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Los reservistas de la violencia

¡Cuidado con los etnocaceristas de Antauro en Tía María!

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Los reservistas de la violencia

¡Cuidado con los etnocaceristas de Antauro en Tía María!

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En el año 2003 escribí una crónica sobre los reservistas etnocaceristas de Antauro Humala Tasso: personajes marcados por la carencia a todo nivel. Un contingente de jóvenes que representaba a una población desterrada de todo proyecto de desarrollo y que fue captada por el amparo de un fanatismo político que hasta hoy es vigente.

El ‘Andahuaylazo’, ocurrido los primeros días de enero del año 2005, concretó lo que muchos sospechaban sobre este singular grupo militarizado y  liderado por Antauro Humala: surgieron para violentar a la sociedad y crear caos desde un dogmatismo político insurrecto.

Y esa visión irracional está gozando de vigencia: se desplaza y actúa con libertad en las protestas antimineras de Islay. Protestas insufladas por un ímpetu violentista que arrasa a todo aquello que representa el orden. Una situación que debe ser neutralizada, pues grupos radicales como estos impiden que los ánimos se serenen y que se hallen soluciones razonables.

Una agenda política propia mueve a los etnocaceristas, empujados por su decepción del gobierno de Ollanta Humala Tasso. Aquellas promesas primigenias  de ‘La gran transformación’ fueron relevadas por la ‘Hoja de ruta’: la daga de la traición para ellos. Paradójico resulta que el presidente Ollanta Humala Tasso, hermano de Antauro, persiga apagar incendios avalados por gente de su propia sangre. Y no solo me refiero a Antauro que se encuentra preso, pero que desde su encierro anima este tipo de movilizaciones.

Isaac Humala, el padre, deja entrever en los medios de comunicación su apoyo a estas expresiones de caos. Y define a Antauro como el representante del Perú profundo. O sea, es el hijo que él ha elegido, el que está preso por asesinato. El otro, el presidente, el que representa la legalidad, ha sido expulsado de su paraíso.

Solo queda pensar que, frente a esto, el psicoanálisis asumiría un enorme desafío.


El año que nos espera

¡Una combinación de periodo preelectoral, desgobierno, descontento de la población y avance del crimen!

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El año que nos espera

¡Una combinación de periodo preelectoral, desgobierno, descontento de la población y avance del crimen!

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En ciertas circunstancias históricas, es mejor prepararse para lo peor. La combinación de periodo preelectoral, desgobierno, descontento de la población y avance del crimen para el año que se viene será difícil y es mejor pensar en qué hacer.

Tía María y la mal entendida solidaridad que se generó en todo el sur solo presagia mayores conflictos y dificultades para la inversión. Nueve regiones paralizaron en apoyo de la protesta arequipeña. La reacción en Desaguadero a la presencia de Belaunde Lossio detenido era muy reveladora. No solamente se protestaba contra el corrupto sino también se lo asociaba con el actual gobierno.

No hay pues espacio inmediato para una posible negociación. El sur andino será una fuente de peligrosa desestabilización. Y en un año preelectoral es obvio que las campañas levantan aún más los ánimos y buscan surfear sobre la ola de la protesta social, lo que garantiza a esa zona del país una campaña agresiva, radical y excluyente. Difícilmente el partido de gobierno tendrá aceptación allí.

Por otro lado, la movilización de miles de personas en San Juan de Lurigancho exigiendo protección a su vida y a sus propiedades —es decir, mayor seguridad ciudadana— resulta algo nuevo: un paso más allá de la simple manifestación del reclamo contra el crimen. No sería de extrañar que esta reacción desate una movilización en cadena en defensa de la vida, la integridad y los bienes de los ciudadanos de los conos de Lima, que marcaría la diferencia.

