme estrado en nombre de lo políticamente correcto.

De nada sirvió el espectáculo de guayaberas y pañuelos blancos, de cánticos conmovedores por parte de mujeres provenientes de una de las regiones más golpeadas por el terrorismo (habida cuenta de que hace poco un pronunciamiento de más de mil víctimas de las FARC había sido ignorado y los opositores nunca fueron incorporados al diálogo).

No. Han dejado a los presidentes amigos, a la ONU, OEA y demás organismos internacionales con los crespos hechos; a un presidente Santos debilitado, a un expresidente Uribe fortalecido, a un país dividido. Y la revolución del derecho internacional tendrá que esperar.

Y a mí ese dichoso balígrafo me sigue espeluznando (¿a quién pudo habérsele ocurrido?).