Menu

Resultado de busqueda

DURA vida: ¡la culpa es de la vaca!

Y por eso la sacarán de la etiqueta.

LEER MÁS
Y por eso la sacarán de la etiqueta.
LEER MÁS

DURA vida: ¡la culpa es de la vaca!

Y por eso la sacarán de la etiqueta.

LEER MÁS

Una leche que no es propiamente leche. Pero que se vende en un envase como si fuera leche. Y con la foto de una vaca en la etiqueta relamiéndose la boca. Y que miles de madres compran con amor para sus hijos porque priorizan la leche en su canasta familiar.

Y la lata se llama “Pura vida” (sí, purita vida: purita leche para nuestros niños y de pura vaca peruana). Y se ofrece en todos los almacenes y bodegas del país como leche evaporada. No deben faltar quienes la sirven en biberón, o a la hora del desayuno y/o también en los colegios. Y todo está ok en el mercado hasta que llega la noticia de que se ha prohibido el ingreso de ese producto en el extranjero.

¿Por qué? Porque no es leche y simula serlo. Y aquí recién se reacciona. Esa es la realidad de nuestro país en términos de rigurosidad y de cuidado de protección al consumidor. Al punto que a veces uno se pregunta para quien trabajan algunos funcionarios.

Un informe de la asociación de ganaderos dice que “esta leche era una bebida con saborizante y colorante que simulaba ser leche”. Y hay quien ha dicho que “la leche para que sea leche tiene que salir de la ubre, y ese producto es cualquier cosa menos leche”. Así de claro y contundente.

Pero lo impresionante es que aquí jamás se hubiese reaccionado si en Panamá no hubiese alertado de esta situación en que involucra aspectos de producción, publicidad, manipulación comercial y una frontera administrativa tan bien armada que en el fondo el hecho no constituye una ilegalidad. Un engaño, sí; pero no una ilegalidad.

El gobierno no termina de reaccionar, pero sí los medios y las redes que muestran indignación y hasta sarcasmo.

Para colmo ha salido un representante de la empresa que hasta parece molestarse por tener que dar explicaciones a la prensa y al público. No acepta errores, más bien busca justificarlos. Ha declarado que a Panamá no entrarán más esos productos si no se les cambia de etiqueta, pero que en Perú “se esperará a que se agote el stock”. ¡Eso es lo que dijo!

Mientras que en Panamá se coordina que el producto salga de circulación aquí más bien se fomentará lo contrario. Y además se ha señalado que si no existieran fórmulas como estas, el Perú tendría que importar leche (es decir, importar leche de verdad). Sorprendente.

El siguiente paso de esta historia seguramente será multar con algunos miles de soles a la empresa (una bicoca para el grupo empresarial), cuando en realidad no estamos ante un problema de multas, sino de una indignante falta de rigor en la defensa del consumidor: por funcionarios permisivos y por la carencia de una firme regulación con respeto social.

Toda esta historia forma parte de las vicisitudes de un país que ha sido etiquetado con la imagen de que pronto será primer mundo por su economía emergente. Así a veces nos venden el Perú a los peruanos. Cuando en realidad estamos en un país empaquetado con normas que maquillan muchas veces la burla, el abuso, la poca transparencia y la falta de competitividad.

Y, al final, la culpa la tiene la vaca (y la van a sacar de la etiqueta)


Gloria y los dueños del mundo

Las redes sociales, maravillosas herramientas del marketing directo, son también implacables y despiadadas a la hora de denunciar el abuso a los consumidores.

LEER MÁS
Las redes sociales, maravillosas herramientas del marketing directo, son también implacables y despiadadas a la hora de denunciar el abuso a los consumidores.
LEER MÁS

Gloria y los dueños del mundo

Las redes sociales, maravillosas herramientas del marketing directo, son también implacables y despiadadas a la hora de denunciar el abuso a los consumidores.

LEER MÁS

El poder de las autoridades en el Perú parece inexistente frente a la fuerza arrolladora de la comunicación del consumidor, a través de la red. Y es que la reacción institucional siempre viene después, algunas veces algo aletargada pero siempre con vocación exculpatoria.

El caso Pura Vida es un ejemplo más de la ineficiente y lenta reacción del Estado. El presidente del Indecopi se presentó el día miércoles pasado en el Congreso con explicaciones que no convencieron. ¡Se esperaban acciones inmediatas! Sin embargo, recién ese mismo día el organismo regulador dictaba una medida cautelar de inmovilización y cese de comercialización a nivel nacional de todos los lotes del producto Pura Vida Nutrimax.

Como era de esperarse, Lescano capitalizó el momento y llegó a pedir la renuncia del presidente de Indecopi, siempre por la vía del facilismo y tratando de ganarse alguito.

Pero los problemas no necesariamente se resuelven decapitando al jefe. Ivo Gagliuffi tiene más de veinte años de trayectoria y pocos meses en el cargo; merece otra oportunidad. Esta experiencia le habrá enseñado que “nobleza obliga”, deberá adherirse la camiseta del consumidor al cuerpo y trabajar con mayor empeño y mano firme; asimismo, deberá tener presente que no es la ciudadanía quien debe exigirle investigar, sino que tiene que anticiparse pues su labor es la de prevención. La reacción ante emergencias tiene carácter extraordinario. Por demás, habría que recordarle a Gagliuffi que según reza en su página web, el Indecopi está obligado a "que los ciudadanos, consumidores y empresarios se beneficien de un mercado que opera sin distorsiones, gracias a la labor técnica, proactiva, oportuna, predecible y confiable del Indecopi”

El ministro Zavala, a mi juicio demasiado cauteloso con un tema tan controversial y que afecta a todo el país, declaró: “Realmente es una situación que afecta al consumidor. Entendemos que podría haber publicidad engañosa”. Hay situaciones en que es necesario ser más políticamente incorrecto y mostrar convicción. ¿No se da cuenta de que estas actitudes dubitativas le restan? Si ya está identificado como aliado del empresariado, que mejor oportunidad para cambiar de imagen. Mala suerte que el actual gerente general de Gloria, Richard Priday, haya sido SU JEFE cuando trabajaba en Backus (SAB Miller). ¡Hay pleitos que el cargo te fuerza a comprar!

