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Mensajes: el último y el primero

Dos mensajes a la nación en menos de 24 horas: de quien fue presidente y de quien será su sucesor constitucional.

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Mensajes: el último y el primero

Dos mensajes a la nación en menos de 24 horas: de quien fue presidente y de quien será su sucesor constitucional.

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En el último minuto, el saliente mandatario ha tratado de sacarle lustre a su gestión leyendo un listado casi extenuante de acciones de gobierno cuyo sello, dijo, ha sido la inclusión social. La relación de programas en marcha contra la pobreza —de obras de infraestructura ejecutadas o en camino, y de decisiones sectoriales con resultados exitosos— proyectaba la imagen de un lustro a tiro de piedra del paraíso en la administración del Estado. Y su remate ha sido de antología: “Cumplimos con la Gran Transformación”.

Felizmente ocurrió todo lo contrario a su plan de campaña  de 2011 y cuán a pesar suyo es algo que iremos conociendo ahora que regresa a los llanos de la política para soñar con una reconstrucción del nacionalismo.

El balance de lo hecho y no hecho por la administración de Ollanta Humala será asunto de tiempo e historia, pero vaya como adelanto que se va con la desaprobación presidencial más alta desde 2001. Y tampoco sale por la puerta grande, por haber dejado de lado la lucha contra la inseguridad ciudadana que todo un país le reclamó desde el inicio de su mandato y que hoy reviste gravedad mayúscula; y porque, además, le dio la espalda a la reforma del Estado, se durmió ante la desaceleración económica y flaqueó olímpicamente en la lucha contra la corrupción, que ha seguido ganando terreno.

Es decir, un liderazgo político igual a cero, consumido además por el protagonismo necio de la primera dama, Nadine Heredia, que trajinó desde la luz verde a la roja a ministros y por las revelaciones complicadas —hoy sí y mañana también— de sus agendas. Al final del camino, nunca sumó, sino más bien todo lo contrario.

Pedro Pablo Kuczynski, quien lo sucede hoy en el cargo, tiene la oportunidad de ir en dirección diametralmente opuesta: tomar con firmeza y con sus dos manos (solo esas dos) la presidencia para empezar a liderar políticamente desde el primer minuto las decisiones de cara a solucionar los problemas más urgentes del país.

Es lo que su mensaje de hoy, cuando menos, debe dejarnos saber y sentir si es que, como ha adelantado la próxima vicepresidenta Mercedes Aráoz, las nuevas medidas y detalles serán dados a conocer por el entrante premier Fernando Zavala a mediados de agosto.


Vírgenes de cabaret

¡Hipócritas! Antes de la debacle, los más grandes detractores de Fujimori fueron, precisamente sus antiguos compañeros de ruta. Y hoy aparecen en la nómina de las empresas brasileñas corruptas.

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¡Hipócritas! Antes de la debacle, los más grandes detractores de Fujimori fueron, precisamente sus antiguos compañeros de ruta. Y hoy aparecen en la nómina de las empresas brasileñas corruptas.
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Vírgenes de cabaret

¡Hipócritas! Antes de la debacle, los más grandes detractores de Fujimori fueron, precisamente sus antiguos compañeros de ruta. Y hoy aparecen en la nómina de las empresas brasileñas corruptas.

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Celebré a la distancia la caída del fujimorismo y todo lo que ello implicaba. En una lluviosa Manchester (Reino Unido), un 15 de setiembre de 2000, vi el primer “vladivideo” Kouri-Montesinos a través de la BBC. Hacia el fin de semana, el presidente renunciaba y convocaba a elecciones. El zenit de la felicidad fue cuando dijo “me voy a la APEC en Brunei y ya regreso” y terminó pidiendo asilo en Japón.

Este “Chino” resultó bien criollo y no tuvo el sentido de honor de sus ancestros, el sepuko y/o harakiri, para limpiar su nombre y el de su familia.

No saben cómo celebré las fiestas de fin de año. Se hacía realidad lo que por mucho tiempo un pequeño grupo de personas venía denunciando y nadie quería escuchar o ver.

Fue en 1992 que Caretas descubrió quién era el asesor del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), con antecedentes de traición a la patria y relación con narcotraficantes nacionales/extranjeros. Ningún otro medio periodístico se preguntó quién era el personaje. Los pocos que lo hicieron, tuvieron una curiosidad de corto plazo. Todos se nublaban con: “Chino… chino, chino, chino”, un bailecito cojudo y ya; no había otro.

Desde el comienzo me sorprendía que quienes habían sido “compañeros de ruta” en diversos ámbitos, como “tecnócratas” (en especial las reguladoras donde, para colmo, los jefes de la institución dupleteaban como jefes de empresas dedicadas a la asesoría económico- financiera, que ¡oh sorpresa! ganaban todas las asesorías importantes o las jugosas licitaciones para sus clientes); abogados de nota y sus estudios que habían participado de la “reforma del Poder Judicial” o dado sus sesudas “opiniones legales” para cualquier privatización a la carta; periodistas que habían alabado “el salto a la modernidad” que había significado esta década maravillosa o habían sido partícipes de sendos viajes (externos/internos) del presidente sin mostrar enojo alguno; empresarios que habían multiplicado su fortuna por el “buen ambiente para hacer negocios” (entiéndase, pasar por las oficinas del SIN); “conspicuos miembros de la sociedad” que habían trastocado su fe ciega por Mario Vargas Llosa y sin ningún rubor pasaron a ser los más grandes defensores del Chino y “esa gente” (¡que le quiten el pasaporte a Mario que es un enemigo del Perú! ¡Que no regrese!); y un largo etcétera... eran los mayores detractores de Alberto Fujimori y de su régimen luego de la debacle.

