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El chantaje

Odebrecht dice que quiere colaborar y pagar la indemnización, pero con la condición de continuar licitando con el Estado.

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Odebrecht dice que quiere colaborar y pagar la indemnización, pero con la condición de continuar licitando con el Estado.
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El chantaje

Odebrecht dice que quiere colaborar y pagar la indemnización, pero con la condición de continuar licitando con el Estado.

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Odebrecht tiene una gran experiencia. Durante más de quince años se mantuvo fuera de la justicia en todos los países donde operó a través de su selecto Departamento de Operaciones Estructuradas, que en buen cristiano se traducen en coimas y sobornos.

Estos “errores”, tardíamente aceptados como delitos, constituían una segunda naturaleza empresarial para concretar los negocios de la gran mafia internacional. No cabe duda de que saben manejarse para comprar voluntades y conciencias, y de que esa es su dudosa expertise.

Mauricio Cruz, el actual representante de Odebrecht en el Perú en reemplazo del muy conocido Jorge Barata, ha dicho que entregarán toda la información sobre los peces gordos, sean exministros o expresidentes, pero en contrapartida mientras la empresa esté colaborando no debería sufrir ni un allanamiento ni el congelamiento de sus cuentas. Para PPK se terminó el juego y se deben marchar del país mientras que para ellos esta no es la última palabra. Por supuesto, para nada les importa la enorme cantidad de peruanos que esperan se anuncie oficialmente su expulsión.

La presión social contra la corrupción y la impunidad crece como una gran marea, pero la situación es compleja y va más allá de las simples frases para la platea sedienta de justicia.

La exigencia de que Odebrecht se vaya colisiona con la necesidad de que comiencen a pagar por lo que robaron por sobrecostos al Estado peruano “Tenemos que pagar una multa, una reparación civil; entonces la empresa necesita sobrevivir para cumplir con sus obligaciones y para que sirva como ejemplo positivo” ha dicho Cruz y ha agregado que la expulsión sería el peor ejemplo posible, porque ninguna otra empresa va a querer colaborar con la justicia por su propia voluntad si existen tales represalias.

Odebrecht quiere quedarse bajo sus condiciones: ni embargo de sus bienes ni congelamiento de sus cuentas. Si es expulsada o termina sus actividades en el Perú, no tendrá recursos para pagar la indemnización. Pero si se queda cumpliendo normalmente con sus actividades y compromisos empresariales sin ser afectado por ningún embargo de sus bienes ni de su información lo que conocen y tienen podría perderse, desaparecer o ser manipulado, conforme a la densa red de intereses económicos y políticos que comienza a ser detectada.

En sus declaraciones Cruz, para nada sibilino, desliza el chantaje “¿Qué beneficio le traerá al Estado expulsarnos? Ninguno. Yo solo puedo imaginar que hay una intención para que no exista la colaboración y no se revele la información”.

Gravísima imputación. Una expulsión oficial se estaría madurando pero ella, según el alto directivo, generaría múltiples sombras.

Cerraría las puertas a la colaboración eficaz con la justicia peruana, impediría el pago de la reparación que le deben al Estado por los daños causados y, peor aún, garantizaría la impunidad de los peces gordos. La responsabilidad de esa secuela de desastres recaería sobre un gobierno frágil, colocado entre la espada y la pared. La deslegitimación de las altas esferas políticas y de gobierno sería una hecatombe política con sospechas que llegarían hasta al presidente de la República que personifica a la nación.

Odebrecht dice que quiere colaborar y pagar la indemnización, pero con la condición de continuar licitando con el Estado. “La colaboración ya se está haciendo y si es que nos permiten terminará [...] Paralelo a esto, queremos demostrar que tenemos las mejores intenciones de seguir existiendo para generar caja y pagar los compromisos con los acreedores, empleados, con el Estado; porque al final si la empresa muere posiblemente no logrará cumplir con sus objetivos”.

Este es el chantaje hipócritamente colocado dentro de un contexto nacional de indignación colectiva pero de escaso entusiasmo y riesgosa lentitud del Ministerio Público. A lo que se agrega el acuerdo suscrito por el fiscal de la investigación Hamilton Castro, no explicado al país ni al mismo fiscal de la nación, quien hizo el papelón de su vida al no poder informar al Congreso de las condiciones y los criterios manejados.

PPK lo ha calificado públicamente de vergüenza. No le falta razón: compromete al país en su dignidad y en su economía aunque increíblemente se siga desconociendo su contenido.


La tapadera es peor que el huaico

La impunidad de los corruptos parece estar bien resguardada. Felizmente hay más mundo al norte de Tumbes y de allá vendrán los destapes.

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La impunidad de los corruptos parece estar bien resguardada. Felizmente hay más mundo al norte de Tumbes y de allá vendrán los destapes.

