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Aturdido lamento de Zavala

El Ejecutivo da muestras de no tener más puntos de apoyo que la apelación reiterada al antifujimorismo y la villanización de la bancada opositora.

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Aturdido lamento de Zavala

El Ejecutivo da muestras de no tener más puntos de apoyo que la apelación reiterada al antifujimorismo y la villanización de la bancada opositora.

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Nadie duda de que el gobierno debe hacerse fuerte y superar su actual estado de fragilidad. Incluso nadie duda de que el soporte para sostener ese fortalecimiento debería ser el premier Zavala. Pero de ahí a pensar que para hacerte fuerte tienes que presentarte cómo una víctima del fujimorismo obstruccionista, el rehén de una banda de mataministros… media un abismo que parece imposible de salvar para un cogollo pepekausa que, lujos al margen, parece no saber hacer otra cosa que atribuirle sus males, autogoles y desmadre al oscuro y siniestro fujimorismo.

No puedo evitar expresarme así, pero también entiendo que no se puede ser tan exigente con una agrupación política que hoy está claro obtuvo un ajustadísimo triunfo electoral sin apoyarse en ninguna otra cosa que el antifujimorismo del cual es ahora rehén. Es natural que, cuando ya en el gobierno sus propios disparos al dedo gordo ponen al Ejecutivo contra las cuerdas, sus voceros demuestren que no tienen ningún punto de apoyo aparte del antifujimorismo.

¿Tiene el fujimorismo la culpa de que el oficialismo haya persistido en “destrabar” un contrato con una adenda inaceptable en los actuales tiempos de esclarecimiento de corruptelas insospechadas? No. Apelando a la visión cínica del gran Diógenes (el de la lámpara y el perro) puede argumentarse también que el oficialismo tampoco tiene la culpa de haber decidido ese camino que parecía transitable... hasta que estalló en el exterior la escandalera de Odebrecht.

Pero debieron darse cuenta y no insistir por meses con una adenda inmanejable. Hasta ahora el único argumento de consideración que esgrime el oficialismo en defensa de la adenda es que en comparación a los originales intereses regalados por Humala al cuestionado consorcio el Perú se ahorraba algunos millones. ¿O sea que porque le bajo un poquito a la cuenta final (pero poniendo yo la plata) puedo encima darme el lujo de entregarle los mismos cuarenta años de uso a una empresa que no ha cumplido su obligación financiera? ¿Eso es destrabar o es REGALAR?

¿Es el fujimorismo el que ha maltratado a Vizcarra? En todo caso lo habrá hecho con la notable ayuda del Ejecutivo, pues ha trascendido que el actual vicepresidente quiso renunciar hace dos meses pero PPK se lo impidió porque, en fin, a él le bastaban una pizarrita blanca y plumones gruesos para explicarle al país que el gobierno de lujo había saneado el contrato con esa adenda, que no iban a dejarse amenazar. Y ellos mismos por ceguera política o motivación alterna obligaron al moqueguano a poner el cuello.


La divina pomada

Fernando Zavala quiere confrontar al Congreso haciéndose la víctima y pontificando sobre la virtud de cómo hacer política y cómo ser demócrata.

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El primer ministro ha dicho que iba a hacer una "reflexión constructiva" y terminó acusando al fujimorismo de abuso de poder, obstruccionismo, calumnia y falta de respeto. ¡Qué tal rama de olivo! Esto a raíz de la renuncia del ministro de Transportes, que Zavala atribuye a un complot entre Fuerza Popular, la Contraloría y una legión de ignorantes que no entiende el ABC de las finanzas.

O sea, una teoría de la conspiración alucinante que tiene por fin desentenderse de toda autocrítica al descalabro de Chinchero.

En realidad, el responsable de toda esta crisis política y social por la adenda de Chinchero es el primer ministro, quien persistió neciamente en llevarla a cabo contra toda advertencia de que allí había lesión para el Perú, y una collera de sus amigos y amigas implicados.

El asunto es que, pese a todo lo anterior, el primer ministro quiere confrontar al Congreso haciéndose la víctima y pontificando muy al estilo caviar sobre la virtud de cómo hacer política y cómo ser demócrata. Es decir, aquí estamos los buenos y por allá los malos. Así no hay manera de superar ninguna crisis política, pues a la soberbia de no reconocerse responsable de nada (según él, Vizcarra renunció por culpa del Congreso) se suma la soberbia de actuar desde el altar de la decencia.

