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Historia de dos presos

Penoso contrapunto entre PPK y Alberto Fujimori agita la política, y vuelve más compleja la tarea de Pablo de la Flor al frente de la reconstrucción.

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Penoso contrapunto entre PPK y Alberto Fujimori agita la política, y vuelve más compleja la tarea de Pablo de la Flor al frente de la reconstrucción.
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Historia de dos presos

Penoso contrapunto entre PPK y Alberto Fujimori agita la política, y vuelve más compleja la tarea de Pablo de la Flor al frente de la reconstrucción.

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A ver. Los procuradores traban acción judicial contra Graña y Montero y otras constructoras vinculadas a Odebrecht y justo pocos días antes el ministro Zavala había asegurado en RPP que la reconstrucción se iba a llevar adelante con esas empresas. Como diría el celebrado filósofo indoamericano Condorito: "¡Exijo una explicación!"

Felizmente salieron al cruce autoridades y opinantes a asegurar a los peruanos que en dicha reconstrucción no participarán empresas en litigio con el Estado. Como si fuera posible decir otra cosa después de la acción de los procuradores. La falta de coordinación entre altas esferas del Ejecutivo es clamorosa y no siempre se va a poder suplir con la voz de una nueva autoridad en materia de reconstrucción.

Difícilmente habrá orden en el campo de dicha reconstrucción si no lo hay primero en el campo de las comunicaciones sobre dicha reconstrucción. Quien debe dar el do de pecho en esa materia es Pablo de la Flor. Por algo lo nombraron y se reventaron justificados cohetecillos. Si no lo empoderamos, perdemos todos.

Atención. No será fácil para la autoridad de la reconstrucción alcanzar la meta en medio de una coyuntura enturbiada por el desencuentro de dos presos. Alberto Fujimori y PPK. Ambos presos de su propio entorno. El primero, a merced de la decisión de su hija y de la bancada, que por apuntar a lo más alto pueden terminar prolongando su encierro. El problema es que el otro, Pedro Pablo, también está preso de su entorno y esto último es menos fácil de entender.

Cuesta aceptar tanta ida y vuelta en el tema del indulto pues al final uno se queda con la imagen de un presidente que da señales visiblemente favorables al indulto (pasar la página, olvidar y perdonar son solamente algunas de las citas textuales del presidente) pero no lo dejan.

Se sabe que tenemos un gobierno débil, pero es más difícil aceptar que al interior del gobierno Pedro Pablo sea por momentos la parte más débil. El sector más antifujimorista de su entorno lo tiene al presidente Peter Paul cautivo de sabe dios qué promesas, de sabe dios qué verdades.

Más allá del indulto, este drama de dos presos remueve completamente las aguas de la política nacional y vuelve sin duda más problemática la tarea de Pablo de la Flor el frente de la reconstrucción. La nueva autoridad tiene que legitimarse en campo cuanto antes o no notaremos la diferencia.


El Perú necesita de todos

Antes que interpelaciones, lo que necesitamos son coincidencias.

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La coyuntura actual y el panorama a mediano plazo requieren de unión de esfuerzos y acción de todos los peruanos en una sola dirección para sacar adelante el país. Los problemas nacionales han confluido de forma tan dramática que solo nos queda sacar fuerzas y energía para sobrellevar las dificultades sin perder el rumbo.

Por ello, antes que insistir mucho en interpelaciones, y menos aún en hablar de censura a un ministro sin justificación válida, lo que más conviene al país es buscar coincidencias en propuestas de políticas públicas, gobierno y oposición. Lo peor que puede ocurrir es generar un ruido político tal que rebaje las expectativas de los agentes económicos.

El gobierno ha asumido desde el comienzo su responsabilidad de atender la gran misión de reconstrucción con liderazgo y diligencia. Asimismo, viene afrontando con acierto la agenda económica basada en la inversión, al igual que la lucha ardua contra el flagelo de la delincuencia. De ese modo, corresponde a las fuerzas opositoras actuar en consonancia con esta actitud proactiva del gobierno mirando hacia adelante y pensando en los intereses del país. Es esto lo que sabrá reconocer la población que ya está harta de tanta división.

Hacia el bicentenario de la Independencia del Perú, nuestro objetivo ha de ser sentar las bases y el derrotero para avanzar con seguridad hacia un país enrumbado hacia el progreso y la modernidad. Eso depende de todos los peruanos.


