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Una hora (con) Kenji

Agobiada por la corrupción, por un Ejecutivo lobbista y por una mayoría que no comunica propuestas al país, la audiencia disfrutó del último programa de Jaime de Althaus.

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Agobiada por la corrupción, por un Ejecutivo lobbista y por una mayoría que no comunica propuestas al país, la audiencia disfrutó del último programa de Jaime de Althaus.
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Una hora (con) Kenji

Agobiada por la corrupción, por un Ejecutivo lobbista y por una mayoría que no comunica propuestas al país, la audiencia disfrutó del último programa de Jaime de Althaus.

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Ignoro detalles de la salida de mi estimado amigo Jaime de Althaus, pero tengo la impresión de que Canal N lo jaló en 1999 por articular en ese entonces el más equilibrado discurso contrario al continuismo fujimorista de entonces. Jaime ha sido el de siempre, pero han pasado 18 años y ahora sale de Canal N por ser la única voz no antifujimorista de ese medio: sale porque sobra.

Otros simplemente lo consideran el mejor topo del fujimorismo o también (¡horror!) un fujimorista más. O sea… sarna compartida. Se va. Y ellos están en todo su derecho de prescindir de él.

La trayectoria de Jaime es conocida. Alguna vez fue un puntero izquierdo impetuoso. El “Gallardo rubio” lo llamábamos en la época de México 70, en alusión al gran Alberto Gallardo con quien Jaime compartía puesto y remates inesperados. Las damas, más despiertas, lo llamaban “Ducal”: marca de cigarrillos que por entonces se moqueteaba como “el rubio suave que hacía falta”. De su faceta de periodista no es preciso subrayar nada, excepto que es posible que por buen tiempo se lo recuerde ante todo por su última entrevista hecha a Kenji Fujimori.

Hubo viento fresco para una audiencia saturada por el malestar social generalizado que despierta la corrupción, agobiada por un Ejecutivo que se dispara a los pies y saturada por el accionar de una mayoría legislativa que controla al Ejecutivo con celo, pero que ha dejado hace rato de comunicar propuestas al país. Esa audiencia que somos asistió de pronto a un impactante diálogo con Kenji. Fue una conversación extremadamente asertiva y llena de propuestas con alguien disconforme con el rendimiento de la bancada fujimorista y dispuesto, de manera coherente y avisada con anticipación, a empujar el retorno a la bicameralidad.

¿Qué pensarán ahora los que han vivido una fantasía según la cual Kenji Gerardo era un nerd impresentable y todo lo que veíamos de él (sus posiciones singulares, sus columnas de opinión, su foto con la primera dama) eran puro mérito de un audaz ventrílocuo llamado Jorge Morelli?

Desengáñense. Kenji es de la familia y critica desde adentro sin plantear ruptura alguna, solamente una nueva estructuración del poder institucional. Kenji reclama pero no piensa en otra candidata, sino en un cambio de equipo de campaña. Y en la posibilidad, muy concreta y favorable a Keiko, de llegar al 2021 habiendo aprobado (en colaboración con el oficialismo cuyos votos no necesita pero la arroparían) la mitad de la agenda planteada en esa entrevista.

Bien jugado, Jaime. Espero verte muy pronto en cualquier pantalla engalanada.