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Extraños tropiezos

Si fue Estados Unidos el que dio al mundo la información sobre Lava Jato, ¿cómo es que ahora se hace el desentendido y pide sustentar el pedido de detención a Alejandro Toledo?

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Extraños tropiezos

Si fue Estados Unidos el que dio al mundo la información sobre Lava Jato, ¿cómo es que ahora se hace el desentendido y pide sustentar el pedido de detención a Alejandro Toledo?

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No es un secreto que el Ministerio Público, el Poder Judicial y el Congreso de la república, en sus respectivas investigaciones, solo podrán imputar  responsabilidades penales a altos funcionarios públicos en el escándalo Lava Jato a partir de —casi exclusivamente— las confesiones que los procesados brasileños formulan en Brasil y Estados Unidos bajo el sistema de la delación premiada. Por sí mismos, los organismos investigadores peruanos tienen enormes dificultades para seguir las rutas internacionales de dinero y abrir el secreto de las cuentas en el extranjero.

En cambio, cuando es el propio corruptor quien señala con detalle cómo pago una coima, no hay manera para este de evadir la contundencia de las pruebas y por ello el proceso se facilita enormemente.

En los dos casos ya conocidos en nuestro país, Toledo con la Interocéanica y Cuba más cómplices en el tema del Tren Eléctrico, las imputaciones y las subsecuentes detenciones y allanamientos han sido consecuencia de la información proporcionada por Odebrecht a través de Lourdes Carreño Carcelén y Jorge Simoes Barata. Información que fue entregada con detalles a la fiscalía brasileña y a la que el fiscal Hamilton Castro tuvo acceso, así como el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que la dio a conocer a todo el mundo mediante un comunicado contundente al respecto.

Quiere decir que el gobierno de EEUU tiene todos los detalles de las acciones delictivas y sobre la base de ellas ha negociado con Odebrecht las sanciones pecuniarias y penales a que hubiera lugar en su jurisdicción.

Por eso no se entiende que sea el mismo gobierno estadounidense quien ahora pida “sustentar” el pedido de detener a Alejandro Toledo y proponga un mecanismo de extradición que es largo y complicado. Si ellos mismos le dieron esa información al mundo y las autoridades peruanas actúan en consecuencia, sin dilación y con celeridad plausible, ¿cómo es que EE. UU. se hace el desentendido y pide sustentar el pedido peruano? ¿Es posible deducir que el gobierno norteamericano es tan chicha y desordenado que un ministerio (el de Justicia) no le dice nada a otro (el de Estado, que equivale al de Relaciones Exteriores)?

Nadie lo creería. ¿Entonces qué? ¿Los norteamericanos tienen doble juego? ¿O hay lobbies tan fuertes en su gobierno que tienen capacidad para poner trabas a la lucha contra la corrupción?

Todo es posible. No olvidemos que con el sistema penal más grande y eficaz del mundo, es en EE. UU. donde más droga se consume que en cualquier otro país, dónde más mafias subsisten (incluso con raigambres culturales) en sus principales ciudades y más espacios elusivos posee, como el estado de Delaware o la ciudad de las Vegas, o sus posesiones caribeñas. Son esos los espacios que justamente los acusados aprovechan para eludir la justicia, lo que sin duda retrasa en forma considerable la lucha anticorrupción.

Pero creemos que no es posible sostener semejante tesis ante un caso que reviste una envergadura insondable y cataclísmica para todo el continente.

Hay que señalar que, pese a que solamente se ha imputado delito de tráfico de influencias y se ha comprendido en la investigación únicamente a Alejandro Toledo (sin cómplice alguno), el trabajo de la Fiscalía y del juzgado ha sido encomiable en su celeridad y efectividad, y sería mezquino escatimar el elogio.

Sin embargo, da la impresión de que frente a todo lo que queda por delante es por ahora muy poco lo avanzado. Paciencia y mucha constancia en todo caso. Tarde o temprano la verdad, que ya está escrita en documentos oficiales, se conocerá. De ello no cabe la menor duda.


PPK en su laberinto

¿Cómo es posible levantar la bandera anticorrupción con una mano y con la otra firmar la adenda que prácticamente regala a allegados el aeropuerto de Chinchero?

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Cada día trae su propio afán, dicen las Sagradas Escrituras y vaya si cada día en esta saga de anticorrupción cubre con largueza semejante aserto. Amanece el día y nos tropezamos con nuevas revelaciones. Cae el sol y hay otros nombres, nuevos implicados, más revelaciones, negativas impregnadas de un cinismo inocultable o, de pronto, declaraciones casi exculpatorias provenientes de quien uno menos pensaba.

