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El shock de Shack

Nuevo contralor deberá precisar alcances y límites de sus funciones para no impedir la operatividad del Estado.

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El shock de Shack

Nuevo contralor deberá precisar alcances y límites de sus funciones para no impedir la operatividad del Estado.

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Inicio estas reflexiones sin poner en duda que la Comisión Permanente del Congreso designará a Nelson Shack como nuevo Contralor General de la República. Es la persona más idónea en la cual se haya pensado para el puesto, por su conocimiento casi erudito de las venas del Estado.

Shack tuvo un desempeño magnífico en la asesoría prestada por el Banco Mundial a la reforma del Poder Judicial (programa Acceso a la Justicia) a mediados de la década pasada, ocasión en la que pude apreciar su perspectiva de alto vuelo. Esa reforma—todos lo sabemos— fue detenida por intereses subalternos y la seguimos esperando.

Años más tarde, volví a ver a Shack cuando varios periodistas fuimos convocados a debatir un estudio sobre la transparencia de la gestión pública, ámbito que consideraba los procesos de concesión y ejecución de obras, compras estatales y otros. Recuerdo la presencia de muchos colegas bastante conocidos en esa discusión, quienes supongo también darán fe del expertise del propuesto.

Algunos pretenden objetar la candidatura de Shack asociándolo a diversas administraciones gubernamentales, en especial en la que le cupo a Pedro Pablo Kuczynski tenerlo a su lado cuando fue ministro de Economía durante el quinquenio de Alejandro Toledo. Por el contrario, creo que es una fortaleza haber prestado su concurso técnico al país en diferentes gobiernos.

También un sector del Parlamento resiente el hecho de que Shack sea el único propuesto y no mediante el mecanismo de una terna. El Congreso ya debería estar escaldado por la cantidad de profesionales de gran nivel a quienes maltrató innecesariamente jugando con sus nombres y honras para luego “balotearlos”. A mi juicio Shack concentra atributos de formación e inteligencia que exceden los requisitos pedidos para la función de contralor. El Legislativo no debería enredar más las cosas.

Resulta positivo que el candidato haya pedido reunirse con los voceros de las distintas bancadas parlamentarias a fin de explicarles su plan de trabajo en caso fuera elegido. Será ocasión no solo para validar sus condiciones, sino también para arrancarle iniciativas concretas respecto a la supervisión óptima del manejo de los recursos públicos, que vayan de la mano con la agilización de la operatividad del Estado.

Porque Shack tendrá como misión esencial devolverle al aparato estatal esa mínima movilidad de la que hoy carece por efecto de la ola Lava Jato, el panorama económico recesivo y el miedo de numerosos funcionarios (desde los gobiernos locales hasta el central) de estampar su firma autorizando proyectos de inversión u otros gastos esenciales. Transparencia no significa paralización, permanecer inerme frente a las responsabilidad de activar el sistema de toma de decisiones. El control debe ser cualitativamente superior pero no por ello frustrante del accionar estatal.

En suma, requeriremos el shock de Shack en la Contraloría. Saberlo comunicar y legitimarlo es otro de sus desafíos.