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Mitos y percepciones del gobierno de PPK (parte 2)

Un gabinete embotellado y un ministro de Cultura que condecora vírgenes.

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4. El gabinete está embotellado y no logra salir de eso.

Uno de los comentarios esbozados con más frecuencia en el ámbito del análisis de la coyuntura es que los que tienen una mirada crítica o simplemente analítica de actual gobierno le hacen el juego al fujimorismo.

Sus comentarios son, por decirlo de alguna manera, recibidos como de color “naranja”. Y es que desde un primer momento el gobierno se mostró intolerante a la crítica y a la oposición. Para ello se activó una lógica de descalificación y hasta de ofensa. El caso más crítico se simbolizó cuando PPK (todavía en campaña) declaró que “el hijo de un ratero es también un ratero”, y de ahí se pasó a la descalificación de lo naranja. Esto fue percibido por la población como una manera de despreciar a casi la mitad del país, como una forma de choleo, una manera de subestimar al que votó democráticamente por otro candidato.

A esto se añade la errada estrategia de Peruanos Por el Kambio de pechar al Congreso, retarlo, amenazar con cerrarlo: subestimarlo.

Todo esto, lejos de menguar a la oposición, la empoderó. Y el resultado es hoy un gabinete embotellado (término deportivo que describe a un equipo de fútbol que no tiene cómo avanzar porque no encuentra pase); un gabinete que se está quedando solo. Ya nadie le abre el paso, y si sigue así pronto nadie va a querer acompañarlo. La población que lo llevó al triunfo ha decidido ponerse a un costado y está a la espera de lo que pueda suceder con un gobierno que no lo siente como suyo; más bien lo siente de un conjunto de intereses económicos y de un reducido número de personas.

Si no fuera por la oposición, por los comentarios especializados, el trabajo de la prensa y las denuncias periodísticas, tal vez, el gobierno hasta se habría hecho de la vista gorda con los escándalos de corrupción. Esa es la percepción que se tiene; así mira el Perú al gobierno. La mayoría del país tiene hoy una mirada crítica y eso no significa tener color naranja o ideología.

5. El ministro de Cultura está condecorando vírgenes.

El ministro de Cultura está condecorando vírgenes y otras divinidades religiosas. No es que eso tenga algo de malo. En todo caso, es una forma de reconocimiento a las tradiciones de nuestro país, al patrimonio inmaterial y a la diversidad cultural y/o religiosa. Pero la percepción que tiene la ciudadanía es que el ministro, al condecorar vírgenes y otros ídolos, está haciendo gala de una demagogia barata que además implica la utilización de símbolos religiosos y la manipulación de la fe de los peruanos.

El Estado debe, en la medida de lo posible, mantener una posición laica, no porque los gobernantes y funcionarios no compartan principios y valores religiosos, sino como forma de neutralidad ante la diversidad de credo de la población.

Y el ministro de Cultura parece haber encontrado en las condecoraciones a las vírgenes una forma de protagonismo mediático. Sería recomendable que esa misma energía y mística las ponga también, por ejemplo, en la necesidad de nombrar a un director de Biblioteca Nacional (cualquier otro gobierno o partido político en el poder ya lo habría hecho). El Perú es un país de grandes escritores y poetas. No hacerlo es una dolosa omisión cercana a la provocación.

Además el ministro ha obviado integrar en el consejo consultivo a su cargo a especialistas en el campo del desarrollo editorial. No se ha preocupado de que TVPerú nombre finalmente a nuevos miembros en su directorio; que Radio Nacional tenga un gerente nombrado y no un interino, como establece el organigrama del Estado, etc. Tiene además pendiente de resolver el tema de la construcción del Museo Nacional (proyecto que encargó un diseño arquitectónico sin guion museográfico y que presenta cuestionamientos técnicos de suelo y de clima en caso quede en Pachacamac). No sería extraño que además pronto se compruebe que grupos de poder, interesados en ganar la licitación del Museo en Pachacamac, hayan adquirido las tierras aledañas a la “zona intangible” en la que tal vez se levante ese espacio museográfico.

Si el ministro no resuelve adecuadamente el tema de la ubicación y licitación de la construcción del Museo, se generará en el gobierno de PPK un problema parecido al de Chinchero, pero con otros matices.

Es una vergüenza que en un país con problemas de comprensión de lectura, con pésima ortografía y con una incipiente producción editorial, no se nombre (por desidia o incapacidad) a un director de Biblioteca pero sí se condecoren a vírgenes o al Señor de la Amargura (imágenes religiosas muy respetables) para ganarse a la población creyente. Eso es percibido por la ciudadanía como una manipulación (continuará con dos entregas más).