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Un corral, un local comunal

Propuesta de corazón para el próximo friaje: cachetadas que recibimos de la madre naturaleza y del padrastro corrupción obligan a pensar diferente.

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Propuesta de corazón para el próximo friaje: cachetadas que recibimos de la madre naturaleza y del padrastro corrupción obligan a pensar diferente.
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Ahora que los memoriosos han recordado que Chile tuvo que renunciar a ser sede de los Panamericanos hasta en dos ocasiones, me pregunto si seremos capaces de afrontar el tema de los Juegos de 2019 con más equilibrio y sin rasgarnos la vestidura en nombre de la patria, del prestigio peruano o de la teta del gato.

Como si postergar necesidades sociales diera prestigio. Como si festinar millones mucho antes de haber puesto la primera piedra fuera un manera de hacer patria. El agua, el barro, las piedras y pérdidas humanas abren los ojos. Hasta el Congreso ha dejado para otro momento la interpelación del ministro Vizcarra.

A lo mejor no estamos perdidos. A lo mejor, como ha recordado el editor de Político.pe, Julio Guerrero, esta crisis es también capaz de sacar lo mejor de nosotros.

En esa línea quiero aportar una idea, un pensamiento que apunta a ese Perú diferente que podemos aprender a ser. Aprender, digo, a punta de cocachos que recibimos por igual de la madre naturaleza y del padrastro corrupción.

Voy al punto y convoco vuestra atención sobre el friaje serrano que se ha vuelto mortal. En el Perú que queremos dejar atrás pero todavía somos, cuando escribía lamentando que el gas no fuera usado para calentar el Altiplano (o Huancavelica o Apurímac), los sabios operadores del descaro respondían desde las alturas: “Tranquilo, Cholo, ya viene el Gasoducto del Sur”. Y uno atracaba; uno ya estaba socialmente sedado.

La cachetada de corrupción que nos ha despertado obliga a pensar diferente. ¿Acaso no es posible establecer una red plana de distribución de balones de gas, de esos grandazos industriales, y abastecer así el flujo necesario para calentar corrales y locales comunales salvando así el ganado y evitando la mortalidad infantil?

¿Hay tiempo para hacerlo? Está tan apretado como los Panamericanos: la diferencia es que vale la pena. Sería un despropósito pensar que el Estado puede asumir este proyecto con la celeridad que se requiere. Pero no pierdo la esperanza.

El presidente de Confiep, Roque Benavides, tuvo el valor de levantar la bandera de priorizar la atención de la necesidad social y humana. Cual náufrago que suelta un mensaje embotellado, invoco a la Confiep a que haga suyo este proyecto. Aunque sea un corral, aunque sea un local comunitario.

Sería la mejor manera de ayudarnos a recuperar la esperanza, a despertar de este marasmo politizado. Abrigar al prójimo. Dios mío, no debería ser tan difícil explicarlo. Estamos deformados…