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Ay, mi país

No llego a entender las muestras de alegría ni tampoco la airada reacción respecto a la prisión preventiva de Humala-Heredia.

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No llego a entender las muestras de alegría ni tampoco la airada reacción respecto a la prisión preventiva de Humala-Heredia.
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Ay, mi país

No llego a entender las muestras de alegría ni tampoco la airada reacción respecto a la prisión preventiva de Humala-Heredia.

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No llego a entender las muestras de alegría que observo en algunas personas por la orden de prisión preventiva contra Humala y Heredia, como tampoco la airada reacción de la misma pareja presidencial, de sus simpatizantes y de —cuándo no— lo más graneadito de la progresía local, todos que en su momento fueron implacables y sumamente duros con sus rivales también caídos en desgracia.

Así, a esta gente que hoy clama a los cuatro vientos por el debido proceso, por la presunción de inocencia y hasta por los familiares afectados le importaba un rábano partido por la mitad tales conceptos cuando la justicia se pronunciaba (y hasta se ensañaba) con los que no gozaban de su simpatía política. Que ahora no vengan con sus consabidas lecciones pseudolegalistas acompañadas de esa famosa doble moral a la que nos tienen acostumbrados.

Sí considero que existen severos indicios de la comisión de delitos por parte de la expareja presidencial, pero eso se deberá probar y determinar en el curso de un proceso judicial, el mismo que a mi modesto parecer los encausados deberían afrontar en libertad, aunque con ciertas restricciones. Escuchando a los especialistas, la resolución del juez Concepción adolece de severos defectos procesales que tranquilamente pueden ser revertidos en la segunda instancia. Así que no se cante victoria, porque este proceso tiene para largo.

Dicho lo anterior, no puedo dejar de lamentar que mí querido país tenga a la fecha un expresidente preso, otro fugado y con orden de captura, y el último en prisión preventiva.


¿Adelanto de sentencia?

Hemos pasado de la indignación a la tristeza, no tanto por Humala-Heredia sino porque nuestro país tiene hoy dos expresidentes presos y uno prófugo.

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Hemos pasado de la indignación a la tristeza, no tanto por Humala-Heredia sino porque nuestro país tiene hoy dos expresidentes presos y uno prófugo.
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¿Adelanto de sentencia?

Hemos pasado de la indignación a la tristeza, no tanto por Humala-Heredia sino porque nuestro país tiene hoy dos expresidentes presos y uno prófugo.

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Entre el alegato del fiscal Germán Suárez solicitando prisión preventiva para Ollanta Humala y Nadine Heredia y el larguísimo y detallado análisis jurídico del juez Richard Concepción Carhuancho para suspender la comparecencia restringida y reemplazarla por la prisión preventiva, tuvimos muchas horas en que los peruanos pasamos de la indignación a la tristeza, no tanto por los personajes que hicieron lo suyo para merecer esta situación sino por nuestro país que hoy tiene a dos expresidentes presos y a uno prófugo y perseguido por el mundo.

Ollanta Humala y Nadine Heredia ya están en la cárcel. Los elementos de responsabilidad se han ido sumando y la culpabilidad surge nítida de la larga, extensa y prolija enumeración de las razones y detalles que sirvieron al juez Richard Concepción Carhuancho para fundamentar su resolución. Las garantías de presunción de inocencia y de respeto al debido proceso funcionan en un estado de Derecho y mucho más cuando se trata de alguien que ha personificado a la nación y dirigido sus destinos por elección popular. Esta situación debió pesar en la mente del fiscal y del juez,  pero tal vez tuvo peso mayor la creciente desconfianza de la población en los magistrados peruanos y en los políticos amenazados por el vendaval Lavajato que ahora cobra su primera gran víctima.

El juez Carhuancho ha resuelto atendiendo a las razones jurídicas y a las tribunas expectantes; con su decisión ha dado una instrucción moral y política a la nación. Sobre todo porque la prisión preventiva es siempre cuestionable; no se puede privar a nadie de su libertad sino se ha comprobado su culpabilidad en juicio oral con una defensa amplia y consistente, salvo excepcionalidad.

Ollanta Humala y su mujer no están sentenciados pero están presos. Me cuento entre los abogados que creen que hubiera sido suficiente agregar a la comparecencia con restricciones la prohibición de salida del país. Pero el juez, más allá de una resolución legalmente bien fundamentada, atendió la motivación política y social mayor que es descartar la impunidad y los tratos de privilegio que atentan contra la igualdad ante la ley.

El fiscal Juárez está demorando demasiado en formular su acusación; el juicio oral tardará en cumplirse pero el juez ha visto la urgencia de demostrar que la justicia peruana puede actuar y resolver a tiempo. El pedido del fiscal ha servido para conocer detalles que configuran delitos graves que se ventilarán en el proceso y darán lugar a la sentencia, que posiblemente contendrá los mismos elementos ya expuestos por Richard Carhuancho.

