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Fútbol y política: lecciones para un nuevo liderazgo

Hasta nuestro alicaído fútbol supera a nuestra paupérrima política.

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Fútbol y política: lecciones para un nuevo liderazgo

Hasta nuestro alicaído fútbol supera a nuestra paupérrima política.

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Perú logró el tercer puesto en la Copa América de la mano de un entrenador que, a pesar de que en sus tiempos de jugador fue más amante del choque que del toque, rescató el fútbol fino que en su tiempo caracterizó a los futbolistas peruanos más connotados. Y todo a base del discurso prudente, sin grandilocuencias ni destempladas adjetivaciones, dejando que sean el trabajo y sus resultados los que hablen por uno y poniendo en claro quien está a cargo. Tremendo ejemplo de lo que es ser líder y cabeza visible.

Liderazgos de ese tipo los requerimos con urgencia en nuestra política, tan recargada últimamente de “liderazgos” amparados en las faldas del cónyuge y embebidos en un lenguaje barrial que solo transmite inseguridad y la sensación de que nadie está al frente. Especialmente cuando los resultados por mostrar son prácticamente inexistentes, en contraste con las múltiples señales de acciones sombrías que debilitan, aún más, los escuálidos liderazgos de quienes, en cierto tiempo, alzaban la voz en tono desafiante.

El fútbol y la política han estado siempre relacionados. Y, algunas veces, podemos extraer lecciones del más popular de los deportes para el más vilipendiado de los quehaceres. Quizás las soluciones a nuestra débil gobernanza haya que buscarlas ya no en nuestra minimalista política sino, aunque parezca increíble, en nuestro básico fútbol que siendo tan modesto, parece ser todavía menos paupérrimo que la talla e impronta de nuestros líderes políticos.


Hart to Hart

Nuevo combatiente de Alianza Popular.

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El APRA y el PPC, probablemente los últimos bastiones de la democracia partidaria peruana, ayer fueron reducidos al nivel de un programa televisivo peruano que será menos recordado que el Triki Trak.  

Ambos partidos surgieron como una respuesta filosófica y lucharon por grandes causas, proporcionándose roles únicos en el dialogo político para la construcción del Perú, pero hoy han traicionado su historia. 

El APRA, uno de los partidos más antiguos de América y de los únicos con proyección regional, fue creado para batallar la incidencia hegemónica de un poder mundial, encarnando una opción de cambio político y social que representaba a los trabajadores peruanos. Por otro lado, el PPC, creado para representar y defender la verdadera democracia liberal peruana, apoyó siempre el estado de derecho y la democracia. Fue el clásico líder de la oposición responsable, si recordamos su rol contra la estatización de la banca del 87 y contra la dictadura fujimorista. 

Ambas agrupaciones batallaron golpes de estados, dictaduras y juntas escribieron las bases de la república del 1979, convirtiéndose en los últimos hidalgos de nuestro sistema democrático.  

Ahora, años después, sus líderes juntaron las divergentes ideologías para proponernos una opción electoral que pueda personificar la institucionalidad democrática peruana. Sin embargo, ayer el apetito político de sus cúpulas cortoplacistas reaccionó a la dilución coyuntural de su protagonismo vendiendo la historia de las hazañas de sus instituciones y sus antepasados por los votos que podría generar Mario Hart, quien probablemente no representa ni a su grupo de amigos. 

Lo triste para el Perú es que no solo se trata de un golpe a los partidos políticos, sino del reflejo de la convicción e integridad de nuestra sociedad y del peso que deposita en su historia.

Resulta claro que estamos en una “crisis de partidos” cuando la única garantía para la subsistencia de los más sólidos es incorporar a los integrantes del reality “Combate”. 


Los amigos que perdí

¿Que hay detrás del nombramiento de Hugo Otero a la embajada que le ofreció PPK ?

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No nací para hipócrita. No hay muerto malo y eso le alcanza incluso a Fidel Castro, al que hasta Pedro Pablo ha elogiado con esmero. Yo no sé si la historia lo absolverá a Castro, pero si estoy seguro de que bastaría con vender su yate y un par de propiedades para pagar la caución. Prefiero, en consecuencia, poner la mirada en políticos peruanos. 

Obviamente la sombra de Castro persiste en la mente y me pregunto si en el Perú del siglo XX hemos tenido un liderazgo de la talla de Castro. Obvuamente, no. Pero, quiénes son hoy nuestros políticos longevos en el Perú. Luis Bedoya no cuenta pues vive en el retiro desde hace décadas. Ni se diga nada de Morales Bermúdez. En el rubro de político longevo, en consecuencia, Alan García corre sin competencia. Y sí cuenta porque aunque venga de un revés electoral sigue en la jugada y, aunque no lleve barba, ha sabido cultivar un liderazgo muy personal y de mucho peso al interior del APRA.

Con tanto revuelo por el viaje de Nadine o por el enamoradizo ex ministro ha pasado ligeramente desapercibido un hecho importante: el nombramiento de Hugo Otero como embajador del gobierno de Pedro Pablo en Ecuador. Otero, publicista de éxito, estuvo con Alan García desde 1985 y se le atribuye la estrategia electoral que tumbó a Vargas Llosa en el noventa. Íntimo de García, Otero lo ha acompañado hasta la primera vuelta del presente año. Puede decirse que Alan y Hugo eran como “veteranos de Sierra Maestra”

Hay quien piensa que Alan cuida a su gente y le consigue puesto. Pero yo tengo entendido que no es así. Otero simplemente se aleja y toma la embajada. No se trata de una crisis partidaria y sí de dos viejos apristas, uno de los cuales se aleja

A la mente acuden imágenes de otros alejamientos, de políticos que tuvieron vida propia luego de dejar el Apra. Es la hora de recordar que el legendario MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionarias) era conocido como el Apra Rebelde. Elementos como Luis de la Puente Uceda o Javier Valle Riestra tuvieron vida política fuera del Apra.

¿Será el caso de Hugo Otero? Difícil saberlo. ¿Se trata solamente de alguien que se cansó y se fue, quinta columna como se decía antes? ¿O el alejamiento de Otero marcará una tendencia y Alan terminará quedándose solo?

¿O será que estamos, como piensan algunos, ante el simple peso de un plato de lentejas? Quiero creer que no. Solamente se cansó.