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Aquí todos los días nos lavamos las manos

La tragedia de San Cristóbal ha revelado al Estado ausente (la Municipalidad de Lima) y al Estado inepto (la Municipalidad del Rímac).

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La tragedia de San Cristóbal ha revelado al Estado ausente (la Municipalidad de Lima) y al Estado inepto (la Municipalidad del Rímac).
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Aquí todos los días nos lavamos las manos

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El Estado no solo está ausente en las zonas altoandinas del país, donde representantes de ONG financiadas por el primer mundo capitalizan la miseria de campesinos para enriquecerse a costa de protestar contra la minería y el desarrollo (entre otros temas porque el Fondo de Adelanto Social ofrecido por el Ministro Tamayo no tiene cuándo llegar). El Estado anda desaparecido también aquí, a la vuelta de la esquina, en plena zona urbana; es un extraviado que convive con la tecnología y la modernidad, que es parte de este Perú cuya informalidad nuestra mente no es capaz de dimensionar y cuyo anarquismo nos duele reconocer.

¿Y por qué lo califico como perdido y no simplemente como inepto? Porque el Estado ineficiente sabe reconocer sus errores e intenta enmendarlos, mientras que el ausente es el que se lava las manos, el que no da la cara, el que atribuye responsabilidad a otros, el que se deshace en excusas porque desconoce mayormente. Grafiquémoslo con la penosísima tragedia del domingo último en el Cerro San Cristóbal.

Los protagonistas

ATEM-CA SAC (nombre formal de la empresa que opera Green Bus) tenía autorización otorgada por la MML desde el mes de enero de 2016 para prestar servicios de transporte turístico, sin concesión de paraderos en la vía pública. Vale decir, estaba obligada a contar con un lugar para el embarque y desembarque de pasajeros, así como para el pernocte de los buses; aunque imagino que ello no estaba en la estructura de costos de un negocio barato con rentabilidad marginal. En la mente de estos “emprendedores”, la informalidad es la mejor amiga de la productividad y olvidan que es enemiga de la seguridad y de los costos monetarios y personales asociados a ella.

La empresa utilizaba jaladores para animar a turistas, que se embarcaban en la calle (a vista y paciencia de Fiscalización). Apenas se llenaba el bus, iniciaban el recorrido por el Cerro San Cristóbal. No tenían horario establecido, era una “empresa formal” con todas las malas prácticas y ventajismo de las informales. Cada día con sus propios riesgos y ajetreos, hacia la aventura o la muerte.

El bus era una “cúster” rectificada cuyas llantas estaban en pésimas condiciones y presentó fallas en la caja de cambios. Nada sorprende. Según informe publicado por El Comercio en octubre del año pasado, las empresas de Revisiones Técnicas tienen una vía “fast track” cuyo precio fluctúa entre S/. 50 y S/. 100, ¿Ha hecho algo la Dirección General de Transporte Terrestre del MTC? No: Chinchero y El Niño Costero han tenido al Ministerio muy alborotado.

Víctor Ayala Altamirano, dueño de la empresa, ha declarado que una mototaxi le hizo perder el control al conductor del bus, mientras que el chofer lo atribuye al cruce de un niño. ¿Habrá existido una “mototaxi culpable”? ¿Habrá estado ella en cumplimiento de la ordenanza aprobada por la MML en el 2013 para vehículos menores? ¿De verdad habrá cruzado un niño? Demasiadas excusas, excesivas calumnias.

La noche del accidente, la señorial pero polémica Municipalidad Metropolitana de Lima —a pesar de haber autorizado a ATEM-CA SAC—, haciendo honor a sus prácticas habituales, emitió un tuit en el que informaba a la ciudadanía que la administración y fiscalización de la vía del Cerro San Cristóbal era competencia de la Municipalidad del Rímac. Le pasaron la pelota de taquito a Enrique Peramás, quien tuvo que interrumpir su viaje a Polonia por un evento de la UNESCO para dar la cara por este álgido tema.

A más inri, Castañeda tuvo la descortesía de no asistir a la citación del Congreso y envió a su teniente alcaldesa, Patricia Juárez, en representación. Aparte de mudez, debe sufrir de pánico escénico o simplemente como ya está de salida nada le importa.

No hay duda de que la vía de acceso al mirador del cerro San Cristóbal, angosta (apenas 4.5 metros), de doble sentido, sin señalización ni mayor mantenimiento y con un muro de contención en la zona del accidente de apenas 60 centímetros construido por el Club Revólver, es jurisdicción del Rímac. El alcalde admitió conocer las pésimas condiciones de la vía declarando: “No hubo autoridad mas preocupada porque la infraestructura del cerro mejore que yo. He tocado cada puerta de las instituciones del Ejecutivo. Incluso, lo hablé con el mismo presidente de la república”.

Si era tan consciente del riesgo y dijo privilegiar la seguridad, ¿por qué no clausuró el acceso como una medida extrema? Bueno, por la sencilla razón de que una vía cerrada no genera ingresos y se trata de un distrito con una morosidad de más de 80% en el pago de predial y arbitrios. ¿Y después cómo sufraga sus viajes?

Hay una evidente concurrencia de culpas y desidia, pero estoy segura de que el único que terminará en la cárcel será el chofer del bus, porque él es el “homicida culposo” y porque como siempre la pita se rompe por el lado más débil. El Estado ausente (MML), el Estado inepto (MdeR) y el dueño de la empresa seguirán celebrando el Día del Lavado de Manos (aunque en el mundo es el 15 de octubre, en el Perú resulta ser diario).