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En memoria de Eduardo Carrillo Hernández

Ha partido el fundador de la Asociación Cívica de Lucha contra la Corrupción.

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En memoria de Eduardo Carrillo Hernández

Ha partido el fundador de la Asociación Cívica de Lucha contra la Corrupción.

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En estos días vemos cuán indispensable es la moralidad del político y del funcionario que recibe la confianza del ciudadano. Dos personajes ligados a las más importantes funciones en nuestro régimen político, el contralor de la nación y el ministro de Economía, están cuestionados. Y es momento de ratificar que la convivencia democrática se asienta en la racionalidad y en el interés de la sociedad. Y este sentido, en los peruanos que defienden la anticorrupción y la ética política.

Uno de ellos fue nuestro querido amigo, el embajador Eduardo Carrillo Hernández, recientemente fallecido. Reconocido como gran animador de las causas justas, éticas y sociales. Su fervor por un Perú igualitario y sin corrupción animó todos sus esfuerzos hasta el último momento. Admirable perseguidor de sueños políticos y sociales, valioso jurista miembro de nuestra Cancillería, gran maestro de juventudes pero sobre todo un leal y devoto compañero en las luchas por la democracia y la ética política durante el fujimorismo.

Junto a Gustavo Mohme Llona, el embajador Carrillo pugnó durante muchos años por la recuperación de la democracia capturada. Fue infaltable en el Comité Cívico por la Democracia que presidía Gustavo, y alentó con el mejor ánimo y consecuencia el activismo sindical, universitario y social. Era un convencido de que la democracia y la ética social a todos conciernen. Su pensamiento democrático y progresista se plasmó en numerosas instituciones, entre ellas la agrupación política DEMOS de la cual fue fundador preclaro.

Asumió la misión de dar a los jóvenes la instrucción académica y ética de construir ideales y combatir por ellos, fue un guerrero de la soberanía marítima y aérea del Perú pero sobre todo un valiente peruano que dedicó todos sus esfuerzos a la lucha contra la corrupción a la que consideraba tan grave que podría precipitar el colapso de nuestro país convirtiéndolo, según temía, en un estado fallido.

Por lo anterior, fundó y presidió la Asociación Cívica de Lucha contra la Corrupción, ACICOC, que salió a las calles un 9 de diciembre del 2008, en conmemoración de la decisión de la ONU de fijar esa fecha como el Día Mundial contra la Corrupción. Esa movilización fundacional, simbólicamente cumplida en Miraflores, culminó en el óvalo Gutiérrez con la presencia de importantes personajes de la sociedad civil, entre ellos monseñor Luis Bambarén.

Eduardo Carrillo fue siempre pugnaz para colocar el tema de la corrupción en todos los medios de comunicación a los que tenía acceso aún antes de que se produjera, en el Perú y en la región, la repudiable megacorrupción que nos afecta.

Tuvimos el placer de presenciar su notable desempeño como embajador del Perú en Nicaragua, donde al término de su gestión recibió la más alta distinción de gobierno. Se había convertido en un activista central de la diplomacia regional y nos convocó para un conjunto de conferencias en la OEA en el debate sobre el destino de la integración en la que creía profundamente.

Eduardo Carrillo vivió y actuó animado por un gran amor a la gente, a la familia y a la patria. Siempre afable, respondía a una profunda llama interior que lo hacía prodigarse con excepcional energía por las mejores causas con ilimitada generosidad. Gran padre y esposo, amigo de los mejores peruanos, ejemplo para nuestra sociedad y para las nuevas generaciones, no hizo política partidaria pero fue el gran político de la defensa de los principios, de los ideales y del servicio público ético y confiable. Un peruano superior que enriqueció con su amistad y su sabia espiritualidad a quienes pudimos acompañarlo y admirarlo.

Nuestras sentidas condolencias a Yolanda y a sus hijos. Y a todos los que lo recordaremos como un adalid del patriotismo y la decencia. Honor al honor.