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Manuel Velarde: cara y sello

Es cierto que hay una campaña muy fuerte contra él, pero también es verdad que esta recoge la desazón real de muchos vecinos de San Isidro.

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Es cierto que hay una campaña muy fuerte contra él, pero también es verdad que esta recoge la desazón real de muchos vecinos de San Isidro.
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Manuel Velarde: cara y sello

Es cierto que hay una campaña muy fuerte contra él, pero también es verdad que esta recoge la desazón real de muchos vecinos de San Isidro.

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Veo en un video que un grupo de personas —aparentemente cambistas desalojados— rodeó a Manuel Velarde, alcalde de San Isidro, para reclamarle de manera airada explicaciones sobre algunas políticas municipales que lo han afectado. Lógicamente, que un hombre completamente solo sea impedido por una turba, entre gritos e improperios, de montar su bicicleta y movilizarse siempre nos moverá a la solidaridad.   

Sansidrinos de toda la vida y residentes por adopción como el que habla hemos visto a Velarde desde el inicio de su gestión circular en bicicleta. Es su signo distintivo; no hay provocación alguna. Cierto es que también hay una campaña muy fuerte contra él en las redes aunque, más allá de si la promueven intereses políticos, esta recoja la desazón de muchos vecinos reales que sienten que la visión del alcalde colisiona directamente con sus necesidades más inmediatas.

A mí, particularmente, me gusta que se privilegie al peatón y que se promueva el uso de ciclovías. Está muy bien y, además, suena muy cool, muy progre, muy orgánico y muy hipster, pero hay que reconocer que lamentablemente todavía resulta impráctico para la mayoría de RESIDENTES (la demografía del distrito es muy particular). El tráfico sigue siendo un problema, y la solución no pasa por forzar a una señora o a un señor de ochenta años, acostumbrados a usar carro para todo, a que monten bicicleta. Eso sin mencionar los experimentos de "reordenamiento" que en muchos casos tuvieron que retroceder por las protestas de, entre otros, los propios amigos y conocidos del alcalde, que ni podían salir de su casa (a última hora la municipalidad salió a decir que eran "planes pilotos" y nadie se lo creyó, porque los letreros jamás dijeron eso) o que vieron terriblemente perjudicados sus negocios.

Por otro lado, aplaudo la puesta en valor de los espacios públicos, mas pocos me refutarán si digo que, por ejemplo, la "intervención" verde sobre los antiguos estacionamientos de Las Begonias debería llamarse más bien “improvisación”. Entiendo que se trata de impulsar el uso de la nueva playa subterránea, y acepto que la madera y las plantas nunca tienen pierde, pero igual luce antojadiza y nada estética.

Volviendo al incidente mencionado al principio de este artículo, y conforme a lo dicho líneas arriba, toda formalización será positiva mientras se enmarque en la realidad del distrito. Así, los argumentos de los cambistas, y los de muchos vecinos que los aceptan y los quieren como parte de su cotidianeidad, son tan válidos como los exhibidos por la Municipalidad de San Isidro, por lo que una gestión ideal del problema no debería haber contemplado la proscripción absoluta.

Finalmente, me quedo con una frase del texto que utilizó cierta página de Facebook para difundir el video: “Si pensamos que es apropiado avalar —ya sea con nuestra indiferencia, enojo o indignación, justificados o no— estas conductas, mejor acabemos con el Estado de derecho que nos regula y volvamos a las épocas del circo romano”.

Qué divertido: me cuentan que precisamente quienes gestionan esa página forman parte de un círculo que deplora la elección de Trump y actualmente celebra y justifica desde Perusalén las marchas contra el presidente electo de Estados Unidos. "No hay nada más democrático que la protesta", dicen. ¡Ja!


Tres abusos de cada día (¿alguien se escandaliza?)

¡Peajes, estacionamientos y multas!

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1. ¿Los peajes son un gran negocio?

No solo eso. Nadie sabe cuánto se recauda al día, en qué se invierte el dinero recabado, cuánto se gasta al mes por el servicio brindado, si es que existe una “doble facturación” en las casetas, si la plata es utilizada en otra cosa. Para colmo, contiguas a una caseta de peaje vemos calles o avenidas laterales en pésimo estado a propósito, muchas de ellas literalmente abandonadas siempre en complicidad con el peaje. Y las entradas directas cercanas al peaje suelen estar obstruidas.

¿Por qué se hace eso? ¿Quién lo ordena? ¿Por qué se hace con premeditación y alevosía?

El problema no es solo el peaje, sino la complicidad de los municipios. Las administraciones cambian cada cuatro años, pero esa política de favorecimiento a la empresa privada encargada de administrar el peaje continúa. Y este abuso sucede a la vista de todo el mundo y no pasa nada. ¿No debería regularse esto?

2. ¿Las playas de estacionamiento son el otro gran negocio?