Y la historia dirá que en la semana en que se revelaron los millones de Nadine… la verdadera sorpresa fue Duberlí Rodríguez, hombre fuerte del Poder Judicial. Tiene amplia trayectoria como juez y político y asumió el cargo con una actitud que le ganó la buena voluntad de muchos peruanos que veían en el alguien capaz de mantenerse firme en la lucha contra la corrupción.

Verlo a Duberlí el otro día, con el rostro circunspecto y un tonito de voz entre falsete y miedoso, sostener que no hay delito pues los millones de Nadine forman parte de un aporte y esta figura no es ilegal… ha sido demasiado. Con la inocencia perdida hace rato, la opinión pública percibe con desilusión  que el hombre fuerte del PJ sigue al servicio de la que fuese pareja presidencial. Qué le sabrán. Esa es la expresión que, en la actual situación de corruptela, termina teniendo asidero.

No se puede confiar en nadie y esto recién empieza, de manera que relájese y sopese cada giro. Una encuesta de GFK revela que la aprobación a PPK cayó seis puntos más en febrero y ahora se encuentra por debajo del tercio. Contra ese desplome continuo no hay "cállense" que valga, ni sirve tomarse pastillita alguna.

Tampoco veo estrategia posible capaz de revertir esa tendencia. Al contrario, casi cada semana el gobierno contribuye al descrédito. Y no se trata solamente de una crisis por falta de iniciativa. A veces, lo menos defendible de este gobierno son ciertas iniciativas inexplicables.

Dejemos de lado todo encono o bandería y hagamos una pregunta de sentido común. ¿Cómo es posible levantar la bandera de la anticorrupción con una mano y con la otra firmar una adenda (ya calificada de ilegal por el contralor) que prácticamente le regala a un grupo económico el aeropuerto de Chinchero por cuarenta años?

Ya se habla de pagos de Odebrecht vinculadas a cuentas del presidente. La declaración de Barata fue publicada con varios párrafos cubiertos de negro. Se dice que son las respuestas de Barata a la pregunta sobre la participación de Pedro Pablo en lo de la Interoceánica luego que su jefe político, Toledo, cobrase los veinte millones. ¿Cómo verle un buen final a este gobierno de lujo? ¿Cómo?


Dos apuntes sobre Graña y Montero

¿Acaso a Barata debemos creerle unas cosas sí y otras, no?

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La asociación entre Odebrecht y la gigante Graña y Montero a modo de consorcio para ejecutar diversos megaproyectos públicos es información pública desde hace mucho. Sin embargo, en las últimas semanas y con mayor razón desde el viernes a raíz de las declaraciones de Jorge Barata, el tema viene siendo escrutado con mayor frecuencia por la opinión pública.

En tal, sentido, conviene hacer dos sencillos apuntes:

1. ¿Regresó el doble criterio? La constructora emitió un comunicado el día viernes desmintiendo las declaraciones de Barata, por lo que acá vale la preguntarse lo siguiente: ¿Al señor Barata le deberíamos creer algunas cosas sí y otras no? ¿Cómo es posible que hayan tiendas políticas y sectores de la prensa que digan que un  ministro sí o sí tiene que estar enterado de compras truchas de computadoras pero un presidente o empresarios no tienen nada que ver con maniobras sucias de sus socios? ¿A Barata le otorgaremos credibilidad selectiva?

2. Pésimos gestos empresariales. La empresa ha sido cuestionada en más de una ocasión y se ha dedicado a desmentir en repetidas ocasiones cualquier vínculo con las coimas.  Determinarlo solo le corresponde al Poder Judicial, pero la verdad es que gestos de control de daños claros no han tenido. ¿Por qué no anunciar una investigación interna en la que cualquier ejecutivo relacionado a la corrupción será expulsado?

La negativa a asistir a la nueva citación de parte de José Graña Miró Quesada no le suma en NADA a la imagen de la empresa. Este hecho podría generar dos percepciones negativas a la opinión pública: i) negarse a ir es porque se oculta algo; ii) ¿se siente por encima del Congreso de la República que finalmente, nos guste o no, representa al pueblo?

En un país como el nuestro es importante la sensibilidad social a la hora de tomar decisiones que implican actores políticos y opinión pública. En mi humilde opinión, el señor Graña debería haber priorizado por sobre otros compromisos la citación a la comisión que preside el Congresista Albrecht por el simple hecho de ponerse a disposición de colaborar e incentivar la transparencia.

El tema es excesivamente delicado por los activos, contratos, cantidad de empleados y demás factores que tiene GyM en el país. Sería muy lamentable que una empresa que durante años fue símbolo del sector construcción nacional se vea tristemente implicada en escándalos de corrupción.

Nos toca esperar a que conclusión llega la justicia peruana.

P.S.: Artículo publicado antes de la renuncia de la plana mayor al directorio de Graña y Montero.