La exigencia —sin mayores explicaciones— de la participación de las Fuerzas Armadas puede generalizarse. Y todos sabemos que las FF. AA. carecen de preparación para detener el crimen y más bien significan la paz a golpe de fuerza bruta. Ni siquiera la policía tiene la capacidad de hacerlo con decenas de años de experiencia; mucho menos, entonces, nuestros soldados. Ellos están preparados para matar (como todo ejército) y no para imponer un orden constitucional. En este contexto, no faltarán las campañas radicales en cuanto al delito y la tentación populista, por parte del gobierno, de sacar a las tropas.

El norte del país tampoco está exento de problemas. Mientras los conflictos en las haciendas azucareras continúan sin solución a corto plazo, de darse el fenómeno El Niño, el costo material para la agricultura será terrible. 

En la selva, los temas vinculados a la disputa por las tierras de las comunidades nativas han resurgido. A ello hay que añadir los problemas de la minería informal en regiones como Madre de Dios, donde las autoridades temen hacer pública la cantidad de niños envenenados por mercurio.


El ejemplo de Andahuaylas

Mientras la capital clama por un liderazgo capaz de convocar al pueblo entero contra la corrupción, a orillas del Chumbao florece un movimiento ignorado.

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El ejemplo de Andahuaylas

Mientras la capital clama por un liderazgo capaz de convocar al pueblo entero contra la corrupción, a orillas del Chumbao florece un movimiento ignorado.

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Por momentos se vuelve irrespirable la atmósfera política de la gran capital, cortesana todavía en pleno siglo XXI. Es una capital que sufre con sinceridad la ausencia de un liderazgo político, con capacidad de convocar a la ciudadanía contra la corrupción. Y también, una capital capaz de ignorar por diez días ya una movilización que se ha vuelto absolutamente masiva y convoca a la ciudadanía en su conjunto precisamente a luchar contra la corrupción.

Claro que  este último acto de civismo masivo se da en Andahuaylas y poco importa. Eso es lo que me indigna, lo que me subleva. ¿Qué ha pasado en Andahuaylas?

Acompáñeme, lector. No se para por pedir obras, se para por luchar contra la corrupción. Se acusa al alcalde por el mal manejo de cien millones de soles de fondos que estaban destinados a confluir con otros recursos y ser licitados por el Ministerio de Vivienda o fondos levantados como préstamo con cargo al canon minero. O sea un faenón mayor.

El primer paro se convocó en noviembre del 2016. Recuerde la fecha. El pueblo andahuaylino no necesitó el estallido del escándalo Odebrecht para movilizarse. Ante el paro en Andahuaylas se presentaron el contralor Alarcón, el ministro de Agricultura y la congresista Yeni Vilcatoma a título de especialista anticorrupción. Y a 30 de noviembre se firmaron convenios. Y al rato llego un equipo de diez expertos de la Contraloría y se instalaron mesas de trabajo. Todos contra la corrupción.

Claro, no habla nadie de la Fiscalía pero el 23 de enero los miembros de Frente Defensa se reunieron con el fiscal de la nación en su despacho y le expusieron toda la corruptela pidiendo se accione contra las autoridades como se ha hecho en otras regiones. El propio contralor se comprometió a involucrar a la Fiscalía.

Meses después, la respuesta del Perú oficial al pueblo de Andahuaylas se puede traducir en nada. Nada en siete idiomas. Nada hasta en runasimi. El rey de España nos hacía más caso.

Así están las cosas. De momento no hay violencia ni latigazos por la calle como en paros campesinos. Tampoco se aprecia la camarilla de políticos o algún grupo violentista al acecho. La cosa va de paro cívico. Pero bastará una chispa.

Y toda lucha tiene sus líderes. Conozca a Milciades Rivas. Quienes lo quieren mal dicen que es un rockero frustrado. Pero Milciades se defiende. “No soy ningún frustrado. Soy músico, hago metal pero metal espiritual. Los frustados son los punks. No somos resentidos”. Vaya deslinde ideológico.

Lo escucho y no hay duda: estamos en pleno siglo XXI y los liderazgos cambian. Solo la frivolidad capitalina permanece inmutable a los siglos.