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Pioneros del cerro

Conozca la historia de quien dirigió la primera ocupación moderna del apu San Cristóbal.

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Pioneros del cerro

Conozca la historia de quien dirigió la primera ocupación moderna del apu San Cristóbal.

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En el verano de 1939 medio Lima conspiraba contra Benavides; la multitud gritaba los golazos de Lolo Fernández en la Copa América; y el diario La Crónica se maravillaba de un hecho inusual: al pie del cerro San Cristóbal de pronto se había formado otra ciudad. Había otras calles, otras ilusiones, otras personas.

Escarbando la evidencia, se descubre que habían llegado ahí en 1932. La mayoría era originaria de Cantagallo, barrio iqueño que desapareció por completo con las terribles inundaciones del 22 de febrero de dicho año. El cronista se asombra de la vigorosidad y pujanza de los nuevos pobladores y tres días después se presenta en la redacción el líder de dicho asentamiento pionero. Era David Romero, el hombre fuerte de las laderas del San Cristóbal, y lo acompañaban Delfina Castillo, comerciante del barrio, e Hipólito Vargas antiguo platero.

La historia de Romero nos ilustra el perfil de esa generación de peruanos que inició el apoderamiento de la capital y también ayuda para engarzar el fin del XIX con el inicio del siglo XX. Vamos. De probable origen iqueño, Romero fue soldado de infantería y sentó plaza en el Batallón Zepita N° 1, durante el gobierno del Mariscal Cáceres. Ha de haber sido buen soldado pues tras el combate de Cocharcas siguió sirviendo, esta vez bajo el gobierno de Nicolás de Piérola y en el Batallón Ayacucho. En 1896 Romero participó en una sonada expedición a Iquitos y luego abandonó las armas.

Sentó cabeza, se enamoró, se casó y una temprana viudez, de la que no quiso mutar, lo dejó sin descendencia. El se dedicaba a fabricar salchichas pero últimamente era labrador de adobes, como se decía antes, y de eso vivía. Todo parecía ir bien hasta ese día en que todo el barrio iqueño desapareció y él y otros damnificados decidieron que no había mejor alternativa que ir a la capital, plantarse al pie del cerro y construir un nuevo horizonte. Antes de despedirse de la redacción, Romero dejó un reclamo que marca el presente también: necesitamos agua.

¿Qué pasó luego en las laderas del San Cristóbal? Quince meses después se produjo el gran terremoto del cuarenta. Innumerable cantidad de damnificados se concentró en la plaza Manco Cápac y acamparon ahí, en otras plazas y en el interior de algún convento. Al rato eran una amenaza social y sanitaria, por lo que el gobierno de Prado los trasladó e instaló precariamente en el Cerro San Cristóbal.

El resto es historia. Historia conocida, pero que no hemos entendido todavía. Hasta pronto.