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Que la tortilla se vuelva...

La ola izquierdista va llegando a su fin en Latinoamérica.

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Hace unas semanas escuché a un intelectual de izquierda decir que parte de la buena situación para ellos es que más de 20 países en América podían llamarse de izquierda. No sé si eso incluía a Humala: como fueron expulsados del gobierno del comandante, sospecho que no.

Esa ola va llegando a su fin. Alguien alguna vez dijo que los gobiernos de izquierda llegan en épocas de prosperidad y los contrarios en época de escasez. En esta ocasión parece ser cierto. La derrota de la izquierda en Bogotá, el obligado primer ballotage en Argentina nos muestra que las cosas están cambiando.

Es muy probable, si no hay trampa, que los chavistas sean derrotados en las próximas elecciones parlamentarias en Venezuela. Y se avecinan cambios en toda América Latina: Dilma corre riesgos; Brasil, un país federal y con cerca de 100 millones de habitantes podría ser el escenario de la obligada salida de la primera presidenta de izquierda. Contrariamente a lo que sostienen los voceros de la izquierda, el cambio parece ser hacia desplazarlos del gobierno. Y eso porque como lo demuestran las experiencias de Brasil y Venezuela— la ideología no vacuna contra males como la corrupción.

Un gran número de los máximos dirigente del PT de Lula están en la cárcel por corrupción. El presidente del Congreso de Venezuela ha sido acusado de ser parte de la red del narcotráfico. Y la “vocación de justicia” no resuelve la falta de pericia en la economía o administración pública: el país petrolero más rico en recursos naturales de Sudamérica está sumergido en el medio de una crisis económica y estatal que lo puede ahogar.

Corrupción y negligencia han acompañado a los gobiernos de izquierda en las Américas de los últimos 10 años. Lo que sí debemos aprender es que las tendencias políticas no llegan a nuestros países para entornillarse, son objeto de cambios en el estado de ánimo de la ciudadanía. La política latinoamericana da muchas vueltas. Esta alternancia nos debe hacer más exigentes y abiertos al debate. Esta vez la tortilla se volverá, pero al revés.


Lava Jato: "¡Que investiguen al fujimorismo!"

La agenda periodística local está claramente politizada, tal como lo demuestra la rápida evolución del caso Lava Jato/Odebrecht.

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Lava Jato: "¡Que investiguen al fujimorismo!"

La agenda periodística local está claramente politizada, tal como lo demuestra la rápida evolución del caso Lava Jato/Odebrecht.

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La agenda periodística local está claramente politizada tal como lo demuestra la rápida evolución del caso Lava Jato/Odebrecht. Al inicio, las luces estuvieron enfocadas en los hechos reconocidos por la confesión de Marcelo Odebrecht de que en el Perú había corrompido contrataciones con el Estado a lo largo de tres gobiernos entre 2005 y 2014. Es decir, los personajes políticos que están en el ojo público son, obviamente, los expresidentes Toledo, García y Humala, así como el actual presidente Pedro Pablo Kuckzynski y el premier Fernando Zavala, pues ellos fueron primer ministro y ministro de Economía del régimen de Toledo al momento de los chanchullos confesados por Odebrecht.

Pues bien, hoy la agenda parece ser otra para cierto periodismo. Ahora resulta que lo importante es buscar la "verdad", que no es otra que retrotraer los crímenes de Odebrecht al pasado de sus actividades en el Perú desde 1979, con especial énfasis en la década del fujimorismo donde, se infiere, es imposible que no se haya cometido alguna trafa dada la reputación de la empresa y del régimen de los 90.

En otras palabras, lo importante para este nuevo giro de tuerca que quieren imponernos algunos periodistas y sus medios es que dejemos de buscar en los hechos que ya tenemos confesados y que no involucran al fujimorismo por quimeras que no tenemos confesadas que involucren al fujimorismo: ¡qué buena primicia, chocheritas!

Que no nos vean la cara de cojudos, por favor. Todo aquel que pide que se investiguen las andanzas de Odebrecht desde la época del rey Pepino es alguien que tiene como agenda tapar alguna corruptela entre el 2005 al 2014. Eso y, por supuesto, lavarse la corruptela a costa del fujimorismo, el chivo expiatorio de todos los males del Perú.


Informe Kroll: tapadera y cuchipanda

Por algo, Javier Diez Canseco y la Comisión de Investigación de Delitos Financieros escudriñaron los contratos suscritos en la época de Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.

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Por algo, Javier Diez Canseco y la Comisión de Investigación de Delitos Financieros escudriñaron los contratos suscritos en la época de Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.
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Informe Kroll: tapadera y cuchipanda

Por algo, Javier Diez Canseco y la Comisión de Investigación de Delitos Financieros escudriñaron los contratos suscritos en la época de Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.

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Está bien que el informe Kroll, el resultado de una costosa pesquisa internacional pagada hace más de una década por el Estado peruano para terminar de hundir a Alberto Fujimori, haya sido luego guardado bajo siete llaves por el entonces presidente Toledo y sus ministros. Pero los tiempos cambian y va siendo hora de saber la verdad.

Se dice que dicha pesquisa no encontró rastro alguno de dinero mal habido por Alberto Fujimori en el sistema financiero internacional. Eso se entiende pues el menor vestigio de lo contrario hubiera sido noticia de portada un día tras otro. Pero también se ha comentado que la razón principal del secretismo es que en las indagaciones sobre dinero mal habido se encontró imputaciones que involucraban a personas supuestamente insospechadas de haber tenido vínculo alguno con el régimen de los noventa y más bien se habían convertido en adalides del antifujimorismo. Ahora que ese meteorito llamado Odebrecht pone en peligro hasta a los dinosaurios de la moralidad, sería conveniente hacer un esfuerzo por ventilar el contenido de una pesquisa que nos costó a todos los peruanos.

Así como un virus se vuelve resistente a los antibióticos, el pueblo peruano ya no se deja manipular así nomás por alguna campaña orquestada desde los medios. El intento por quitar el foco de la corrupción del 2005 en adelante y poner la atención en los supuestos actos de corrupción cometidos por Odebrecht en los noventas les ha estallado en las manos a sus promotores: percibidos ahora como elementos dispuestos a jugar cualquier carta con tal de no hurgar en la confesa corrupción que involucra a los gobiernos de Toledo, García y Humala.

Pero hay más. Quienes se rasgan el vestido pretendiendo meter al fujimorismo en la misma olla ningunean feo la concienzuda labor de Javier Diez Canseco, recordado congresista que al frente de la Comisión de Investigación de Delitos Financieros investigó, uno a uno y por largo tiempo, los contratos suscritos en la época de Alberto Fujimori sin haber podido formular cargos consistentes.

“Que no nos vean la cara de cojudos, por favor”, ha dicho Ricardo Vásquez Kunze aludiendo a la fallida campaña por meter al fujimorismo en el mismo saco. Yo sí pongo la cara de ídem, porque apenas escarbemos comprenderemos cómo así Fujimori dejó a Odebrecht en litigio y prohibido de contratar con el Estado y por qué Toledo y sus ministros tuvieron que festinar la cuchipanda para favorecerlo.