Hoy en día hay playas de estacionamiento que cobran hasta 20 soles por hora. Repito: 20 soles. Y no pasa nada.

Increíblemente, en los alrededores de estas playas los municipios se han encargado de cerrar cualquier acceso para estacionar sin costo. Una ciudad ordenada debe tener espacios regulados para estacionar, pero aquí lo que ha habido es la implementación de un negocio privado de estacionamientos. Salir a tomar un café, ir al cine, salir de compras, etc. puede terminar costando más por aparcar  que por la actividad misma. Y esto sucede a la vista de todo el mundo y no pasa nada. ¿No debería regularse esto?

3. ¿Las multas metropolitanas son también un gran negocio?

Es impresionante la cantidad de dinero que se recaba a través de multas de tránsito o de intervenciones vehiculares, siempre desde una lógica punitiva mal entendida: se trata de una política sancionadora mercantilista que crea en las familias afectadas caos, frustración, desesperanza, chantajes, coimas y pobreza familiar.

Hablo de conductores particulares, no de servicios de transporte. Y es que el municipio cobra por intervención, por grúa, por internamiento, por custodia, multa adicional porque no se informó de un cambio de domicilio, también por depósito del vehículo, por entrega del automóvil, y además por concepto de intereses... ¡como si fuera banco! Cabe preguntarse: ¿Qué se hace con esa plata? ¿Dónde va? ¿Cómo es administrada? ¿Qué instituciones la usufructúan?

Hay sanciones administrativas (con moras e intereses) que para una familia pueden llegar a costar el equivalente a cinco o seis meses de colegio de uno de sus hijos. Cuando, en realidad, debiera tratarse de una acción municipal educativa que conduzca al cambio, al aprendizaje, al desarrollo de una responsabilidad no asumida, no a un asalto municipal. Y este abuso sucede a la vista de todo el mundo y no pasa nada.

Por supuesto, en esta lista existe un largo etcétera: temas que necesitan regulación YA.


El negocio de los parqueos

Un atropello camuflado bajo el discurso de "ordenamiento de la ciudad"

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Hace unos días, como a la medianoche, fui a Miraflores a comer un sándwich. Pero al llegar me di con la sorpresa de que ya no se podía estacionar en los espacios de siempre.

Los han cerrado con maceteros. La única alternativa era entrar a la nueva playa de estacionamiento subterránea. Pero como ahí el parqueo cuesta siete soles la hora (casi tanto como el sándwich) decidí buscar un espacio en la calle Bellavista. La zona estaba llena, por lo que di una vuelta completa buscando estacionar.

Volví a intentarlo y ahí sí tuve mejor suerte pues justo salía un carro. Caminé por la Calle de las Pizzas evadiendo a los que se acercaban para invitarme a pasar a sus “discotecas turísticas” y, finalmente, tras caminar cinco cuadras, llegué a la sandwichería. A esas alturas ya no se trataba sólo de un sándwich, ahora era un sándwich más una chicha helada.

Mientras disfrutaba de mi pan con pavo, me enteré de que en el estacionamiento nuevo se puede pagar por minutos. Resultado: ahora la gente come apurada para pagar menos pues una distracción cualquiera le pueda costar como dos soles más en parqueo. Y pienso en los jóvenes estudiantes que tienen que pagar 20 o 30 soles por pasear en el parque Kennedy. O los jubilados que tras estacionar caminan a ritmo lento.

El problema de la privatización de los espacios públicos va de menos a más. Y se ha convertido en un atropello camuflado bajo el discurso de "ordenamiento de la ciudad".

Un municipio no puede andar quitando los espacios de libre acceso a la ciudadanía; y tampoco encareciendo los lugares de recreación. Y en Lima lo que se ha hecho es arrimar lentamente a la gente en aras de peajes, estacionamientos y multas mercantilistas que no educan: nadie sabe cuánto se recauda, cuáles han sido los acuerdos, qué va a pasar cuando se recupere la inversión, etc.

Para colmo, han surgido los espacios VIP en algunos estacionamientos y también los servicios de valet parking en esos lugares. Son servicios inventados para hacer negocio con el parque automotor. Además, los trabajadores que ahí adentro brindan el servicio de lavado de carros no ganan lo que cobran porque son obligados a pagar a la compañía una cuota diaria de sus ganancias. Todo es hacer plata a costa de la ciudadanía.

Lo que tendrían que hacer los municipios es facilitar un módico acceso a los estacionamientos públicos y abrir espacios municipales baratos. No fueron elegidos sus representantes para encarecer la vida de la ciudad sino para hacerla más cómoda y también más viable. Y la gente está indignada, pero a la Municipalidad de Miraflores esto no parece importarle.

Se acabaron mis sanguchitos en la “Lucha”: ya fueron... al igual que los estacionamientos de la calle Diagonal.