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¿Se acabaron los años maravillosos?

Necesitamos ser más agresivos en impulsar la inversión privada y la productividad económica.

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¿Se acabaron los años maravillosos?

Necesitamos ser más agresivos en impulsar la inversión privada y la productividad económica.

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Hace unas semanas me invitaron a dar una charla sobre las perspectivas y retos para la economía peruana al 2021. Acepté hacerlo, aunque mencioné que considero que lo peor que hacemos los economistas son proyecciones macroeconómicas. Incluso todavía no hay consenso sobre si lograremos crecer 4% este año o reducir el déficit a 3%. Para saber hacia dónde vamos, necesitamos conocer de dónde venimos y dónde estamos.

La economía peruana tuvo dos décadas perdidas con bajo crecimiento como resultado de las malas políticas que empezaron durante el gobierno militar y se mantuvieron en los años 80. El análisis de las cifras del PBI per cápita en términos reales para el Perú muestra que recién en el 2003 volvimos al nivel que teníamos en 1979.

Nos costó mucho esfuerzo esa recuperación, que debemos principalmente a las reformas estructurales de la primera mitad de los 90 y a la apertura de la economía que se impulsó exitosamente a lo largo de los últimos veinticinco años.

Luego vivimos el período entre el 2004 al 2013, que llamo "el de los años maravillosos", con un crecimiento promedio de 6.4%, muy por encima al promedio de la región. Esto se debió a una combinación de factores: buenos precios para nuestras exportaciones, crecimiento de la inversión privada y buen manejo macroeconómico. Como resultado, se disminuyó la pobreza del 60% en el 2004 a 22% en el 2015, se redujo la desigualdad de ingresos, aumentó la clase media y se logró un crecimiento más descentralizado e inclusivo.

A partir del 2011 empezó a cambiar el entorno de negocios que enfrentamos, lo que incluyó una desaceleración del crecimiento mundial, caída en los precios de nuestras principales exportaciones, aumento en conflictos sociales y desbalances en las cuentas fiscales y balanza de pagos. Estos limitaron nuestro ritmo de inversión, la demanda interna y el consumo privado, y afectaron nuestro crecimiento.

Este contexto menos favorable desnudó nuestros principales problemas, que incluyen instituciones ineficientes, mano de obra poco calificada, un marco laboral rígido, infaestructura inadecuada, Poder Judicial no confiable, inseguridad ciudadana y corrupción generalizada. Si pensamos que esos problemas los podrá resolver el Ejecutivo por si solo, somos bien ilusos.

¿Es realista esperar un entorno internacional más favorable en los próximos cuatro años? Poco probable. Los años maravillosos ya se terminaron. Esto nos obliga a ser más agresivos en nuestras políticas para impulsar la inversión privada y la productividad económica. Eso es lo que trata de hacer el gobierno con las distintas normas que ha aprobado en los últimos meses.

Son pasos en la dirección correcta, pero difícilmente nos llevarán a crecer más de 4.5% en este quinquenio sin hacer reformas estructurales que corrijan nuestros problemas de fondo, reformas que requieren el apoyo del Congreso. Por ello la importancia de buscar consensos políticos, por más difíciles que sean, dejando de lado mezquindades partidarias y desoyendo las voces de aquellos que dicen que pactar es claudicar.


Vida de M: M de mentira y de miseria moral

Si alguien en esta vida tuvo oportunidades y pudo pasar a la historia como un gran triunfador, ese fue Alejandro Toledo.

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Si alguien en esta vida tuvo oportunidades y pudo pasar a la historia como un gran triunfador, ese fue Alejandro Toledo.
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Vida de M: M de mentira y de miseria moral

Si alguien en esta vida tuvo oportunidades y pudo pasar a la historia como un gran triunfador, ese fue Alejandro Toledo.

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Imaginen la envidia que debe haber causado Alejandro Toledo en su Cabana natal cuando hace más de cincuenta años unos voluntarios del Cuerpo de Paz de los Estados Unidos le consiguieron una beca para estudiar en la Universidad de San Francisco, que luego le abriría las puertas de Stanford y del mundo.

Los invito a leer su biografía y a recordar, con asombro e indignación, las múltiples oportunidades que tuvo Toledo para ser una persona de bien y que increíblemente desaprovechó. ¿Soberbia? ¿Ungido y elegido por Dios? ¿O simplemente un "cholo sano y sagrado" cegado por la codicia, el oportunismo y la rapacidad?

No es el único peruano vergonzante de nuestra historia pero hoy podría encabezar la lista de traidores por su ignominiosa conducta, por su transgresión a todos los valores que deseábamos rescatar, por haberse aprovechado de la debilidad de un país que, sofocado por la corrupción montesinista, buscaba un poco de estabilidad y ansiaba recuperar el control de su destino.

