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La verdadera tragedia es desatender necesidades

Inundación que arrasa todo y no termina abre el camino para renunciar a ser sede de los Panamericanos. ¿Hay políticos en Palacio o todo es cemento y ladrillo?

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Inundación que arrasa todo y no termina abre el camino para renunciar a ser sede de los Panamericanos. ¿Hay políticos en Palacio o todo es cemento y ladrillo?
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“Sería una tragedia no hacer los Juegos Panamericanos”. Así ha hablado el presidente Pedro Pablo y probablemente esté en lo cierto: una tragedia. Pero la pregunta es tragedia para quién.

¿Tragedia para el que vive del ladrillo y del cemento? Seguro. ¿Para funcionarios que se conducen como si estuvieran prisioneros de compromisos previos? También. Para el que ama el deporte también sería trágico... solamente que en el Perú el deporte hace años que ya es una tragedia, de modo que prefiero, hablando en términos deportivos, una tragedia sin Panamericanos que una tragedia con Panamericanos.

Entiendo que los deportistas serían los más afectados y quedaríamos suspendidos de la competencia internacional. Eso duele en el alma. Pero más duele, por ejemplo, saber que el deporte se utiliza para festinar latrocinios. Revisen las cifras del gasto o inversión del canon minero (yo las vi de casualidad en el escritorio de un exjefe del IPD): verán que nos quieren hacer creer que los gobiernos locales han gastado 800 millones en el deporte.

El oscuro manejo de los fondos de Panamericanos, que contribuyó a la caída de Saavedra, es inaceptable. ¿Vas a levantar la bandera de la deportividad con semejante dirigencia?

Se dice que unos Panamericanos te dejan un legado que transforma la ciudad. Sí, cuando se hacen las cosas bien. Cuando ganamos la sede nuestro proyecto aseguraba que a fines de 2013 iba a estar el primer tramo de la línea dos. Saquen su cuenta. La interesada inacción por tres años y el propio caos con que se conduce la ciudad hacen que, hoy por hoy, apenas logremos construir un par de escenarios más pero la ciudad será la misma. Olvídense de legado alguno. Salvo que consideren un legado levantar edificaciones multifamiliares en Villa el Salvador.

Los cientos de miles de damnificados por unas inundaciones que ni siquiera han terminado abren un momento de determinación. Una bien llevada estrategia puede atenuar el castigo a nuestros deportistas. Hablarán a favor miles de imágenes desgarradoras que ahora, en el inicio de una crisis inédita, ni siquiera imaginamos.

Pero la verdadera tragedia consiste en tener un presidente difuso y unos constructores con la sartén en el mango, dispuestos a darles la espalda a los que ahora sufren. Después del robo de la Interoceánica, de la cuchipanda del gasoducto que le metió mano a todos los peruanos…. la verdadera tragedia sería darle la espalda a una herida desgarrada que es preciso atender sin pensar en acuerditos previos.


Hoy toca echar mano de lo mejor de nosotros

En este momento, el Perú solo necesita al que ayuda y no estorba.

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Los desastres sacan lo mejor y lo peor de la gente. Es una verdad de Perogrullo que debería servir para inscribirnos en el bando correcto. ¿Y cuál sería ese bando? El que ayuda y no estorba; el que propone y no critica; el que concilia y no divide.

En esa línea, el Congreso decidió postergar la interpelación al ministro Vizcarra de hoy jueves y, de esta manera, ha puesto al país por encima de la política, como debe ser. Ya lo había hecho el presidente desde que, con sus casi ochenta años a cuestas, empezó recorrer las zonas afectadas por las lluvias dejando de lado las rencillas y concentrándose en lo urgente. "Esta es una emergencia nacional que no tiene nada que ver con política", ha declarado con mucha razón, convocando a la unidad de todos los peruanos.

Son veinte regiones, de las veinticuatro, que ahora están en emergencia por este Niño inesperado. Toca entonces que cada uno de nosotros responda donando no solo aquello que sobra, sino lo realmente útil para nuestros hermanos damnificados. Y hacer uso de nuestro buen criterio por encima del entusiasmo y el paternalismo. Recordemos lo que ocurrió cuando el terremoto de Ica: muchos "apasionados "voluntarios" se organizaban en improvisadas "brigadas" de ayuda y lo único que consiguieron, en medio del drama, fue congestionar las vías de acceso (afectadas o completamente destruidas por el sismo) a las zonas de desastre.

Mientras tanto, demos uso responsable al agua potable y canalicemos esas ganas de ayudar a través de donaciones a organismos como Piura en Acción o respondiendo a la convocatoria de la Presidencia del Consejo de Ministros, que ha dispuesto la habilitación de dos centros de acopio de ayuda humanitaria: la Videna y el coliseo Dibós.

No le demos más vueltas: echemos mano de lo mejor de nosotros.