Para el ciudadano de a pie el ardid es evidente. Quizás luego de una interpretación estrictamente legal se determine que la publicidad no era engañosa pero, un momentito, recordemos que no se trata de la venta de un producto sofisticado: es un insumo de primera necesidad, de esos que se compran a diario y cuya elección no requiere de mayor análisis.

Si uno recurre al diccionario (como lo hizo Augusto Thorndike en su programa matutino de canal 8 el jueves pasado), “leche” no solo significa “sustancia líquida y blanca que segregan las mamas de las hembras de los mamíferos” sino que incluye “sustancia líquida y blanca que segregan algunos vegetales”. En efecto: existe leche de soya, de coco, de almendras, de arroz, de higos, cuya comercialización y consumo en el Perú es ínfima por no decir inexistente, la mayoría de ellas de origen importado. En otras palabras, para el común de las personas en este país cuando alguien se refiere a leche se refiere a leche de un mamífero llamado vaca, sin necesidad de asociarlo a una ilustración.

La imagen de la vaca en la etiqueta lo único que hace es confirmarlo. ¡No es parte del imaginario popular, es real; no nos vayamos por la tangente!

Gloria se consagró: peor no ha podido manejarlo. En vez de salir a discutir la letra chiquita y los porcentajes o intentar utilizar todo tipo de argucias jurídicas justificando lo injustificable, debió mostrar empatía con los consumidores. Pedir disculpas al país rápidamente a través de un comunicado a nivel nacional y retirar el producto del mercado, al costo que fuere. Vale decir, tratar de hacer un control de daños inmediato para salvar el prestigio y valor de la marca.

Hoy las redes la están crucificando con “memes” y comentarios que pudieran no ser ciertos, y que se van convirtiendo en un mito urbano. Se corre el riesgo de perder mucho de lo avanzado durante años. Gloria forma parte de la historia de nuestro país desde febrero de 1941. ¿Pensaron que casi ocho décadas en el mercado les permitirían esas discrecionalidades? ¿Costo-beneficio? ¡Perdieron!

Las redes sociales pueden ser maravillosas herramientas de marketing directo, pero también implacables y despiadadas con los errores y abusos a los consumidores. Mucho cuidado: ¡la lealtad a ciegas no existe!


Menos la vaca, todos son inocentes

¿Seguiremos esperando nuevas denuncias del extranjero?

LEER MÁS
¿Seguiremos esperando nuevas denuncias del extranjero?
LEER MÁS

Menos la vaca, todos son inocentes

¿Seguiremos esperando nuevas denuncias del extranjero?

LEER MÁS

“Es que nuestras instituciones no funcionan” es el aforismo que hemos escuchado o leído muchas veces cuando buscamos una justificación a los continuos problemas sociales y políticos que afronta nuestro país. Por ello, no nos debería extrañar que los grandes casos de corrupción sean denunciados desde el extranjero. Por ejemplo, si nos enteramos del denominado Lava Jato fue gracias a la investigación y posterior proceso penal, iniciados en cortes norteamericanas y brasileras a empresarios corruptos coludidos con gobernantes de toda la región y que incluía a toda la clase política peruana.

Para no perder la costumbre, el 2 de junio la Autoridad Panameña de Seguridad de Alimentos desautorizó el ingreso de la marca Pura Vida del Grupo Gloria —que también se vendía en nuestro país— y que se publicitaba en Panamá con el rotulo de “leche” cuando en realidad contenía 60% de esta y el 40% restante estaba compuesto por otros insumos químicos. Tras una explicación poco convincente de la gerencia legal del referido grupo empresarial en el sentido de que solo se trata de cambiar el etiquetado, estalló la indignación general.

Tanto congresistas como periodistas y opinólogos han reaccionado visceralmente exigiendo una severa sanción no solo a la empresa sino a los entes reguladores de salud y de defensa del consumidor (DIGESA e Indecopi) para los cuales se ha pedido una restructuración integral.

Lo cierto es que la marca “Pura Vida” se ha comercializado mediante publicidad engañosa: su etiquetado (una vaca) juega con la percepción del consumidor promedio, que compraba un producto pensando que era leche cuando no lo era. Ante estos hechos, INDECOPI (que en un principio dijo que tenía las manos atadas) ha ordenado la inmovilización y cese de su comercialización a nivel nacional y la DIGESA (que también sostuvo que se había cumplido todas las reglas para la comercialización del producto) ha tenido que admitir que se “equivocó” al categorizar la marca “Pura Vida” como leche evaporada. Todo gracias a la denuncia de la entidad panameña.

Como corolario, el gerente del Grupo Gloria predice “Creo que los peruanos nos van a perdonar”. Y mientras meditamos nuestra magnanimidad, las instituciones encargadas de reglamentar y velar por el cumplimiento de las normas sanitarias de los productos comestibles, así como las que deben proteger al consumidor, estarán a la espera de una nueva denuncia proveniente del extranjero.

Menos la vaca, todos son inocentes.