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Hace tres meses los peruanos nos enteramos, gracias a autoridades del extranjero, de la cantidad de millones que Odebrecht había pagado sobornando funcionarios peruanos. Luego nos enteramos de que la Fiscalía, tras once interminables horas de negociación, había llegado a un acuerdo de cooperación con Odebrecht y que esta empresa como muestra de buena voluntad adelantaba 30 millones de soles como reparación civil. Pero el contenido del arreglo nunca se hizo público.

Ya ahí nomás era cuestionable la actitud de sentarse a la mesa del corrupto luego de que este abría la bolsa y ofrecía dinero: sentarse en la mesa del corrupto, digo, aceptar que suelte dinero y llegar a un acuerdo del cual no se le dijo ni media palabra al pueblo peruano. Linda Fiscalía. Así cualquiera.

Ha pasado el tiempo y resulta que el señor fiscal Sánchez admite que Odebrecht ha dejado de colaborar. Nos enteramos de que la otra joya de este collar, el fiscal Hamilton Castro, ha venido filtrando todo a un solo medio de comunicación. Peor aún: nos enteramos de que todo lo que hemos sabido, y ha conducido a detenciones, fue porque Odebrecht lo declaró y punto. O sea, cero investigación de nuestra parte.

Y luego el fiscal Sánchez suelta la cereza y asegura que la colaboración de Odebrecht ha parado en vista de que ellos, los corruptores, no tienen la seguridad de seguir operando en el Perú como pretendían. Un poco más y el fiscal termina de abogado de Odebrecht al deslizar la idea de que los corruptores dejaron de colaborar porque el gobierno no les pudo garantizar la continuidad de sus operaciones como si ha ocurrido en Brasil.

Y todo este circo se lleva adelante en medio del barro, los aluviones y demás desgracias que de hecho modifican prioridades y contribuyen a sembrar un clima de impunidad que muchas temíamos.

Ese es el estado de indefensión en que se encuentra el pueblo peruano en estos momentos. La tapadera está en marcha con huaico o sin huaico y aparecen expertos en mirar a otro lado. Un ejemplo: la corrupción buscaba elevar los costos exponencialmente y para ello se basaba en opiniones favorables de los organismos supervisores del Estado peruano. ¿Alguien ha cuestionado a esos supervisores? ¿Se los ha citado siquiera para que den su opinión?

¿Tenemos esperanza? Solo una. A lo mejor otro destape del extranjero nos obliga nuevamente a revisar bajo la alfombra y ventilar las odiosas trapacerías que nuestras autoridades judiciales contribuyen a ocultar. Estamos advertidos… y avergonzados.


Día D (DELACIONES)

El mítico día llegó, pero la información sobre los sobornos pagados por Odebrecht permanecerá en reserva. 

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Día D (DELACIONES)

El mítico día llegó, pero la información sobre los sobornos pagados por Odebrecht permanecerá en reserva. 

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El mítico día del levantamiento de las delaciones premiadas en Brasil (testimonios de los altos ejecutivos de la empresa Odebrecht que dan cuenta de los sobornos pagados en 8 países de América Latina, entre ellos el Perú, para adjudicarse importantes obras de infraestructura) ha llegado. Las autoridades judiciales brasileñas compartirán con sus homólogos de esas naciones toda la información recabada que consiste en la narración puntual de los hechos recogida a través de videos, documentos, registro de cuentas bancarias y rutas del dinero entregado.

Sin embargo, nuestro Ministerio Público anticipa que esta información permanecerá en reserva hasta completar los procedimientos de verificación mediante los cuales se permita caerles con todo a las personas corrompidas, evitando cabos sueltos y posibilidades de error.

Convengamos que esta fórmula ha dado, a la fecha, grandes frutos. Nadie puede objetar que cada paso del equipo dirigido por el fiscal Hamilton Castro ha sido eficaz, completo y sorpresivo para quienes pensaban que no estaban en el mapa del seguimiento. Todo lo cual avala también el acuerdo logrado con los ejecutivos de Odebrecht para destapar el daño causado a la moral pública y al erario nacional. Daño que debe resarcirse con la verdad, el pago de las penalidades establecidas y la cárcel a quienes corresponda.

Lo malo del mítico día es que, al no saberse aún todos los nombres comprometidos, seguirán las especulaciones ociosas y el barro con ventilador, ejercicios con grandes especializaciones en nuestro medio. Como dice el analista político Juan de la Puente en su cuenta de Twitter, estamos ante “delaciones preñadas” pues casi todo se sabrá recién luego de nueve meses más.

Lo importante es que se conozca. Y que la experiencia no pase como episodio sino que ayude a desterrar desde el Estado y la sociedad en su conjunto— el mal endémico de la corrupción, ahora bajo la lupa de tantas herramientas tecnológicas capaces de detectarla. El dinero mal habido ya no se puede ocultar.