Estamos ante un juez que se ha cuidado de incidir en la gravedad de los presuntos delitos y de la pena, que ha ponderado los riesgos de evasión u obstrucción de la justicia pero que, sobre todo, ha querido dar un eficaz mensaje a los corruptos que toman la política como oportunidad para hacer dinero y a los aventureros que creen que el poder es un botín al cual acceder usando la buena fe y los votos ciudadanos. Ahora no hay duda de que la justicia los puede alcanzar. Bienvenida esta certeza.


¿Libertad o libertinaje para la expareja presidencial?

Es cierto que lo justo es el debido proceso, pero todos sabemos que el derecho procesal también se utiliza para buscar la impunidad.

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Es cierto que lo justo es el debido proceso, pero todos sabemos que el derecho procesal también se utiliza para buscar la impunidad.
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¿Libertad o libertinaje para la expareja presidencial?

Es cierto que lo justo es el debido proceso, pero todos sabemos que el derecho procesal también se utiliza para buscar la impunidad.

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Quizás tengan razón aquellos profesionales que están apareciendo en diversos programas de televisión y radio, afirmando que el auto decretado por el juez encargado de juzgar a los Humala es errado y errático. Que se trata de un magistrado cercano a lo exagerado en lo procesal, de un juez que está en su cuarto de hora de fama y que aprovecha este momento para hacer noticia y decretar lo que decreta.

Tal vez tengan razón los que afirman que muy pronto los Humala Heredia recuperarán la libertad porque lo ocurrido será corregido en la apelación. Eso se está afirmando en defensa de ellos casi como una verdad mediática, como una aplanadora técnica, una avasallante ola de argumentación jurídica.  Y puede resultar complicado refutarlo. Tal vez tengan razón.

Pero ojalá que también se analice y escuche con la misma vehemencia a los que desean que algún día el país se libere de toda esa manipulación y mentira de la que a veces el Perú parece estar preso; de esos personajes que pregonan abiertamente un discurso electoral para luego cambiarlo en casi 48 horas con el fin de llegar a la presidencia y jugar a ser gobierno. También de algunos abogados interesados en que la jurisprudencia no siente nuevos precedentes porque eso no es penalmente conveniente para algunos de sus clientes.

Quizás tengan razón los que afirman que los Humala Heredia deberían pasar a libertad con restricciones y seguramente por poco tiempo. Tal vez esa sea una medida más ecuánime y menos abusiva. Pero ojalá también algún día se deje de manipular política y discursivamente la condición de miles de peruanos que vieron la luz bajo “prisión preventiva”, porque nacieron presos de su pobreza y con un conjunto de derechos y oportunidades que en la práctica les son inalcanzables.

Nos dirán pronto que tienen razón los que afirman que Madre Mía es un invento y que no está comprobado que el expresidente compró el testimonio de testigos bajo amenaza. Ojalá tengan razón porque lo otro constituiría una realidad comprobada muy impactante. Pero ojalá también se generen las condiciones para que el país deje de sentirse amenazado por el fantasma o la percepción de que aquí cualquiera puede llegar al poder (incluso un ladrón o un asesino) porque las leyes y la fragilidad institucional así lo permiten. Y que a pesar de eso no pasa nada porque la impunidad se impone.

Seguramente nos dirán que tienen razón los que afirman que las agendas no son de la exprimera dama, que no mintió cuando dijo que no era su letra, que dijo la estricta verdad siendo primera dama; que no usurpó el poder de nadie porque no tuvo cargo público ni fue elegida; que fue autentica cuando tuiteó “tan difícil es caminar derecho”; que no es verdad que manejaba aspectos de la política pública, que no transgredió protocolos, que no jugó a desestabilizar el país propiciando el rumor de que iba a ser candidata a sabiendas de que eso equivalía a intentar una dictadura conyugal democrática. Pero ojalá también se escuche a los desean que algún día el país llegue a estar libre de personajes que para hacer política se venden a presidentes extranjeros; de gobernantes que entregan el poder político a sus cónyuges o asesores porque no están preparados para dirigir el gobierno. Y ojalá también el país se libere de la complicidad y del sometimiento en el que a veces parece estar preso el Perú, porque los miembros del Ejecutivo permiten a sus presidentes hacer prácticamente lo que les viene en gana simplemente por el hecho de que ostentan más poder que ellos.

Seguramente pronto se dirá que lo mejor será destituir al juez que ha encarcelado a los Humala. Así todos quedarán libres de incomodidades, incluso libres de jueces cuyas decisiones pueden perturbar a algunos ex gobernantes o políticos. O el futuro de próximos presidentes, dependiendo el caso.

El debido proceso es la mejor garantía de un juicio justo. Y está muy bien, de eso se trata. Pero todos sabemos que más allá de eso, el derecho procesal es también utilizado por las partes para defender la impunidad, la barbarie, el abuso. O para obstruir la búsqueda de la verdad. Ojalá algún día el Perú quede democráticamente libre de todo ese encierro.

Este es un país capturado por el libertinaje político. Y estamos viendo sus consecuencias.