¡Dos veces cuidado!

¿Dónde está la lucha contra la corrupción con firmeza y sin excepciones prometida por este gobierno?

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Si la bandera de este Gobierno es combatir la corrupción con firmeza y sin excepciones, tienen que dar muestras en la cancha con hechos concretos. No se trata solo de pontificar y quedar bien para la foto.

1.- Recientemente Pablo de la Flor, director de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios ha declarado: “Vamos a trabajar con todas aquellas empresas que no estén impedidas de contratar con el Estado”.

Me permito recordarle que a la fecha existen múltiples compañías que han sido sancionadas por el Tribunal de Contrataciones del Estado y que siguen participando en licitaciones y contratando con el Estado, amparadas por medidas cautelares otorgadas (¿irresponsablemente?) por el Poder Judicial. No es un tema reciente: algunas sociedades mantienen procesos de amparo desde hace más de diez años. La OSCE no tiene otro camino que cumplir con el mandato judicial, aun a sabiendas de que se está cometiendo una arbitrariedad y generando un perjuicio a las empresas competidoras que sí han cumplido rigurosamente con las exigencias técnicas y patrimoniales requeridas en el proceso. Están contratando con el Estado: es dinero de todos los peruanos, pero parece que a algunos jueces solo les interesa el billetito que ingresa a su bolsillo.

Generalmente se trata de empresas que presentan información falsa e inexacta, vale decir que no cumplen con las calificaciones técnicas, patrimoniales o profesionales exigidas por las bases, en función a la magnitud de las obras. ¿Ello explicará las carreteras con capas asfálticas casi invisibles o los puentes que no soportan una emergencia?

Con igual ligereza pueden actuar ciertos tribunales arbitrales que también ostentan la facultad legal de suspender un proceso sancionador. Es inaceptable que esta situación se mantenga; la lucha contra la corrupción implica absoluta rigurosidad y firmeza. ¿Alguien en el Ejecutivo asume la responsabilidad o se distraen sin querer-queriendo?

2.- Asimismo, Pablo de la Flor ha declarado: “Felizmente tenemos en el Perú un importante número de empresas que no han sido afectadas por las olas expansivas del escándalo de corrupción”.

En febrero pasado, la ministra de Justicia anticipó que en virtud de los dispuesto por el D.U. 003-2017 Graña y Montero y las otras empresas que están siendo investigadas por el caso Odebrecht podrían seguir contratando con el Estado hasta que se defina su situación legal y haya una condena definitiva, sobre la base de la presunción de inocencia. Vale decir: no basta que existan indicios evidentes —¿clamorosos?— para inhabilitarlas, o por lo menos descalificarlas para la contratación con el Estado. Parece olvidar que mientras la obra privada es problema de a dos, la pública afecta a todos los peruanos.

Hace pocos días, la procuraduría ad hoc del caso Odebrecht interpuso denuncia penal ante el Ministerio Público contra Graña y Montero, JJC Contratistas Generales e Ingenieros Civiles y Contratistas Generales S.A., así como sus representantes legales, por el presunto delito de colusión en agravio del Estado.

De acuerdo con lo declarado por la ministra Pérez Tello y recientemente por el ministro Zavala, estas tres compañías pueden seguir contratando con el Estado y participando en los procesos que, en el más breve plazo, se convocarán para la reconstrucción.

Pregunto: ¿qué sucede si en el transcurso de la ejecución de las obras, estas empresas son halladas culpables y condenadas? ¿Habría que convocar a un nuevo concurso? ¿Se preverá sustitutas automáticas para que no se generen retrasos? Si tienen las mismas calificaciones, ¿por que no se las contrata directamente?

De presentarse este supuesto, ninguna fianza o garantía evitará demoras, reclamos y decepción de la población expectante. ¿Para qué arriesgarse? ¿O es que todo está perfectamente diseñado para que este proceso judicial de colusión y cualquier otro que se interponga tenga la finalidad de bajar la presión y dure años de años? ¿O quizá se espera que termine muy rápido y sin ninguna responsabilidad, como regalándoles a estas empresas la oportunidad de volver a nacer?

¿Por qué no curarse en salud y solo invitar a empresas impolutas y lejanas de toda corrupción? ¿Para qué complicar el proceso de reconstrucción? ¡Señor de la Flor, usted debería tener la última palabra!