Si alguien en esta vida tuvo oportunidades y pudo pasar a la historia como un gran triunfador, ese fue Alejandro Toledo. Hijo de campesinos, octavo de dieciséis hermanos, tuvo toda la  credibilidad y la perdió. Salió de la pobreza para echar todo por la borda y convertirse en el símbolo de la deslealtad, un "Judas" contemporáneo cualquiera.

¿Cuántos peruanos de origen humilde ( y no tan humilde) hubieran querido tener las oportunidades que se le presentaron para ser un ganador? Sin embargo, prefirió una vida basada en la mentira, el alcohol, el enriquecimiento ilícito y la deshonra familiar. Y se casó con una antropóloga belga que, para algunos, es la gestora del ser nefasto e inexplicable que nos avergüenza ante los ojos del mundo.

Ahora que tiene la ocasión de pedirle disculpas al país, sigue negándolo todo, ofreciendo excusas, mintiendo y faltándole el respeto a los peruanos. Pedir perdón es de grandes y valientes, condición que jamás le alcanzará.

Confiemos que el PJ hará su trabajo y que caerá sobre él todo el peso de la ley. Su propia torpeza y el acceso a la información lo han desnudado. ¡No lo escondas y protejas, Israel!


El espejismo del desarrollo

El Perú está en shock.

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El espejismo del desarrollo

El Perú está en shock.

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El Perú está en shock. La tragedia se enseñorea en grandes zonas del país. Transmitida en vivo y en directo la fuerza del agua impresiona, los “huaicos” arrasan propiedades, casas e ilusiones. Con sus carreteras bloqueadas o desaparecidas el Perú está impactado, cuando no bloqueado.

Las cifras oficiales hablan: más de 600 mil personas y 134 mil viviendas afectadas, 80 muertos y 20 desaparecidos. Y eso hasta el momento,  pues van para más. Las grandes ciudades costeras viven una vorágine dramática, incluida Lima con todos sus distritos donde nunca pasamos tantos días sin agua. La carencia democratiza y propicia la solidaridad con las ciudades del norte tan duramente golpeadas.

Los que vivimos en la costa siempre nos sentimos los peruanos más desarrollados, más modernos y más cercanos al primer mundo que se nos ofrecía al alcance de la mano. Pero de un momento a otro hemos pasado del sueño del progreso y el desarrollo a la pesadilla de la involución. El Estado simplemente no ha funcionado para lo elemental, dar prevención y seguridad a quienes habitan en zonas de alto riesgo.

Más todavía han sido las mismas autoridades de los gobiernos centrales, regionales y locales las que han generado la indefensión. No solo no han prevenido, sino que en el colmo de la irresponsabilidad han impulsado o permitido asentamientos humanos que se han establecido por invasiones y tráfico de tierras. La precariedad se ha hecho norma y la convivencia con el peligro acompaña la pobreza.

Hay culpables de esta estafa social y política graficada en las quebradas malamente habitadas, en los puentes destruidos y en la gente instalada en la orilla equivocada, que al perder sus hogares y medios de subsistencia se debate entre el dolor, la frustración y el lodo. Ante esto,  parecen insuficientes toda indignación y todo heroísmo.

El sueño del progreso del primer mundo, el que nos llevaría al club de los grandes, ha sido un espejismo. Más de una década de crecimiento económico sostenido no han podido disminuir tanta pobreza y desigualdad. Ni siquiera nos ha permitido prepararnos para lo elemental que es poder enfrentar nuestra propia vulnerabilidad climática que siendo histórica ahora se ve agravada por el calentamiento planetario. No es imposible: Ecuador lo ha hecho y vemos cómo capea con serenidad el mismo temporal que a nosotros nos destroza.

Más allá de las quejas contra las autoridades corruptas o ineptas, y contra la inoperancia del Estado, nos queda en claro la urgencia de ordenamiento territorial y urbano dentro de una reconstrucción que hoy es imperativa prioridad de la agenda nacional.

El gobierno de PPK será el de la reconstrucción. No para que sea asumida por un zar sino por toda la gestión, apoyada por todos los partidos y las organizaciones de la sociedad.

Estamos ante una tarea inmensa que va más allá de la actual atención de la emergencia. Debemos ir hacia la reubicación ordenada de cientos de miles de personas que se habían instalado, con permiso o sin él, en espacios de alto riesgo durante décadas. De hecho, se necesitará de nuevas obras de infraestructura y de reforzar algunas antiguas para que puedan soportar otros tantos eventos extremos que ya se anuncian.

Preparación, prevención, remediación, subsanación. Las soluciones reclaman unidad nacional. Algo que se dice rápido pero que exige la mayor responsabilidad y sobre todo la conciencia de patria en todos los sectores políticos y sociales. La tarea es de esta dimensión y no de menos.