Ha hecho bien la presidenta del Legislativo en exhortar al primer ministro a rectificarse. Y más que una rectificación de palabra habría que esperar una de actitud, pues ciertamente creerse los dueños de la verdad, la razón y la decencia es profundamente antidemocrático.


¿Por qué le mintieron a PPK?

Parece que nadie le advirtió la cruda verdad sobre el feroz reto que es gobernar el Perú.

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¿Por qué le mintieron a PPK?

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Estoy segura de que su entorno más cercano y el equipo de gente que lo acompañó durante la campaña le endulzaron la "pildorita presidencial" a PPK. Seguramente minimizaron los posibles problemas, le vendieron "fórmulas ganadoras" y nadie le advirtió la cruda verdad sobre el feroz reto que es gobernar el Perú.

Hubo abundante alimento a su ego y autoestima para que siguiera adelante: es que había mucho tiempo y dinero invertidos, y atractivos proyectos en el partido como para permitir que se bajara del carro. Seguir apostando por PPK era la única vía para seguir moviendo los hilos del poder.

Nuestro presidente inauguró su mandato con un mensaje de unidad, con el optimismo de poder destrabar importantes proyectos que calentarían la economía y anticipó que sería un gobierno para todos los peruanos. Todo ello a sabiendas de que tendría que enfrentar una bancada mayoritaria con sangre en el ojo y con la cual no había tenido un ápice de acercamiento, pese a los múltiples consejos y advertencias.

¿Se confió demasiado de su suerte? ¡Pecado mortal para un político que está obligado a planificar cada movimiento! ¿O es que simplemente no internalizó la gravedad de gobernar en minoría y no tuvo la astucia de convocar operadores políticos? ¿Por qué fue terco? ¿Por qué no escuchó y sigue sin escuchar? Hasta pareciera, a veces, simple falta de sentido común.

Debió lograr un acercamiento al fujimorismo de inmediato: no esperar a fines de diciembre para "romper el hielo" en la reunión con Keiko promovida por el cardenal, la cual por cierto no pasó de un saludo prenavideño.

En noviembre pasado, sobre los cuestionamientos a su gestión dijo que los recibía con gratitud porque le permitían identificar errores y corregirlos, (a pesar del capricho que determinó la censura a Jaime Saavedra, actual director senior para la Práctica Global de Educación del Banco Mundial, quien paradójicamente no fue profeta en su tierra). Hace dos semanas, ante comentarios "constructivos" sobre su programa en TV contestó con cierta rudeza: "Que lo vean y aprendan algo". ¿Tan rápido se agotó su receptividad a la crítica? ¿Está abrumado porque ni en su peor pesadilla imaginó que su primer año de gobierno sería tan turbulento? Este era un año de "siembra" para luego cosechar en abundancia, pero para su infortunio, no ha pasado de bombero con varios "quemados" en el camino.

Somos un país presidencialista y, por más manejo político que tenga el primer ministro (y no es exactamente el caso de Fernando Zavala), los cambios ministeriales no solucionan el problema. Bajan la presión por un ratito, quizás.

A PPK se le percibe como un "líder" sin fuerza, y esto no se debe necesariamente a su edad sino a las formas que lo traicionan. Las peculiaridades que en un momento lo distinguían como un político diferente, transparente y espontáneo frente a un acartonado y poco carismático Humala o una Keiko que puede ser demasiado "chancona" y previsible— hoy son debilidades. El país está muy complicado por el tema de la corrupción y por los retos de la Reconstrucción, con el agravante de que la economía está ralentizada y no se está cumpliendo con las expectativas de crecimiento de empleo.

De la reducción del IGV ya ni se habla. Hoy hubiéramos necesitado a un verdadero líder, que exude energía y firmeza, que transmita que los grandes problemas del país están bajo control. Finalmente somos como nos perciben, y solo hay marchas y contramarchas en temas como Chinchero o las empresas peruanas vinculadas a la corrupción.

PPK, personalmente, debería poner 1000% de su parte para tender puentes con la bancada de Fuerza Popular, para renovar su Gabinete y para ser más firme con sus decisiones. La soberbia es la peor enemiga de quien ejerce el poder y ahora, tempranamente, le está pasando una factura inmensa, como a muchos que le precedieron.