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#UnaSolaFuerza

Se cuenta que en la víspera de la intervención militar, Zhao le dijo a Deng que los militares nunca se enfrentarían al pueblo. Deng, por toda respuesta, sonrió.

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Se cuenta que en la víspera de la intervención militar, Zhao le dijo a Deng que los militares nunca se enfrentarían al pueblo. Deng, por toda respuesta, sonrió.
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Se cuenta que en la víspera de la intervención militar, Zhao le dijo a Deng que los militares nunca se enfrentarían al pueblo. Deng, por toda respuesta, sonrió.

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La foto difundida ayer por Fuerza Popular en la que Keiko Fujimori se retrata flanqueada con todos los miembros de su bancada, me hace recordar la famosa foto de Deng Xiaoping con la cúpula militar días después del debelamiento de la revuelta de la Plaza Tiananmen.

Como es bien sabido, el 4 de junio de 1989 estalló en Pekín una insurrección popular contra el liderazgo del régimen chino por parte de un sector que pedía reformas. Se acababa de ir Gorbachov, quien había realizado una visita de Estado promoviendo su perestroika en China y los reformistas aprovecharon la muerte del defenestrado exsecretario general del partido comunista Hu Yaobang, también reformista, para iniciar sus protestas desde el 15 de abril.

En breve la situación se volvió incontrolable, sobre todo porque la élite del partido no sabía qué acción tomar contra los manifestantes, dividiéndose en dos alas: conciliadores (con el secretario general del partido Zhao Zi Yang a la cabeza) y represivos. Recuerdo como si fuera ayer cómo las noticias se iban sucediendo a velocidad de vértigo aquel 4 de junio en el que no existía ni Internet ni redes sociales. La mañana de Lima empezó con imágenes en vivo de la plaza Tiananmen para luego difundirse una serie de rumores que dejaron al mundo en vilo. Se decía que el líder sin cargo público, Deng Xiaoping, había sido asesinado y que Li Peng, el primer ministro, había huido con rumbo a la URSS.

Nadie sabía hasta el mediodía en Lima quién gobernaba en China, hasta que las cadenas difundieron una foto de Deng Xiaoping rodeado de la cúpula militar.

Lo que siguió después es historia. La revuelta reformista fue sofocada sin contemplaciones y el secretario general del partido, Zhao Zi Yang, destituido. China se salvó de la división que acabaría con la URSS al año siguiente, conviertiéndose luego en la segunda potencia mundial. Se cuenta que en la víspera de la intervención militar Zhao le dijo a Deng que los militares nunca se enfrentarían a los manifestantes, a lo que Deng por toda respuesta sonrió.