Muy valientes y conchudos para patear a quien los favoreció.

Mientras más te rasgues las vestiduras con actuación digna de Hollywood— podrás pasar piola. Se perdonan tus “faltas” (no calificaban como pecado), tu cercanía y provecho del poder. Nadie te acusará. Los que pasaron por el paredón de la vergüenza, por la cacería de brujas y/o purgaron cárcel por sus acciones (o supuestas acciones) fueron aquellos fieles al Chino a pesar de todo. Y lo son hasta hoy en día.

El tiempo descubre la verdadera faz de las personas. Héctor Chumpitaz fue preso por recibir dinero de la misma fuente que las “chicas poderosas” dedicadas a la reforma del Estado, pero ellas nunca pisaron un presidio (¿racismo? ¿Nuestra clase no va presa?). Los empleados tecnocráticos salieron limpios (“son técnicos, pues”) para engrosar las planillas de las empresas que se beneficiaron de sus decisiones. Los estudios de abogados de cualquier tendencia ideológica ni se ruborizaron; los abogados más activos estaban alineados con los organismos de derechos humanos y fueron punta de lanza, junto a los procuradores anticorrupción, para destruir “al régimen más corrupto y asesino de nuestra historia”. Los periodistas y sus casas editoriales se reciclaron sin hacer penitencia. A puro “periodicazo” acusador disimulaban su pasado y hacían caja con cada “destape”.

Nada que hacer. Hay que desterrar todo vestigio del fujimorismo para que esto... ¡“nunca más se repita”!

No me asombra que los mismos personajes que fueron felpudinis aprovechados de Alberto Fujimori, pero que lo humillaron luego de su caída, ahora aparezcan en la nómina de las empresas brasileras corruptas. Y no solo corruptas, también asesinas (ver caso Áncash, donde matan a dos autoridades regionales porque no querían firmar contratos millonarios por obras).    

La juventud sabe de oídas o por una “historia oficial” lo que fue el fujimorismo. Repiten mantras como monos guiados por la “reserva moral” del país. Hoy se deben sentir traicionados y sin ganas de marchar. El huracán brasilero les ha hecho abrir los ojos súbitamente: nada ha cambiado desde la caída del odiado Chino. Se ha robado y matado como siempre. ¿Y ahora?

Los que humillaron a los fujimoristas en su momento fueron unos grandes hipócritas; esperaron su momento para hacer exactamente lo mismo: sacar su tajada sin empacho alguno.

Somos tan torpes como sociedad que tratamos de encontrar vírgenes en un cabaret. Lo único que me queda claro es que hasta las putas tienen más dignidad.


¿Estamos mejor o peor?

Debemos reconocer que este gobierno ha venido enfrentando varios de los grandes problemas que nos aquejan.

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¿Estamos mejor o peor?

Debemos reconocer que este gobierno ha venido enfrentando varios de los grandes problemas que nos aquejan.

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Percibo un fuerte pesimismo en los últimos días, el cual se ha exacerbado por la aparente falta de celeridad en el manejo de los casos de corrupción de los proyectos de Odebrecht y las molestias que muchos de esos contratos están causando a la ciudadanía: desde descubrir el cobro extra en nuestros recibos de luz para pagar por el uso de un gasoducto que no existe, o tener que pagar un peaje que ubicaron en el medio de un poblado sin darle una vía alternativa libre de cobro. Se ha llegado incluso al absurdo de especular con la posibilidad de una vacancia del presidente.

¿Realmente estamos peor que hace unos meses? Pienso que no, pero por lo visto esto es compartido cada vez por menos personas.

El nuevo gobierno acaba de publicar 112 decretos legislativos que introducen una serie de cambios en varios ámbitos que mejoran el marco normativo en el cual nos desenvolvemos y que nos facilitarán la vida y nuestra capacidad de hacer negocios; todo muy positivo. No sé si son leyes que “transformarán al país” como optimistamente mencionó el ministro Zavala en un reciente artículo, pero claramente representan una sustantiva mejora sobre el marco que nos legó el anterior gobierno.

Por otro lado, hay que reconocer que varios de los grandes problemas del país se vienen enfrentando (la inseguridad, la lucha contra la corrupción, las restricciones a la inversión pública y privada, y las trabas administrativas que nos afectan en nuestras actividades diarias), lo que no ocurría en el gobierno anterior. Podemos discrepar en la forma de resolverlos, o del tiempo que está tomando corregirlos, pero no es justo decir que no se está haciendo nada. Nuestra paciencia parece haberse agotado muy temprano. 

En cuanto al tema de la corrupción, parece que finalmente terminará esta novela con algunos peces gordos en prisión, aunque ello se deba más a la intervención de países extranjeros que a nuestro sistema de justicia. Aun así, esto debería ayudar a romper esa percepción de que en el país el crimen paga y la impunidad campea.

¡Estamos mejor, no peor! Ahora lo que necesitamos es empujar el carro todos juntos para hacerlo arrancar. Obviamente hay mucho que mejorar, y la responsabilidad de esto en algunos casos es del gobierno y, en otras, del Congreso, pero no todo está mal como algunos nos quieren hacer creer. Tenemos que exigirles a nuestros políticos que trabajen juntos en las grandes reformas todavía pendientes, en vez de criticar todo sin proponer soluciones.

Sugiero un poco de paciencia y buen humor. Es indispensable tenerlos en esta época de redes sociales, cuando las mentiras se vuelven verdades, las buenas noticias no venden, las verdades solo interesan a unos pocos, y donde se acentúan nuestras diferencias y polarizan nuestras posiciones innecesariamente.