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El nacionalismo grita: "¡Ratas!"

...y Humala está a punto de viajar a Colombia dejando a la señora Marisol Espinoza en el sillón presidencial.

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El nacionalismo grita: "¡Ratas!"

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La presidenta del Partido Nacionalista, Nadine Heredia, y su esposo Ollanta Humala, se han referido la noche del jueves 29 —en el acto de celebración de los 10 años de esa agrupación política y 15 del levantamiento de Locumba— a quienes abandonaron sus filas. Mientras Humala aludió a los “que abandonan el barco” para que sus seguidores griten “ratas”, Nadine dijo: "Aquí están los que tienen que estar, los nacionalistas que continúan en la brega, los que no se chupan, los que ponen la cara, los que ponen el pecho".

En principio, son repudiables estas gratuitas y torpes alocuciones. Humala está a punto de viajar a Colombia y dejará por 12 horas a la señora Marisol Espinoza en el sillón presidencial, quien acaba de renunciar al PN. ¿Espinoza merece el adjetivo de “rata” o “chupada”? Solo en un mundo de locos o atrevidos como el que viven los cuatro gatos que comanda la pareja presidencial, puede producirse semejante afrenta.

Lo segundo es reiterar que estos “chupados” como Espinoza, el difunto Javier Diez Canseco, Rosa Mavila, Natalie Condori y casi el 50 por ciento de la bancada oficialista original no son tránsfugas que dejaron la misma para pasarse a otros partidos por intereses subalternos, sean políticos o económicos, ni por miedo. Se fueron por motivos concretos sin recalar en otras agrupaciones con presencia parlamentaria: la claudicación de Humala, los maltratos de Nadine, el ninguneo a sus iniciativas, las prebendas para los más sobones, el destape de corruptelas.

Miente Nadine cuando señala que esto le ha pasado a otros partidos. Jamás en la historia republicana hubo una disidencia tan grande de congresistas. El nacionalismo ya no es un partido: es una vergüenza estadística con membrete en el Jurado Nacional de Elecciones.


La reivindicación de Javier Diez Canseco

Si el poder que elabora las leyes de la república honra la verdad, debe reparar al fallecido congresista y a su familia.

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Si el poder que elabora las leyes de la república honra la verdad, debe reparar al fallecido congresista y a su familia.
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La reivindicación de Javier Diez Canseco

Si el poder que elabora las leyes de la república honra la verdad, debe reparar al fallecido congresista y a su familia.

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Pasaron tres años de la muerte física de Javier Diez Canseco, respetado político de la izquierda peruana, pero todavía no se ha producido la reivindicación de su nombre vía el acatamiento de la resolución judicial que declaró nulo el Informe Final de la Comisión de Ética que lo suspendió bajo el falso cargo de haber propuesto un proyecto de ley para favorecerse.

La Comisión de Constitución del Congreso, en respuesta a un pedido del Consejo Directivo, ha recomendado la reparación de la injusticia que a todas luces afectó su vida y que, a pesar de reiterados esfuerzos y pedidos, solo llegará post mortem.

El episodio de su malhadada suspensión dejó en claro los escasos escrúpulos de la bancada oficialista, que tomó venganza de la crítica ética que levantó Javier Diez Canseco junto a otros valientes legisladores por el abandono de Ollanta Humala de sus promesas electorales. También vieron la oportunidad de venganza aquellos que se sintieron afectados por la energía y la consecuencia con que el legislador denunció la corrupción y la violación de los dd. hh. durante el fujimorismo y activó junto a los dirigentes de los partidos democráticos la oposición contra la autocracia fujimontesinista que depredó el país.

Dada la gran mayoría naranja en el Congreso que viene, es evidente que ese desagravio ya postergado nunca llegará a pesar de su justicia y de su urgencia ética. Por eso corresponde al Congreso que está por terminar culminar esa tarea que no es ideológica ni política. Si el poder que elabora las leyes de la república debe honrar la verdad, debe entonces reparar el daño infligido a Javier Diez Canseco y a su familia. Le toca publicar las sentencias judiciales que anularon una mal tomada decisión y difundir el informe de la Comisión de Constitución que obliga a proceder formal y oficialmente a su desagravio.

Esperamos que Luis Iberico con su proverbial corrección impulse este acto de justicia que daría una instrucción moral de rectificación y el mensaje de que el Congreso sabe cumplir, más allá de intereses subalternos, el mandato del Poder Judicial y lo que la verdad exige. No todo puede estar mal en el Congreso y la ejecutoria de la Comisión de Constitución lo testimonia.

Los valores son los valores y la consecuencia, sin ideologías de por medio, enaltece personal o institucionalmente a quien se reviste de ella. 


Informe Kroll: tapadera y cuchipanda

Por algo, Javier Diez Canseco y la Comisión de Investigación de Delitos Financieros escudriñaron los contratos suscritos en la época de Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.

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Por algo, Javier Diez Canseco y la Comisión de Investigación de Delitos Financieros escudriñaron los contratos suscritos en la época de Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.
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Informe Kroll: tapadera y cuchipanda

Por algo, Javier Diez Canseco y la Comisión de Investigación de Delitos Financieros escudriñaron los contratos suscritos en la época de Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.

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Está bien que el informe Kroll, el resultado de una costosa pesquisa internacional pagada hace más de una década por el Estado peruano para terminar de hundir a Alberto Fujimori, haya sido luego guardado bajo siete llaves por el entonces presidente Toledo y sus ministros. Pero los tiempos cambian y va siendo hora de saber la verdad.

Se dice que dicha pesquisa no encontró rastro alguno de dinero mal habido por Alberto Fujimori en el sistema financiero internacional. Eso se entiende pues el menor vestigio de lo contrario hubiera sido noticia de portada un día tras otro. Pero también se ha comentado que la razón principal del secretismo es que en las indagaciones sobre dinero mal habido se encontró imputaciones que involucraban a personas supuestamente insospechadas de haber tenido vínculo alguno con el régimen de los noventa y más bien se habían convertido en adalides del antifujimorismo. Ahora que ese meteorito llamado Odebrecht pone en peligro hasta a los dinosaurios de la moralidad, sería conveniente hacer un esfuerzo por ventilar el contenido de una pesquisa que nos costó a todos los peruanos.

Así como un virus se vuelve resistente a los antibióticos, el pueblo peruano ya no se deja manipular así nomás por alguna campaña orquestada desde los medios. El intento por quitar el foco de la corrupción del 2005 en adelante y poner la atención en los supuestos actos de corrupción cometidos por Odebrecht en los noventas les ha estallado en las manos a sus promotores: percibidos ahora como elementos dispuestos a jugar cualquier carta con tal de no hurgar en la confesa corrupción que involucra a los gobiernos de Toledo, García y Humala.

Pero hay más. Quienes se rasgan el vestido pretendiendo meter al fujimorismo en la misma olla ningunean feo la concienzuda labor de Javier Diez Canseco, recordado congresista que al frente de la Comisión de Investigación de Delitos Financieros investigó, uno a uno y por largo tiempo, los contratos suscritos en la época de Alberto Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.

“Que no nos vean la cara de cojudos, por favor”, ha dicho Ricardo Vásquez Kunze aludiendo a la fallida campaña por meter al fujimorismo en el mismo saco. Yo sí pongo la cara de ídem, porque apenas escarbemos comprenderemos cómo así Fujimori dejó a Odebrecht en litigio y prohibido de contratar con el Estado y por qué Toledo y sus ministros tuvieron que festinar la cuchipanda para favorecerlo.