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¿De verdad existen primarias en el Perú?

Propongo un debate inicial para todos los candidatos, enfocado en el electorado y no en los partidos.

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¿De verdad existen primarias en el Perú?

Propongo un debate inicial para todos los candidatos, enfocado en el electorado y no en los partidos.

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El miércoles pasado, como parte de la contienda electoral americana CNN organizó el quinto debate para las primarias del partido republicano. Este se dividió en dos partes: una para los candidatos republicanos principales y otra para los de “media tabla para abajo” (validando la idea de que el público merece escuchar a todos).

Luego de los ataques en París y California, el debate se concentró en seguridad nacional. La diferencia más clara con los debates anteriores fue que los candidatos del “establishment”, Bush y Rubio, tuvieron una mejor actuación que los “outsiders”, Trump y Carson. Por otro lado, los candidatos no se mataron entre ellos (seguro alertados de la mala imagen que estaban proyectando), por lo que arremetieron contra la política exterior del presidente Obama y la exsecretaria de Estado —y candidata— Clinton, y asustaron al público norteamericano confirmando que EEUU se encuentra bajo ataque. Así, alistaron el campo contra los demócratas para el 2016.

Mientras tanto, en el Perú, durante la CADE 2015 escuchamos los planes en seguridad interna de nuestros candidatos de media tabla para arriba. Keiko prometió 10 mil policías más para patrullaje; PPK, una reforma del Poder Judicial y la implementación de cárceles productivas; Acuña, fortalecer las comisarias e inteligencia con 50 mil militares; García, trabajar en coordinación con la policía, FF. AA., serenazgo y la seguridad privada; finalmente, Toledo planteó la creación de un grupo de inteligencia de élite. Aún no se escucha, en conjunto, las propuestas de los de la mitad de la tabla para abajo.

Siendo la estructura del proceso electoral peruano diferente a la del americano, tenemos un alto número de partidos —lo que no ayuda a que el electorado pueda filtrar las opciones fácilmente y, más bien, es ahogado de información no estructurada hasta el día de las elecciones— y nuestras primarias son irrelevantes. 

Un buen debate general de partida con todos los candidatos podría ser el inicio de un nuevo modelo de “primarias peruanas”, como parte de un proceso nuevo externo, enfocado no en el partido sino en el electorado.

Ya lo dijo Einstein: ”Locura es hacer lo mismo una vez tras otras y esperar resultados diferentes”.


¿Se olvidan de Blancanieves?

Hay riesgo de segunda vuelta entre Keiko y un enanito... cualquier enanito.

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¿Se olvidan de Blancanieves?

Hay riesgo de segunda vuelta entre Keiko y un enanito... cualquier enanito.

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Esta campaña electoral tiene aspectos que a veces cuesta comprender. Todos esperamos con atención los resultados de la encuesta de GFK y luego de conocer las cifras basta ver los titulares de prensa para sorprenderse.

Por lo menos, yo me sorprendo todavía al ver que durante tras días casi todos los titulares han tenido que ver con la campaña electoral, pero todos —absolutamente todos— comentan y analizan las cifras de GFK como si estuviéramos ante una lucha por el segundo puesto. Y claro que parece una lucha emocionante. Con o sin inflador (aunque con inflador más emocionante aún).

Yo sé que los sabios del manejo político hace rato han aceptado que Keiko pasará a segunda vuelta y ven una suerte de nueva elección a partir del 10 de abril, que esperan ganar apelando a giros y emociones previsibles. Esos sabios del manejo se apoyan básicamente en algo de memoria colectiva y suelen reforzar el argumento recordando cifras de eneros electorales y el cambiante panorama posterior.

Pero es hora que varios analistas pisen tierra. Así como les gusta comparar cifras y momentos, es bueno reconocer que desde Alan García en 1985 no teníamos una distribución tan  abultadamente favorable a quien ocupe el primer lugar. La misma encuesta nos dice que Keiko está en subida y que su intención de voto supera la intención del segundo, la del tercero y la del cuarto sumadas.

Para que la esperanza del antifujimorismo cuaje, es preciso que un candidato entre segundo con alguito más del 20 por ciento de intención de voto. Acuña, PPK o Guzmán tendrían que doblar y más su intención de voto. Y no está fácil.

Adicionalmente si como se piensa Barnechea asomará en las encuestas, Alfredo no le va a quitar a Acuña o PPK. Más bien la va a quitar a Guzmán, con lo cual claro que hay segunda vuelta… pero entre Blancanieves y un enanito. Cualquiera de los enanitos.

Entre tanto, Keiko parece haberlo entendido tan bien que ya está haciendo campaña de segunda vuelta; esto es, ya está haciendo una concesión tras otra con el fin de bajar el antivoto con la debida anticipación.


Lava Jato: "¡Que investiguen al fujimorismo!"

La agenda periodística local está claramente politizada, tal como lo demuestra la rápida evolución del caso Lava Jato/Odebrecht.

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Lava Jato: "¡Que investiguen al fujimorismo!"

La agenda periodística local está claramente politizada, tal como lo demuestra la rápida evolución del caso Lava Jato/Odebrecht.

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La agenda periodística local está claramente politizada tal como lo demuestra la rápida evolución del caso Lava Jato/Odebrecht. Al inicio, las luces estuvieron enfocadas en los hechos reconocidos por la confesión de Marcelo Odebrecht de que en el Perú había corrompido contrataciones con el Estado a lo largo de tres gobiernos entre 2005 y 2014. Es decir, los personajes políticos que están en el ojo público son, obviamente, los expresidentes Toledo, García y Humala, así como el actual presidente Pedro Pablo Kuckzynski y el premier Fernando Zavala, pues ellos fueron primer ministro y ministro de Economía del régimen de Toledo al momento de los chanchullos confesados por Odebrecht.

Pues bien, hoy la agenda parece ser otra para cierto periodismo. Ahora resulta que lo importante es buscar la "verdad", que no es otra que retrotraer los crímenes de Odebrecht al pasado de sus actividades en el Perú desde 1979, con especial énfasis en la década del fujimorismo donde, se infiere, es imposible que no se haya cometido alguna trafa dada la reputación de la empresa y del régimen de los 90.

En otras palabras, lo importante para este nuevo giro de tuerca que quieren imponernos algunos periodistas y sus medios es que dejemos de buscar en los hechos que ya tenemos confesados y que no involucran al fujimorismo por quimeras que no tenemos confesadas que involucren al fujimorismo: ¡qué buena primicia, chocheritas!

Que no nos vean la cara de cojudos, por favor. Todo aquel que pide que se investiguen las andanzas de Odebrecht desde la época del rey Pepino es alguien que tiene como agenda tapar alguna corruptela entre el 2005 al 2014. Eso y, por supuesto, lavarse la corruptela a costa del fujimorismo, el chivo expiatorio de todos los males del Perú.